De Elviña a Linares Rivas, la avenida de Alfonso Molina ve desaparecer sus palmeras
El Concello ya ha podado o talado muchos de los ejemplares afectados por el picudo rojo en A Coruña que se distribuyen a lo largo de la avenida de entrada a la ciudad. Próximamente les tocará a los de Santa Lucía, que serán sustituidos por magnolios

Palmeras con picudo rojo en la avenida de Alfonso Molina de A Coruña / LOC
Los casos de picudo rojo no cesan en A Coruña. La plaga afecta directamente a las palmeras, que se infectan a través de las laceraciones causadas por la poda de sus hojas. Una vez afectada, lo aconsejado es talar el ejemplar, para evitar su propagación. "Es un problema que tiene difícil solución, porque cada hembra puede poner 200 o 300 huevos de cada vez. Imagina que llegan tres hembras de picudo rojo a una palmera, y ponen 600 huevos", comenta el vicepresidente del Grupo Naturalista Hábitat, Santiago Vázquez.
En períodos anteriores, el Concello tomó la decisión de talar los árboles infestados en diversas áreas de la ciudad, como la plaza de Portugal, Panaderas, Campo de Marte, avenida do Porto, el jardín de El Corte Inglés o la plaza de Maestro Mateo. Esta vez, las afectadas son las palmeras de las inmediaciones de la avenida de Alfonso Molina. Las ocho de Santa Lucía están a punto de ser taladas, según anunció el Concello, y serán sustituidas por el toque de color característico de las magnolias. Están siguiendo el mismo camino del hacha los ejemplares de la zona de las Pajaritas, en las calles Rafael Alberti, José Miñones y Antonio Machado. Muchos ejemplares se han quedado ya solo en el tronco.
Origen asiático
Vázquez explica que el picudo rojo llegó a Galicia en 2014, año en el que se detectan los primeros escarabajos. "Es una plaga de un insecto asiático, y que por el movimiento de material vegetal, en este caso de palmeras, vinieron de Asia y después se llevaron a Egipto. Con el boom inmobiliario que tuvo el Mediterráneo, se introdujeron en la península ibérica. Pasa a Portugal, y de Portugal a Galicia", resume Vázquez.
El gran problema que representan estos insectos es su alto grado de reproducción. "Deposita sus huevos en la yema principal de las palmeras, y se come ese punto vital. A diferencia de otros árboles, si desaparece esa yema central, la palmera se muere", añade Vázquez. Al nacer las orugas, "taladran" el ejemplar de forma interna.
Aunque la polución no es un factor que afecte directamente a la plaga, el cambio climático puede ser una de las causas detrás del repunte de casos, porque "al tener inviernos cada vez más suaves, el insecto no entra en parada invernal, está activo casi todo el año, y su ciclo de reproducción es más sostenido", dice Vázquez.
Rápido avance
La progresión de las larvas es alarmante: "Una vez que llega una hembra, después de aparearse con el macho muere, pero los huevos quedan en la palmera. Una vez que eclosionan, después de un par de meses, como mucho, esas larvas se transforman en adultos, y esos adultos vuelven a iniciar el ciclo. Si llega una hembra que pone 200 huevos, de ahí nacen otras 100 hembras y otros 100 machos, pongamos. De ahí el problemón", enfatiza.
La plaga no tiene ningún tipo de afectación a animales o humanos, pero las larvas del picudo rojo pueden llegar a servir de alimento a algunas especies autóctonas de aves. "No es que hagan un control de la plaga, porque realmente llegan tarde, pero sí se pueden beneficiar, incluso, de la existencia de estos insectos", aclara Vázquez.
Difícil diagnóstico
El diagnóstico temprano es otro de los factores conflictivos en el control de la plaga: Vázquez manifiesta que para determinar si una palmera tiene recuperación o no, "lo que hay que hacer es subirse a ella, casi", para que un experto compruebe el grado de afectación. A nivel visual, se puede detectar que un ejemplar está infestado cuando las hojas centrales aparecen "cortadas o amarronadas". Por eso, para Vázquez, los métodos preventivos son "los ideales".
Hay unos aparatos, instalados en las palmeras de Méndez Núñez, catalogadas por la Xunta como Árbores Senlleiras, que ayudan a diagnosticar la presencia de picudo en función de las vibraciones que emite el insecto. "Lo que se procede a hacer es un tratamiento con productos pulverizados o inyectados en el tronco, para que circule por la savia, envenenar a la larva y se muera", expone Vázquez. A pesar de que estos procedimientos "son muy efectivos", el coste económico es "enorme".
La especie afectada es la palmera canaria —o phoenix canariensis, en su nombre científico—, que es la que más abunda en la ciudad. "La más alta creo que la tenemos en la Rosaleda de Méndez Núñez", dice Vázquez. "La perspectiva es bastante pesimista, desde el punto de vista de un ambientalista. Tienen un futuro un poco negro, nuestras palmeras", vaticina.
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