Entrevista | Olga Osorio Cineasta y escritora
Olga Osorio, cineasta y escritora: "Le cedemos parte de nuestra memoria a la tecnología y nos la pueden arrebatar, se puede manipular"
La directora de cine, afincada en A Coruña, se cambia a la literatura con su novela Extraña, una obra de ciencia ficción "casi costumbrista". La historia sigue la lucha de Bárbara, una mujer que despierta en el cuerpo de otra persona y descube que le han arrebatado su vida

La cineasta y escritora Olga Osorio, durante una entrevista con este medio. / Iago Lopez
Nico Carreira
Lo digital tiene un gran peso en la novela, que también versa sobre la identidad. En su experiencia tras escribir Extraña, ¿puede una persona existir hoy en día sin una identidad digital?
Es difícil. No era mi primera idea escribir sobre esto. La novela en el fondo va sobre sobre quiénes somos y sobre cómo se define eso. Está claro que hay una definición muy importante que viene a través de lo digita. La imagen que proyectamos en redes sociales, la digital huella que dejamos. Para acordarme dónde he estado, qué he leído, qué películas he visto, tengo que ir a mis registros: Letterbox, Google Maps y Goodreads. Lo que hace la protagonista de la novela es lo que hago yo.
¿De dónde surge su interés por un tema tan concreto como la construcción de la memoria?
Vive conmigo. Mi primer cortometraje ya iba de esto. Me preocupa y me perturba mucho la idea de que la memoria es un instrumento mentiroso. Reconstruye todo el tiempo tu pasado. ¿Hasta qué punto me puedo fiar? Y luego la idea de que la memoria puede ser manipulada también. No solo por mí como estrategia de supervivencia, sino por alguien más. La memoria explica nuestra existencia y también es lo que nos hace más frágiles. Le cedemos parte de nuestra memoria a la tecnología y nos la pueden arrebatar, se puede manipular.
Comenta que los avances que manejamos hoy en día ya le sorprenden. ¿Su novela Extraña es una distopía o se lo impide el presente?
No creo que sea una distopía. Es una novela de ciencia ficción especulativa y anticipativa, pero muy anclada en el presente. Luego veremos lo que dice la realidad. Tengo una edad y siempre me ha interesado mucho la tecnología. He visto cosas que hace 20 años nos parecían impensables. Ya forman parte de nuestra realidad y son temas sobre los que merece la pena pensar. Uno de los primeros resultados a nivel práctico que va a tener socialmente la IA es que la gente no distinga la mentira. Democratiza en la superficie, pero agrava las diferencias sociales.
¿Es la ciencia ficción tu campo de ensayo?
Totalmente, sí. Permite que pensemos sobre las cosas antes de que ocurran. Por ejemplo, en el cine y en la en la literatura hemos pensado mucho sobre una superinteligencia y sobre las máquinas volviéndose inteligentes. No nos pilla mirando para otro lado, como creo que nos ha pasado con las redes sociales y los algoritmos. La ciencia ficción permite reflexionar sobre lo más profundamente humano, porque te permite como dibujar escenarios. Nos permite situarnos ante paradojas vitales que de repente arrojan luz a lo cotidiano.
Entonces, ¿durante la escritura se anticipó a sucesos reales?
Esta novela yo la estuve escribiendo desde 2015 y estos temas son más recientes. Pero, por ejemplo, todo el tema del clonado de voces están ahí. Hay una cita que uso mucho de El quimérico inquilino, una película de Polanski, para explicar esta situación de perder el yo original. Un personaje dice: "Si te cortan un brazo, tú dices mi brazo y yo. Si te cortan una pierna, dices mi pierna y yo". Te puedes ir despojando de partes de ti mismo. Identificas que el yo es otra cosa y está en otro sitio. La gran pregunta es dónde reside ese yo. Para mí, eres tú en función de tu relación con los demás.
¿Ha temido perder su identidad?
Sí, más por el temor de estar habitando unos etiquetados que no responden a quién soy yo realmente. Me ha preocupado y me lo he preguntado. He cambiado muchas veces de zapatos en mi vida. Hay una búsqueda de quién soy y quién quién quiero ser.
Sin embargo, en su novela hay mucha de esa rutina y rara vez se le presta atención a esas cuestiones dentro del género.
Resulta un esfuerzo imaginar un día a día, pero de manera alternativa. Es ciencia ficción costumbrista casi, como introducir un elemento extraño en la realidad más cotidiana. A mí me divierte, es una de las partes que me resulta atractiva a la hora de ponerme a escribir.
Uno de los aspectos en los que incide en su novela es la pérdida de privilegios.
En esta novela hay un poco de una novela que me obsesionó de niña, El príncipe y el mendigo. Que tú estés en un mundo de privilegio y de repente te quiten todo. Estoy muy obsesionada con el tema de los dobles y creo que viene de ahí. Me gustaba que esa señora que tiene el dinero y las posibilidades de recurrir a esta tecnología, pues sufriera un poco el precio por ello.
Y usted, ¿ha tenido algún doble como le sucede Bárbara?
He tenido la sensación de que tengo dobles, porque me confunden con mi hermana, por ejemplo. Pero hasta el extremo de Bárbara, no. Sí que he sufrido con 20 años o con 19 años ciertas miradas en lugares como centros comerciales por mis pintas. Estas cosas te condicionan en la manera en la que te mueves por la vida. Vas como pidiendo perdón por la vida, cuando lo que suceden son los prejuicios.
Lo que le sucede a su protagonista es duro e inhumano en muchos tramos, ¿qué parte sufrió más al escribir?
Me resultó complejo todo el tema del proceso de desintoxicación. No me resulta fácil hablar de cosas que desconozco. Pero lo que me resultó más difícil de todo escribir fue el final de la novela. Lo que hace Bárbara va contra lo que yo creo que debería hacer. Me violentaba muchísimo.
¿Qué cambios notables apreciaste entre escribir para novela y escribir para cine?
En cine siempre estoy muy constreñida de páginas porque hay un tiempo máximo que puede durar la película. También aprecio mucho poder explicar pensamientos, en películas tienes que buscarte la vida para que se entienda. Eso sí, fue más difícil y mucho más largo. Sufro mucho antes de ponerme, muchos miedos y muchas inseguridades. A la hora de escribir, el único límite es tu talento. Si no es bueno, es culpa tuya. Cervantes escribió El Quijote con una pluma.
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