Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Cuatro Caminos, el barrio que lo tiene todo: "Eso sí, los vecinos levantan mucho la cabeza"

La peatonalización, El Corte Inglés, el centro comercial Cuatro Caminos y la multitud de servicios contrastan con la falta de comunidad, los alquileres imposibles y pequeños focos de inseguridad ocultos a simple vista

Vecinos de Cuatro Caminos opinan del barrio

Inés Vicente Garrido

A Coruña

Cuatro Caminos respira a ritmo de gran ciudad, engulle a miles de viandantes cada día y esconde, tras sus altos bloques de pisos y escaparates, el pulso humano de un vecindario lleno de contrastes.

El asfalto cede cada vez más terreno a los peatones. El aroma a churros recién hechos del mítico local El Timón se mezcla con el trasiego de viajeros de la estación de autobuses. La inmensa sombra de El Corte Inglés proyecta su influencia comercial sobre todas las calles adyacentes. Se consolida, año tras año, como una de las zonas más deseadas y exclusivas de A Coruña. El cartel invisible de "gente con dinero" cuelga de sus balcones y define su reputación. Sin embargo, la realidad a pie de calle ofrece múltiples matices, problemas cotidianos y realidades ocultas.

Pedro Castro, vecino de Cuatro Caminos

Pedro Castro, vecino de Cuatro Caminos / CASTELEIRO

El barrio actual poco se parece al de hace medio siglo. La transformación urbana borró antiguas cicatrices y reescribió el destino de sus calles. Pedro Castro suma unos 45 años de residencia en la zona. Él conoce bien los cimientos de esta evolución. Su memoria guarda imágenes de un entorno completamente distinto. "Hasta que llegó El Corte Inglés, esto era un poblado chabolista", relata con la perspectiva que otorga el tiempo. "Al lado había otro asentamiento, hasta el colegio. Ya me dirás lo que cambió, una barbaridad. Antes había burros y caballos. Ahora, con el centro comercial, todo es distinto. El cambio fue para mejor, claro".

Julián Revaldería, vecino desde hace cuatro décadas, coincide de pleno con este análisis histórico. Para él, el punto de inflexión tiene nombre y apellidos comerciales. "Desde que vino el centro comercial, todo potenció bastante la vida social. No para de venir gente", asegura este residente veterano. "Antes había muy poca gente. Ahora el ambiente es continuo, hay mucho ambiente y mucha gente por las calles. A veces hay algún ruido por la noche, pero en general se está bien".

Encarna Fernández, vecina de Cuatro Caminos

Encarna Fernández, vecina de Cuatro Caminos / CASTELEIRO

Vivir en Cuatro Caminos cuesta muy caro. La etiqueta de barrio adinerado supera el mito y se convierte en una barrera real. Encarna Fernández lleva tres años y medio en sus calles. Ella confiesa con total naturalidad que su llegada fue fruto del azar. "Yo estoy aquí por pura casualidad. La vivienda está cara, muy cara", afirma de forma tajante.

Esta barrera económica bloquea el relevo generacional de forma evidente. Julián detecta este problema con una claridad meridiana. "La vivienda por aquí está complicada. Es muy difícil encontrar piso, sobre todo para la gente joven, porque los precios son privativos", lamenta. Como resultado directo, la población envejece a un ritmo constante. "Nos mantenemos los de siempre en los mismos edificios. Los mayores fallecen y no hay mucho recambio", añade Julián, aunque él mismo percibe y celebra la llegada paulatina de nuevos vecinos de origen latino a la zona.

Lorena Fernández representa a la nueva generación. Lleva ocho años en Cuatro Caminos y su mirada capta la brecha demográfica. "La zona más cercana a Os Castros está un poco más envejecida. Sin embargo, en la Plaza de Tabacos hay parejas más jóvenes y con niños", explica.

Lorena Fernández, vecina de Cuatro Caminos

Lorena Fernández, vecina de Cuatro Caminos / CASTELEIRO

El alto coste del metro cuadrado se compensa con una oferta de servicios inigualable. Cuatro Caminos funciona casi como una ciudad independiente. Nadie necesita salir de sus fronteras para cubrir sus necesidades diarias. "El barrio es completo, puedes hacer vida perfectamente sin salir", resume Encarna. "Hay farmacias, colegios y la Casa del Mar para urgencias y médicos especialistas. Tiene bancos a tutiplén, ortopedias y fisios. Todo está lleno y con buenos negocios".

Lorena destaca esta misma virtud. "Es un barrio muy cómodo. Tienes todos los servicios. Tienes la estación de bus al lado, la estación de tren muy cerca y una salida rápida si necesitas coger el coche", detalla. Las zonas verdes también suman puntos a favor del distrito. "Como dueña de perro, valoro mucho los parques. Hay muchos supermercados y el Corte Inglés para cualquier urgencia. La verdad, se vive muy bien".

El barrio aglutina a miles de personas en sus enormes avenidas. Sin embargo, la vida en comunidad flaquea ante el anonimato de la gran ciudad. El calor humano de las pequeñas villas parece no existir entre estos gigantes de hormigón. Encarna lanza una crítica directa a la actitud de ciertos residentes. "Eso sí, los vecinos son un poco estrechos", opina con franqueza. "Levantan mucho la cabeza. Hay mucha gente por aquí que tiene mucho dinero y viste muy caro. Yo no voy vestida de marca, voy de Zara o de Carrefour".

Julián Revalderia, vecino de Cuatro Caminos

Julián Revaldería, vecino de Cuatro Caminos / CASTELEIRO

Ella añora su antigua residencia, donde las relaciones eran mucho más estrechas. "Yo estuve en un barrio y éramos todos conocidos. Nos prestábamos ayuda. Te llevo la bolsa, aguántame aquí que voy a buscar algo... Y esto aquí no pasa. Falta esa piña", se sincera. Pedro también percibe esta frialdad social. "No es fácil conocer a mucha gente como para tener una amistad sólida. Cada uno tiene sus amigos", señala el veterano. Lorena, por el contrario, encuentra pequeños refugios de humanidad. "Hay suficientes bares para cruzarte con los parroquianos habituales, gente de toda la vida. Depende del edificio en el que vivas, pero en general la gente es encantadora", matiza.

En materia de seguridad, las opiniones chocan. Pedro y Julián respiran tranquilos en sus paseos diarios. "Hubo un tiempo con problemas, pero últimamente todo está bastante bien", asegura Julián. "No es muy conflictivo. Es peor arriba", puntualiza Pedro.

No obstante, las mujeres del barrio no ignoran la cara más oscura de la zona. "Hay negocios buenos, pero también existe el tema de vender pastillas, cocaína...", denuncia Encarna sin tapujos. "Incidentes hay bastantes. Yo soy muy valiente y no me veo en apuros, pero hay gente mayor que se aparta". Lorena confirma esta realidad paralela. "En algunas zonas hay cierto problema con el narcotráfico. Esto es cierto. Pero a nivel general y en comparación, me siento muy segura".

¿Qué le depara el destino a Cuatro Caminos? Lorena sueña con una transformación urbana mayúscula. Su mirada apunta directamente hacia el mar. "Me encantaría que el puerto acabe como parte del paisaje urbano", anhela. "Deseo que toda esa zona portuaria se convierta en una zona verde maravillosa, como los cantones. Una zona de paseo, tranquila, no urbanizable. Un espacio para los vecinos".

Más calles peatonales

Juan Iglesias, presidente de la asociación de vecinos de Cuatro Caminos, define el barrio como "un buen lugar para vivir", en el que conviven tranquilidad y ambiente. A su juicio, uno de los principales problemas sigue siendo el tráfico. "Tenemos mucho coche y eso genera una polución que no es sana. Todo viene por que no hay un buen transporte público", explica. Por lo que valora de forma positiva las últimas actuaciones urbanísticas, como la peatonalización de la calle Alcalde Marchesi o la reducción de velocidad en las carreteras, medidas que "hacen el barrio más habitable".

El barrio de Cuatro Caminos en A Coruña

El barrio de Cuatro Caminos en A Coruña / CASTELEIRO

La vida vecinal, reconoce que combina una población envejecida con la llegada de nuevos residentes, muchos con "mayor poder adquisitivo que la media". Además, admite que cada vez cuesta más implicar a los vecinos: "La gente es más individual y les cuesta mucho participar en la asociación y hacer comunidad". Con todo, destaca que el barrio cuenta con buenos servicios, aunque echa en falta más equipamientos como una piscina o un polideportivo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents