Una de las claves del Mercado de Elviña para ser de los más transitados de A Coruña: "O recuncho eco"
Una tienda de limpieza a granel, una floristería sin plástico y una carnicería vegana forman un pequeño rincón ecológico que atrae a nuevos clientes al mercado coruñés

Clara Armesto, Dani Rocha y Carolina Rodríguez delante de sus puestos en el mercado de Elviña / CASTELEIRO
"Un mercado tiene que tener lo que siempre tuvo: pescado, carne, pan, fruta… pero también un aporte extra que, en este caso, se lo damos nosotros". Dani Rocha resume así una de las claves que, según los propios vendedores, explican uno de los porques de que el mercado de Elviña sigua funcionando con fuerza frente a otros mercados de A Coruña. En una de sus esquinas se ha formado casi sin planearlo un pequeño rincón de negocios que apuestan por nuevas formas de consumo: una tienda de limpieza a granel, una floristería sin plástico y una carnicería vegana.
Los tres puestos comparten espacio y una filosofía similar: introducir propuestas diferentes dentro de un entorno tradicional. Para los comerciantes, esa mezcla entre lo de siempre y nuevas ideas es una de las razones por las que el mercado mantiene su actividad. "Que prueben depende de ellos. Que vuelvan depende de lo que se lleven", explica Rocha.
La Revolución de los graneles
El encargado de La Revolución de los graneles fue uno de los primeros en instalarse en ese pasillo con su tienda especializada en productos de higiene y limpieza sostenibles. Su propuesta se basa en la venta a granel y en la reducción de envases. "Fuimos la primera tienda de este tipo en A Coruña y también la primera dentro de los mercados de la ciudad", explica.
En su puesto los clientes pueden rellenar sus propios recipientes o comprar pequeñas cantidades de detergentes, jabones o cosmética. Según cuenta, una de las ideas que intenta desmontar es que consumir de forma más sostenible siempre resulta más caro. "Muchas veces existe esa percepción, pero no siempre es así", señala. De hecho, asegura que muchos de sus productos pueden resultar incluso "más económicos que las marcas comerciales más conocidas".
Sauce LLorona
A pocos metros de su puesto se encuentra la floristería de Clara Ernesto, Sauce Llorona, que llegó después atraída por el movimiento del mercado y la posibilidad de contar con un espacio fijo. "El mercado tiene mucha vida y me parecía un buen lugar para traer mi proyecto", señala. Su negocio se centra en flores secas y preservadas, una alternativa que permite conservar los arreglos durante años sin perder su aspecto natural. "La flor preservada mantiene la elasticidad y el aspecto de la flor fresca, pero no se marchita", explica.
Muchas personas que entran en la tienda creen al principio que se trata de flores artificiales. "La gente piensa que es plástico, pero todo es natural", aclara. Su proyecto también incorpora criterios sostenibles, como el uso de envoltorios sin plástico y la búsqueda de proveedores cercanos. "Intento que las flores sean siempre de origen nacional y cuanto más cerca mejor", explica.
Además de vender ramos y composiciones, Ernesto ha convertido su puesto en un pequeño espacio creativo donde organiza talleres para aprender a trabajar con flores. "En un par de horas puedes hacer una cúpula o un arreglo floral y llevártelo a casa", cuenta.
Mi Vaina
La tercera pieza de este pequeño ecosistema llegó con la apertura de la carnicería vegana de Carolina Rodríguez, Mi Vaina, que cuenta con otro local en la avenida Finisterre. Aunque su puesto recuerda a una carnicería tradicional, en sus vitrinas no hay productos de origen animal. "Estéticamente parece una carnicería de toda la vida, pero no hay carne", explica. Su idea es recuperar la forma tradicional de vender, pero con productos veganos. "Puedes llevar un filete o 200 gramos de chorizo vegano sin tener que comprar un paquete industrial", señala.
La curiosidad suele ser el primer paso para muchos clientes. "La pregunta que más escucho es si está bueno", comenta entre risas. Muchas personas prueban los productos por primera vez después de acercarse al puesto pensando que se trata de una carnicería convencional. "Cuando lo prueban, se sorprenden", añade.
Los tres coinciden en que su objetivo no es dirigirse solo a personas ya concienciadas con el medio ambiente. La intención es integrar estos hábitos en la vida cotidiana de cualquier consumidor. "No tienes que ser vegano para comer comida vegana ni un ecologista radical para usar un detergente que no contamine", explica Rocha. El mercado facilita ese contacto con públicos muy diferentes. "Por aquí pasa gente de todo tipo", señala Rodríguez. La cercanía permite explicar los productos, resolver dudas y despertar la curiosidad de quienes no se acercarían a estos negocios en otro contexto.
Esa combinación de tradición e innovación es, para los propios vendedores, una de las claves que mantienen vivo el mercado de Elviña. Mientras los puestos de siempre continúan ofreciendo pescado, carne o fruta fresca, nuevas propuestas se abren paso entre los pasillos para atraer a otros públicos.
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