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Pol Guasch, en A Coruña: "Buscamos en los finales algo que nos permita comprender toda una biografía, lo cual es imposible"

Presentó su libro 'Reliquia', en el que habla del suicidio de su padre, en la librería Moito Conto

Pol Guasch, en Moito Conto

Pol Guasch, en Moito Conto / Iago López

A Coruña

Pol Guasch (Tarragona, 1997) está "en paz". Asegura que Reliquia es el "el mejor libro" que en ese momento supo escribir. En él habla, una década después, del suicidio de su padre. Una historia que le lleva a transitar por vínculos familiares, por sus recuerdos, a veces incompletos, e incluso a recuperar biografías de escritores que se suicidaron y su manera de decir adiós. Lo presentó este miércoles en la librería Moito Conto, en A Coruña.

¿Cómo supera el miedo o la parálisis a escribir esta historia?

Cuando ya estaba terminando de escribir la historia y de algún modo estaba quedando fijada fue cuando me pregunté sobre qué había hecho, qué sentido tenía, qué valor tenía y sobre las posibles consecuencias de haber escrito una historia así. Pero durante el proceso de escritura no me pregunté muchísimo sobre por qué estaba haciendo eso o si debía hacerlo o parar.

¿Ha sido un proceso sanador?

Bueno, yo creo que toda escritura genera algún tipo de recompensa a la persona que escribe, sea ficción o no, y en este caso es verdad que, por tratarse de una historia que partía de un material vivido, de alguna forma implicaba una ordenación del relato o la generación de algún tipo de comprensión. A mí lo que me permite esta historia es esto, pero no es algo que voy a buscar en la escritura, sino que es algo que ocurre después de la escritura. No me pongo a escribir esperando que ocurra algo, sino que ocurren cosas con la escritura o a través de la escritura.

Recupera historias relacionadas con la muerte, como la de Sylvia Plath, Marina Tsvetáyeva o Anne Sexton. ¿Esto deja claro que el suicidio no entiende de clases sociales ni de épocas ni de géneros?

Sí, el libro se estructura a partir de otros autores que escribieron sobre el suicidio, que escribieron notas finales. De esos autores, que a mí me sirven como una compañía durante el proceso de escritura, se genera la posibilidad de poder regresar a los huecos de la memoria que no recuerdo. A esas anécdotas o a esos vacíos de la propia historia. Esos vacíos que todos tenemos. Esos vacíos que yo puedo llenar gracias a las palabras, a los poemas, a las notas finales de estos autores. Para mí ahí hay como un mensaje o una declaración que tiene que ver con hasta qué punto los otros están custodiando nuestra memoria, incluso aquellos que no conocemos o aquellos que han escrito en otras épocas, en otros países, en otros lugares... Y cómo nuestra memoria, nuestra identidad o nuestra razón de ser están custodiadas a través de las historias, los relatos y las palabras de los demás.

En el libro hay fragmentos del diario de su padre, pero nunca hubo una nota, lo cual echó de menos. ¿Sigue pensando en eso?

Es que el libro empieza con esa frase, pero la deconstruye. El libro empieza con "hubiera agradecido una nota", pero rápidamente se transforma. El libro no se escribe en forma de venganza o de reproche o de necesidad de comprensión o de desenterrar un silencio, sino que es más como un viaje de comprensión alrededor de los motivos inexplicables que llevan a alguien a quitarse la vida o a desear dejar de vivir. Esa frase inicial no es para nada el tono que se sostiene después a lo largo del libro.

Resulta un poco injusto cuando se recuerda a una persona por algo que ha hecho una vez. En el caso de su padre, por la noche del 13 de enero de 2013 y no por todas las noches vividas.

Sí, porque hay como una obsesión por los finales como los sitios en los que presuntamente hay que contener o que tienen que contener la verdad de una vida completa. Vamos a buscar en los desenlaces, en las últimas palabras, en los últimos gestos, en los últimos días de una persona algo que nos permita comprender toda una biografía, lo cual es imposible. Y no solo ocurre con el suicidio, sino que creo que ocurre con cualquier tipo de despedida. Y, de algún modo, yo lo intento negar, intento crear un relato donde lo que importe no sea el último acto, sino que de hecho se comprenda ese último acto como un paso más de un largo camino que hacía mucho tiempo que se estaba ya recorriendo.

Igualmente, en Reliquia hay un hilo que atraviesa todo que es el amor. ¿El apoyo familiar del núcleo cercano o los amigos pueden ser una escapatoria pase lo que pase?

Sí, yo creo que el libro no se centra tanto en la pérdida, sino en lo que viene después, en la vida que se abre y cómo la pérdida se constata o se experimenta a través de la imposición de vida que viene después de la pérdida, cuando reaparece o aparece por primera vez el deseo, el amor, la amistad... El libro hace un viaje a través de todas esas experiencias, que son experiencias colectivas de compañía, de amor, que de alguna forma van dialogando todo el rato con la pérdida. Porque es lo que ocurre después de la pérdida y es donde la pérdida se hace más palpable, cuando uno experimenta sensaciones de placer, de emoción o de felicidad. Incluso cuando la pérdida está todavía muy pegada al cuerpo.

De hecho, más que afrontar la muerte es cómo afrontar la ausencia.

Claro, porque, en realidad, ese paso de la vida a la muerte, que en el caso del suicidio es tan literal y tan radical, se señala muchísimo. Muchas veces, es un proceso lento e inexplicable, y el libro trata también de esa presencia ausente que era mi padre y tanta gente cuando todavía está viva o cuando todavía está presente. Y de la presencia de la ausencia, de cómo alguien cuando desaparece de algún modo se convierte en alguien presente de otra forma. El libro no trata tanto de la muerte en sí, sino de las formas en las que declinamos y podemos comprender la ausencia.

¿Por qué Reliquia?

Los títulos siempre me aparecen al final de la escritura. Cuando terminé este libro, recuperé esa frase que aparece en las últimas páginas que dice "a nuestros muertos nadie los conoce, quién sabe lo que esconde una reliquia". Me gustaba esta idea de que la reliquia es el objeto físico que sustituye lo que antes era una presencia. No es una alegoría ni un símbolo ni una metáfora, sino que es realmente la sustitución del objeto perdido. Me gusta esta idea tan literal. Para mí se alejaba de todo este imaginario religioso que a lo mejor tienen generaciones más mayores. Después quería que fuera una palabra familiar, pero a la vez extraña y extraña pero a la vez familiar, y creo que reliquia contenía eso.

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