Entrevista | Juan Echanove Actor
El actor Juan Echanove se sube a las tablas de A Coruña para esperar a un autor fantasma: "Cuando escribo un WhatsApp, empleo todos los signos de puntuación"
El intérprete suma fuerzas con Joaquín Climent en escena para las dos representaciones de Esencia en el Teatro Rosalía, hoy y este sábado 28 de marzo. Bajo la dirección de Eduardo Vasco y con texto de Ignacio García May, la historia se centra en dos amigos escritores que se encuentran y esperan a un tercer autor anónimo

El actor Juan Echanove en imagen promocional de 'Esencia'. / Javier Naval
El texto de Ignacio García May destaca por ser elegante, ¿pero esa elegancia es un desafío?
García May es uno de los grandes, de los mejores dramaturgos vivos del teatro español. Un autor muy interesante. Esta obra se inserta en una serie de obras que dan forma al Teatro de la Conspiración. En esa elegancia se introducen otros temas, como el cuestionamiento de la realidad y muchas interpretaciones que pueden hacerse sobre el propio texto, y también confluye un lenguaje complejo, cuidado y que resulta un reto en sí mismo para nosotros en escena. No perderse en las palabras, no alejarse tampoco en ellas. Todo sucede a través de un lenguaje enunciador en ese diálogo. Desde luego hay un desafío, pero en el conjunto del montaje.
En la obra, ¿ese autor que se retrasa y no llega es una esperanza? ¿Existe? ¿Qué es?
Cuando tomé este texto, uno de mis posicionamientos fue no darle importancia a esto. ¿Es una esperanza? Si tú quieres que lo sea, lo es. A veces te preguntan al final de una representación en alguna otra ciudad y digo lo mismo. Lo que usted quiera que sea, es. Es una decisión que tomé durante los ensayos y que mantengo, principalmente, por respeto al texto y su idea.
Siendo una representación tan clara o sencilla en apariencia, ¿por qué flota un misterio en el aire?
Porque lo hay, porque existe una indecisión que lo impregna todo. Existe una falta de resolución voluntaria que creo firmemente debemos respetar. No podemos decirle al espectador, a todo el público, lo que debe pensar o resolver sobre esta obra. Entregamos muchos símbolos, un lenguaje muy trabajado que es voluntad del dramaturgo. ¿Ese autor que los protagonistas esperan está ya ahí? ¿O es uno de ellos dos? ¿No va a aparecer finalmente? No sabemos ni siquiera si es casual ese encuentro, porque parece fortuito. Sucede en Quebec, en un restaurante, después de muchos años. Lo que sí sabemos es que ellos están ahí y están dialogando. El resto es una elección o una conclusión que debe tomar la persona que observa. Nosotros, como actores o personajes, no podemos interferir en ello.
¿Cómo ha sido trabajar con Eduardo Vasco? Él dirige y ha tomado decisiones sobre el texto.
Llevaba mucho tiempo queriendo trabajar con Eduardo, es uno de nuestros directores más notables. He seguido su trayectoria, sus apuestas escénicas, su paso por instituciones dramáticas, y el resultado es fantástico. Ha servido de mucho para el desarrollo del personaje, de la obra en sí misma. Admiro mucho su respeto absoluto hacia el texto de García May. Él ha apostado por mantener las voluntades explícitas del autor y ceñirse a ello. Dos sillas, una mesa, dos amigos. Si tuviese que resumir el trabajo con él sería enriquecedor, muy enriquecedor.
¿Y el pulso con Joaquín Climent en escena?
Comentaba con Joaquín Climent que comenzamos al mismo tiempo, pertenecemos a la misma generación de actores, y no habíamos conseguido coincidir mucho. Ambos llevamos muchos años en esto. Trabajar con él es un goce, estamos solos en escena. El grado de entendimiento es lo que nos permite llegar al nivel también. De hecho, te diría que los tres, contando a Eduardo Vasco, nos lo estamos pasando muy bien con el montaje de esta obra y está resultando un disfrute.
Los personajes de la obra se encuentran y comienzan a colarse los reproches. ¿Esto forma parte también de la amistad?
Sí, claro que sí. Está en la profundidad de la amistad. Efectivamente, estos personajes se encuentran muchos años después de haber perdido el contacto. Y como se puede esperar, afloran las rencillas. Piensa que el personaje de Climent es un autor de best seller, un éxito de ventas, muy famoso. El mío es un profesor de Literatura muy reputado, una referencia y muy admirado. Entre ellos existe una especie de envidia mutua, unos celos porque el otro ha conseguido lo opuesto. Es comprensible, ¿no? Algo claramente ha ocurrido entre ellos. A veces es la vida, sin mayor explicación. Pero es que es así, ¡la vida! Con los años, hasta las amistades se resienten y estos son desafíos que se ponen en el camino. La amistad tampoco lo resiste todo, como cualquier otra relación.
Esta obra carece de todo adorno y, sin embargo, sucede todo en escena. ¿Cómo se logra esto a nivel actoral?
Me acuerdo siempre de una cita de un viejo amigo actor que decía: "En esto del teatro, o es muy fácil o imposible". Pasan los años y creo que tiene toda la razón. Evidentemente, hay un trabajo detrás, pero, y esto es importante, hay muchas ganas de llevarlo a escena. Es un proyecto que resulta muy desafiante, es muy exigente a nivel interpretativo. Te pones a un nivel alto y lo haces exponiéndote. Por tanto, eso solo puede hacerse si hay pasión y posees las ganas para sacar a adelante un trabajo como Esencia. Y la ayuda del equipo, por supuesto. Pero en este oficio, las ganas son fundamentales.
A raíz de enfrentarse a este texto y sus complicaciones, ¿considera que nos estamos alejando del lenguaje?
La llegada de las redes sociales e internet a nuestra vida ha transformado la comunicación. Vivimos en inmediatez, en velocidad, y en ese medio se pierden las normas que sirven de escritura. La gramática. Cuando escribo un WhatsApp, empleo todos los signos de puntuación. Todos. Escribo con comas, puntos, puntos suspensivos, interrogantes, punto y coma, exclamaciones, acentos. Empleo todo lo que sea acorde y respete esa norma, que considero no debe ni puede perderse. Siento un gran respeto hacia la palabra, la literatura y la lectura. Son pilares fundamentales en mi vida, así que tengo que trabajar acorde a que se preserve. Con todo esto no quiero decir que me ponga de espaldas a las redes sociales. Simplemente, prefiero no ceder ese espacio, no perder esa corrección que respeta a la palabra. La expresividad, el lenguaje; no debemos perderlo.
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