La escritora Tatiana Țîbuleac inaugura las conferencias literarias con escritoras de la Fundación MOP: "Mi madre estaba triste conmigo, decía que no escribía sobre las cosas correctas"
La autora moldava-rumana, reconocida por su novela El verano que mi madre tuvo los ojos verdes, dio inicio al ciclo comentando su proceso vital para convertirse en escritora, el conflicto postsoviético en su país natal y el peso de los vínculos familiares

La escritora Tatiana Țîbuleac, en primer plano, con la periodista Andrea Aguilar durante la ronda de preguntas del público. / Xosé Durán
La escritora moldava-rumana Tatiana Țîbuleac tomó el escenario en la sede de la Fundación MOP para inaugurar la primera jornada de sus conferencias literarias con escritoras. La autora del superventas El verano que mi madre tuvo los ojos verdes compartió las experiencias vitales que la llevaron a escribir, en especial, un viaje a Francia con su familia; y las complicaciones que existen en Europa del Este tras la caída de la Unión Soviética, desde la cuestión idiomática a la necesidad de dejar testimonio por lo sufrido en los regímenes totalitarios. "No sé si me siento en casa en algún lugar", expresó sobre ser inmigrante en Francia. La periodista Andrea Aguilar fue la encargada de conducir el evento.
Las doscientas personas que completaron aforo esperaron a que el contador en pantalla llegase a cero para el inicio del acto. Fuentes cercanas aseguran que todas las entradas se agotaron en "muy poco tiempo". Entre bambalinas, la escritora y la periodista esperaban rodeadas de personal que ajustaba sus micrófonos. Țîbuleac entró titubeando y preguntando sobre cuál silla debía elegir. Fue el único momento de duda en la escritora durante la hora de duración del evento.
Aguilar arrancó la conferencia preguntando a la autora qué imagen había elegido para ilustrar su conferencia y en la pantalla se desplegó la fotografía de una casa rodeada de girasoles muertos.
"Cuando me pidieron traer una imagen, pensé en traer una mía o de mi infancia. Elegí esta porque fue lo que me llevó a escribir. La tomé en el norte de Francia, en una casa que había alquilado con mi familia para pasar el verano, un día soleado, como hoy en A Coruña. La casa estaba rodeada de girasoles, que para mí son como un bombón que te despierta un recuerdo, en mi caso de infancia. Esta flor está muy relacionada con Moldavia. Ese mismo día llovió y las flores se murieron. Mi hija me preguntó por ello. Eso me alteró. Su belleza se había ido en unas horas. Quise fijarme en lo bello, pero distinto. Encuentro en esa fealdad un impulso para buscar su belleza", explicó Țîbuleac.
El origen del superventas
La autora sitúa en ese verano el momento en que empezó a escribir su primera novela y un éxito editorial, El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes. Señaló que el motivo que la llevó hasta esa historia fue su propia vida al convertirse a la vez en madre y de nuevo en hija, tras reconciliarse con su padre. Reconoció haberse sentido celosa al ver cómo sus hijos disfrutaban de un gran abuelo.
"Escribí esta novela por un motivo muy personal. Temí ser mala madre, tuve urgencia de decirle a mis hijos que los amo. Por eso este libro. Quiero que funcione como un mensaje en una botella", asumió la autora.
Como en una cita velada a León Tólstoi en el inicio de Anna Karenina, Țîbuleac se refirió a las familias y los motivos de su felicidad o infelicidad, tema que vertebra El verano que mi madre tuvo los ojos verdes. No ve un motivo único de desgracia en la clase social. "Los personajes piensan que la infelicidad proviene de las desgracias, pero basta solo con problemas de comunicación. No debe esperarse a los horrores dramáticos para cambiar", afirmó contundente.
Țîbuleac desgranó su proceso de escritura frente al público. La historia vino por el final y sin ningún plan, solo había personajes y sentimientos, más tarde, el tono. Con una disculpa previa, afirmó que solo necesitó dos meses para completar la novela. Contrapuso esto con los siete años que se ha demorado en escribir su segundo libro.
"La imperfección de esta novela es su gran ventaja. La historia magnifica el significado de una pérdida. El lector la lee con la misma urgencia que la escribí. Es como un exorcismo", respondió la escritora al ser preguntada por los motivos del éxito de El verano que mi madre tuvo los ojos verdes.
Una escritora sin patria
Tatiana Țîbuleac nació en la Moldavia soviética y durante el coloquio admitió que eso la ha marcado en lo personal y profesional. Se siente parte de una generación que conoció ambos modelos de sociedad y un idioma "inventado", insistió. "Nos criamos con el idioma moldavo, que no existe, y se escribe con el alfabeto cirílico del ruso, pero con el significado rumano. Mi hija no entendía nada de esos libros. Le dije que parte de mi vida es tan difícil como los libros escritos en ese idioma".
"El comunismo es una cuestión generacional y no hay una sola historia. Por suerte hay muchas voces contándola. Mi madre estaba triste conmigo, decía que no escribía sobre las cosas correctas. Quizás sea el siguiente. Es importante construir ese banco de recuerdos. Sabemos mucho del Holocausto y queda mucho por hacer con los regímenes totalitarios que gobernaron Europa del Este", expresó Țîbuleac.
La autora se refirió también al oficio periodístico, al que se dedicó en prensa escritora y televisión. Habla en presente de ello porque, según sus palabras, es su profesión y no la escritura. Celebró su éxito en España y lo atribuyó a la cultura común con los lectores en rumano. "Compartimos rasgos en aspectos como la figura de la madre. El libro es una montaña rusa de emociones. Los lectores en español no son cobardes para amar y llorar en la misma frase. Particularmente, soy aburrida y para inyecciones de ánimo vengo a España", confirmó bromeando.
"Me mudé a París sin saber que me quedaba. No sé si me siento en casa en algún lugar. Esta es la sensación que quise trasladar con mi primera novela. Es la experiencia migrante. Si no me hubiese mudado de Moldavia, no habría escrito. No me interesaba escribir sobre Moldavia, sus conflictos, sus problemas. Y, sin embargo, mi fuerza viene de ahí", resolvió Țîbuleac.
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