Entrevista | Miguel Ángel Gómez 'Gus' Republicano de Honor 2026
Miguel Ángel Gómez, Republicano de Honor 2026 en A Coruña: "En uno de los interrogatorios intervino Billy El Niño; creí que me iba a matar"
El homenajeado fue detenido con 18 años por propaganda subversiva y relata las torturas sufridas en la Dirección General de Seguridad, incluyendo el encuentro con Billy El Niño. Miguel Ángel Gómez 'Gus' colaboró en la logística de una fuga de la cárcel de Segovia y, posteriormente, fue amnistiado

El Republicano de Honor 2026, Miguel Ángel Gómez 'Gus', posa dentro de su casa, en Vigo. / Jose Lores
La Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica da Coruña designó a Miguel Ángel Gómez, alias 'Gus', como Republicano de Honra 2026 por su participación activa contra el régimen franquista en los años 70 y la condición de represaliado y torturado, entre otros, por Billy El Niño. Gómez nació en Zamora en 1953, mismo lugar donde habían paseado a su abuelo para fusilarlo durante la Guerra Civil. Se mudó a Madrid para estudiar en la universidad y allí entró en contacto con la lucha política. Ahora reside en Vigo. "Estoy agradecido por el nombramiento, por mí y mis compañeros, pero queda justicia por hacer", declaró por su designación, que culminará con la entrega del emblema el 11 de abril en A Coruña.
Con 18 años fue detenido por los agentes franquistas acusado de propaganda subversiva. ¿Qué sucedió?
Esa detención fue consecuencia de una jornada de lucha que hubo en las facultades de Madrid contra la ocupación policial en las universidades. Controlaban las entradas, tenían cuartelillos e intervenían para reprimir asambleas y actos de protesta. Hubo enfrentamientos con la policía y cargas. Me detuvieron por un policía secreta infiltrado en mi curso y que sabía mi domicilio. Al día siguiente, fueron por la noche a detenerme. Me llevaron a la Dirección General de Seguridad y estuve incomunicado tres días en los calabozos siendo interrogado, sufriendo malos tratos y torturas. Salí en libertad provisional. No reconocí haber participado en esos actos, pero de todos modos me condenaron por atentado contra la fuerza pública a dos años y medio de prisión.
¿Cómo fue aquel juicio?
El juez le dio validez al informe de la policía de mi declaración, pero yo no había reconocido nada de lo que me acusaban. Me condenaron sin prueba ninguna y garantía de ninguna clase.
Posteriormente, le metieron en el maletero de un vehículo para una segunda condena, ¿cierto?
Estaba fuera, en el año 73, y ya estaba militando contra la dictadura. En el mes de mayo me detuvieron cuando iba a una cita con la mujer de un compañero que habían detenido para interesarme por el tema. Me estaban esperando cinco policías en el bar donde habíamos quedado. El compañero había cantado y me detuvieron. Intenté escaparme, pero no lo conseguí y me dieron una paliza allí en mitad de la calle. Me metieron en el maletero y ya me trasladaron a la Dirección General de Seguridad. Estuve siete días sometido a torturas diarias. Me dejaron en un estado muy lamentable. Reconocí que militaba en la Liga Comunista Revolucionaria y me procesaron por Tribunal de Justicia Militar acusado de terrorismo.
¿Este juicio fue similar al primero?
Ante el juez llegué con los pies completamente inflamados, sin poder sostenerme y en muy mal estado. Le dije que la declaración había sido sacada bajo tortura. El juez no hizo ningún caso. Fui acusado de asociación ilícita, propaganda ilegal y manifestación, los tres delitos políticos que eran frecuentes. En mi caso, además, resistencia a la autoridad y delito de terrorismo. Yo no practiqué ningún acto de violencia armada ni nada por el estilo. Solamente me resistí cuando fui detenido.
¿En esa época conoció a Billy El Niño, que estaba entre el equipo de los torturadores?
Los siete días se hicieron muy largos. A cualquier hora del día o de la noche te subían a interrogar. Te sometían a todo tipo de vejaciones y humillaciones con métodos de tortura como el pato, que era caminar en cuclillas durante horas, esposado y con los brazos debajo de las de las piernas. Después, te golpeaban los pies repetidamente con una porra y, al cabo de un rato, los pies se sensibilizaban muchísimo y era muy doloroso. También lo hacían en los glúteos. Ya ni podía estar de pie ni sentado. En uno de los interrogatorios intervino Billy El Niño y me sometió a una tortura de glúteos, pero de una manera salvaje. Me daba con una fuerza que creí que me iba a matar. Realmente ahí sentí que no podía aguantar más.
¿Cómo se salvó?
Afortunadamente, la Dirección General de Seguridad estaba llena de detenidos, porque habían detenido después del 1 de mayo. En los enfrentamientos que hubo, había muerto un policía de la Brigada Político Social. Se oían gritos continuamente. Así no siguieron conmigo en ese momento y afortunadamente pude reponerme sin cruzar la línea roja. Esa línea que para las personas que luchábamos y que militábamos contra la dictadura era no colaborar.
¿Recibió asistencia médica después de esa noche con Billy El Niño?
Me llevaron en volandas al médico de la prisión y me hizo un reconocimiento superficial. Dijo que estaba en condiciones y podían continuar torturándome. Me dio una aspirina y nada más. Cuando a los siete días me trasladaron a la prisión de Carabanchel, estuve dos semanas en enfermería recuperándome de las lesiones.
¿Era famoso Billy El Niño ya entre los presos?
Sí, especialmente en el medio universitario. Se paseaba por las facultades de manera provocadora, exhibiendo su pistola en un plan desafiante. Él presumía de su apodo. Cuando entró en la oficina donde me estaban interrogando, entró diciendo con una pistola en mano que era Billy El Niño y me iba a matar, que podía hacer lo que le diera la gana conmigo.
A la cárcel de Carabanchel llegó con 19 años. Allí había presos como Marcelino Camacho.
Después de salir de la enfermería, me ingresaron en el reformatorio. Era mayor de 18 años, pero en el régimen carcelario la mayoría de edad era 21 años. Estuve en un lugar terrible gobernado por líderes de bandas juveniles y los funcionarios los utilizaban para mantener el orden. Tuvimos que defendernos porque les incitaban contra nosotros. Después, cuando pasé a la tercera galería, sí estuve con Marcelino Camacho, Sartorius, Juanín y los dirigentes de comisiones obreras del proceso 1001.
Y posteriormente lo trasladaron a Segovia, ¿por qué?
Me clasificaron en primer grado y me trajeron al penal de Segovia para cumplir la condena en marzo del año 75. Es donde estaban la mayoría de los presos de ETA. A través de luchas y de huelgas de hambre habían conseguido condiciones de vida bastante aceptables. Estabas continuamente vigilado, te seguían y te provocaban para que incurrieses en algo y poder pasarte a celda de castigo. En Carabanchel estuve en dos ocasiones, una por pasarle un cigarrillo a un compañero que estaba en castigo.
¿Qué suponía estar en celda de castigo?
La celda de castigo era aislamiento total, absoluto y no te dejaban más que por la noche una colchoneta. El resto del día lo tenías que pasar de pie caminando, no podías sentarte ni siquiera. Te daban de comer y te volvían a meter en la celda. En la cárcel de Carabanchel, en el subsuelo, había unas mazmorras de tipo medieval llenas de humedad, de ratas.
¿Participó en la organización de los preparativos de la fuga de Segovia?
Cuando yo llegué a Segovia se estaba preparando una fuga y colaboré en la logística. No se pudo llevar a cabo porque una detención. Descubrieron que había un intento de fuga y la neutralizaron. Después de esa primera fuga que fracasó se produjo la muerte del dictador. El rey sucesor concedió un indulto y en ese indulto salieron los presos políticos, pero los que teníamos condenas de terrorismo quedamos excluidos. Meses más tarde se volvió a preparar una fuga. Esa sí salió, se fugaron 29 compañeros. No me fugué, pero colaboré en logística. Esa noche llegaron de Madrid y nos iban a linchar. Nos amenazaron de muerte y estuvimos encerrados en celda de castigo durante 20 días. Después nos trasladaron a la prisión de Zamora. En mi caso, curiosamente al ser de Zamora, me resultó chocante acabar allí. Para esa fecha terminaba de cumplir la condena de terrorismo y salí en libertad el 19 de mayo del 73.
A su abuelo lo pasearon para fusilarlo en Zamora, ¿pensaba en él estando en la cárcel?
A mi abuelo lo pasearon en julio del 36. Estaban haciendo limpieza social por los pueblos de la comarca y se lo llevaron tal a Zamora para fusilarlo. Cuando estaba en el en el paredón, uno de los falangistas admitió que era el único herrero que había en el pueblo y si lo mataban, se iban a quedar sin herrero. Se salvó y volvió andando a su casa con vida.
Usted quedó en libertad en mayo del 76. Desde entonces, ¿ha logrado eliminar los delitos en tu historial?
El indulto no te quita los antecedentes penales. Los dos procesos tuve quedaron amnistiados con la Ley de Amnistía del 77. Los juicios no se anularon, solo se anuló la responsabilidad penal de esos juicios. A efectos jurídicos, seguíamos siendo delincuentes, a pesar de que lo que habíamos estado es ejerciendo derechos amparados por democráticos amparados por la justicia universal.
Ahora, con todo el avance democrático, ¿cómo se encuentra en un contexto como el actual con reivindicaciones de la época franquista?
No se condenó a la dictadura y se mantuvo el aparato, especialmente el represivo. Quedaron amnistiados en sus delitos sin ninguna investigación. La Transición dio lugar a un pacto del olvido en virtud de una perversa reconciliación entre los españoles. Se decidía olvidar todo el periodo de 40 años de dictadura. Dentro de ese olvido, quedábamos nosotros, es decir, todas las víctimas que habíamos sufrido las violaciones de los Derechos Humanos que cometió la dictadura. La transición de dictadura a una democracia tiene que basarse en la verdad, en la justicia, en la reparación de las víctimas y en las garantías de no repetición. La transición sigue todavía pendiente.
Como persona que sufrió la represión del régimen franquista, ¿cómo vive la espera de 16 años a resolución en la querella argentina contra la dictadura?
Es un tema que afecta. Aparte de haber sufrido las torturas y los años de cárcel, especialmente las torturas que marcaron mi vida, no ser atendido por la justicia española lo vives con la frustración y una revictimización. No has recibido justicia ni reparación de todo eso que sufriste. Sigue haciendo daño.
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