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Cierra un exitoso obrador de galletas en el centro de A Coruña: "El 12 de abril será la última horneada"

El negocio de Kendur Sliwka abandona la ciudad para mudarse al otro lado del Atlántico

"Nos cuesta decir adiós", dice el dueño de este templo del dulce

Kendur Sliwka, el propietario del obrador de cookies artesanas que echa el cierre en el centro.

Kendur Sliwka, el propietario del obrador de cookies artesanas que echa el cierre en el centro. / Carlos Pardellas

Los amantes de las cookies en A Coruña están de luto. Uno de los obradores con más variedades de galletas de la ciudad -alrededor de una veintena de tipos-, cerrará sus puertas de forma definitiva en el centro, en el que habían aterrizado el año pasado desde Carballo.

Allí, y en un tiempo récord, conquistaron a los vecinos de la calle Huertas, de la que ahora deben despedirse por motivos familiares. "Yo soy de Venezuela y mi esposa es de Brasil, y tenemos que ir allá para atender a su madre. Barajamos distintas opciones para quedarnos, pero al final no fue posible", explica Kendur Sliwka, propietario de Break Time.

Tal y como cuenta el repostero, el 12 de abril será la "última horneada" de esta coqueta tienda de galletas, que nació con el objetivo de ofrecer "cookies con chocolate de especialidad catalán, belga y francés" y acabó con una lista de sabores casi a la carta. "Como somos una familia gestionándolo, siempre me las ingenio para cumplir los antojos del cliente. La gente te pide Oreo, Kinder, dulce de leche... Tenemos un menú base, pero siempre estamos construyendo nuevos sabores", cuenta con orgullo el propietario.

Algunas de estas variedades son, de hecho, únicas en la urbe, como sus famosas cookies de queso y membrillo y sus paçocas, un dulce brasileño en forma de galleta hecho de cacahuete, azúcar de caña y escamas de sal. Unos postres con "un público muy concreto" en A Coruña, que tendrá que despedirse de ellos en pocas semanas, cuando el local eche la verja de forma definitiva.

Adiós a Break Time, el obrador de cookies artesanas de la calle Huertas

Desde que Sliwka compartió la noticia en su perfil de Instagram, el obrador ha recibido una gran "ola de aprecio", tanto por parte de los asiduos a sus cookies como por parte de otros negocios del barrio. Imperios del dulce ya consolidados en A Coruña, como Buen Rollo, no tardaron en transmitirle sus buenos deseos a través de las redes sociales, que se llenaron de comentarios de agradecimiento.

Cuenta el dueño que no le sorprende, porque siempre se ha sentido bien acogido en la calle Huertas. "La gente nos dio la bienvenida desde el primer día. Es una comunidad de autónomos y encajamos ahí como si hubiéramos estado siempre", asegura el repostero, que vive los últimos momentos de su tienda "con sentimientos encontrados".

Así lo expresaba en el post de Instagram en el que anunciaba el cierre con una gran imagen en el que daba las gracias a Galicia: "Nos llevamos una mochila llena de buenas memorias y mucho cariño. Aunque somos una familia nómada y deberíamos estar acostumbrados a las despedidas, la verdad es que nos cuesta decir adiós", escribía Sliwka.

Su plan tras el cierre es dedicarse a la educación junto a su esposa, Luiza, que es educadora, y "priorizar la situación familiar". Después, a la familia le gustaría regresar a Europa. "No sabemos si a España", advierte el repostero, que antes de A Coruña ya pasó por Carballo y Polonia.

Los dulces como arma educativa

El proyecto de Sliwka de vender sus galletas artesanas en A Coruña fue un éxito desde el principio. Su mudanza desde Carballo estuvo, de hecho, motivada por el auge del local, que recibía cada vez a más gente desde la urbe.

Sus cookies incluso se hicieron virales en TikTok, cuando el obrador ni siquiera tenía una cuenta en la red social. Sliwka pronto creó lazos con los clientes, que acudían a lo largo de la semana, fascinados con la capacidad del cocinero de adivinar "qué cookies iban a querer" con solo verles acercarse.

Pero el éxito no era algo nuevo para esta familia de Latinoamérica, que comenzó a fraguar Break Time en Brasil. La idea comenzó cuando Sliwka trabajaba en una escuela internacional y empezó a hacer galletas para la comunidad educativa, hasta dar vida a una cocina-aula en la que los alumnos aprendían cocinando.

En Galicia, el objetivo era continuar con este espacio, que llenaron de cookies "mientras no llegaban los niños". Con el tiempo, se consolidó como un obrador que inundaba la calle Huertas con su intenso aroma a chocolate, un olor que puede que permanezca en el lugar a pesar del cierre.

Y es que el comercio está buscando a un emprendedor que quiera seguir dando vida al horno de Break Time, aunque con su propio negocio. "Queremos que alguien pueda empezar su proyecto acá, con todo listo. Nosotros tuvimos que esperar un año para poder venir a A Coruña y pensamos que a lo mejor hay alguien que está en la misma situación", comenta el repostero.

Por ahora, dice, ya hay algunas personas interesadas, que podrían encontrar en este pequeño obrador un hogar para su propio sueño. "Sería perfecto para alguien que quisiera hacer un solo producto, como rollos de canela o tartas de queso", conjetura Sliwka, que se pregunta, igual que su clientela, qué delicias azucaradas serán las que le tomen el relevo a sus cookies.

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