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Teresa Santos, coruñesa de 64 años, triunfa en el 'pole dance': "Me siento la abuela de algunas"

Desde actividades artísticas como el 'pole dance' hasta prácticas de riesgo como la escalada o el buceo, este grupo de mujeres de A Coruña que supera el medio siglo rompe prejuicios con un estilo de vida lleno de ejercicio, demostrando en diferentes disciplinas que para ellas no hay barreras: "Cuando no puedas andar con los pies, tienes que andar con la cabeza"

Mercedes Pernas y María Jesús Suárez, alumnas de pole dance en Pole4All, en A Coruña

Mercedes Pernas y María Jesús Suárez, alumnas de pole dance en Pole4All, en A Coruña / CASTELEIRO

A Coruña

La jubilación se presenta para muchos como una oportunidad para retomar actividades antaño amadas, o experimentar otras nuevas. Con todo, existe cierta percepción social de la vida más allá de esta frontera como un terreno incierto e inactivo, de pausa y retracción. Sin embargo, un grupo de mujeres de A Coruña con edades desde los 50 hasta los 70 años —unas amigas, otras desconocidas, todas llenas de vitalidad—, demuestran lo contrario: en sus ratos libres, se ejercitan en la barra de pole dance, tocan el cielo escalando o se sumergen a lo más profundo del mar, e incluso practican artes marciales. "Las edades no son tan compartimentadas, hay que romper los prejuicios", declara Berta Vigil, alumna de la disciplina de baile en barra.

Amigas de barra

939 Studio, primera escuela de pole dance en Galicia, se erige como el lugar seguro donde aprender a volver a adueñarse del propio cuerpo, donde practicar deporte y crear comunidad. La profesora y directora del local, Ivonne Botana, es miembro fundador de la Federación Española de Pole Sport, la primera en el país. Pole4All es otro de los locales de A Coruña que imparten clases de esta disciplina, con Ángela Gutiérrez y Juan Luis Oubel —campeón de España y bronce internacional en pole dance— a la cabeza.

“Trabajo con mujeres cada día, y muchas llegan pensando que ya es tarde para empezar, cuando en realidad lo único que necesitan es darse la oportunidad de intentarlo”, comenta Botana, quien cree que el pole es "una forma en que las mujeres recuperan confianza, fuerza y autoestima”. Para Botana, lo más gratificante es cuando sus alumnas de edades más avanzadas se sorprenden a sí mismas, “porque terminan haciendo cosas que ellas nunca imaginaron”. Gutiérrez lo corrobora, haciendo hincapié en que "son capaces de romper estereotipos".

Teresa Santos, de 64 años, es pupila de 939 Studio desde sus 57. "Los inicios fueron duros. La barra mide cuatro metros, y ahora ahí me subo yo sin ningún problema", dice orgullosa. Saltó al mundo de la competición en 2022, gracias a que en el club se siente "una más": "Yo estoy ahí y me olvido de la edad que tengo, me comporto como una niña. Me siento la mamá de todos, la abuela de algunas. Es mi otra familia", confiesa. Ella corrige "estoicamente" a los que piensan que el pole no es un deporte, y se sorprende de seguir aprendiendo: "Centímetro a centímetro, voy consiguiendo cosas".

Teresa va a clase acompañada de su amiga, Berta Vigil, de 59 años, quien también se iniciará en el ámbito competitivo el año que viene. A pesar del dolor del primer día, supo que repetiría: "Salí diciendo: 'Tengo que volver, porque solo puedo mejorar'", recuerda. "Los 60 años o los 65 ya no es vejez", reivindica. "No tienes que tener ese aspecto de quinceañera, de minifalda y tacones, pero sí que puedes tener una vida súper activa y hacer muchas cosas. Las edades no son tan compartimentadas, hay que romper los prejuicios", decide.

Foto a Teresa y Berta, dos alumnas de pole dance en 939 Studio

Berta Vigil y Teresa Santos, dos alumnas de pole dance en 939 Studio / Iago López

María Jesús Suárez acaba de estrenar los 69, y decidió empezar hace poco más de un año en Pole4All con su amiga, Mercedes Pernas. "La gente no entiende que, con la edad que tenemos hagamos estas cosas", expone Suárez, pero la realidad es que en su escuela hay "muchas edades y muchos cuerpos distintos". Se suele confundir este deporte con "las bailarinas de barra americana de poner billetitos en la braga, así de claro", expresa Suárez. Contra esa concepción, afirma que "cualquiera puede intentarlo", haciendo caso omiso a los comentarios: "Cuando haces algo que se sale de la norma, siempre tienes que escuchar cosas. A mí me importa un pito lo que diga la gente".

Pernas, que cumple 70 en diciembre, se apuntó "por un reto personal" y, siguiendo el estilo de su amiga, tampoco le dio importancia a la sorpresa de su entorno. Para ella, lo mejor fue la conciencia corporal que adquirió, el progreso en su equilibrio y el pasárselo "bomba". "El pole fue un flechacito", confiesa. A esas personas que "estigmatizan el tema de la edad", les diría que a ella le gusta "hacer que lo que parece imposible sea posible".

MERCEDES Y MARIA EN CLASE DE POLE DANCE

Mercedes Pernas y María Jesús Suárez, alumnas de pole dance en Pole4All, en A Coruña / CASTELEIRO

Dos maneras de volar

En las alturas también está Loli Sanmartín. A sus 72 años y jubilada desde 2020, se dedica a "disfrutar de la vida". Practica montañismo desde la juventud, y hace unos tres años decidió animarse a la escalada en el rocódromo de Hangar4, en A Coruña: "Estuve en los Pirineos, en los Alpes, hice cuatromiles, hice roca... Pero no tenía una dificultad como puede tener el rocódromo, porque ahí es totalmente vertical o invertido", dice Sanmartín. En Hangar4, Loli es motivo de fascinación: "La gente como que te agradece, de alguna manera, que sigas haciendo cosas así". Comparte un refrán que se dice en montaña: "Cuando no puedas andar con los pies, tienes que andar con la cabeza".

Loli Sanmartín, escaladora en Hangar4

Loli Sanmartín, escaladora en Hangar4 / Cedida

María Antonia Castiñeira, Mariquiña, coincide en la pasión de Loli. Con 62 años, su periplo deportivo empezó en la Sección Femenina, en donde había un departamento de actividades al aire libre. Al extinguirse, se fue para la Organización Juvenil Española (OJE), "porque era de los pocos sitios en la ciudad donde se podían hacer actividades en el medio natural". Desde hace 15 años está en el equipo de la Agrupación de Montañeros Independientes (AMI), en A Coruña, donde percibe que "la mujer siempre ha acompañado": "Yo he conocido muchas 'novias de", relata. Ahora, dice, también está empezando a conocer a los 'novios de'. "Poco a poco eso se va a ir regularizando", afirma.

Desde las alturas de la barra de pole y el rocódromo, María Pérez desciende a las profundidades del océano. A sus 64 años, decidió apuntarse hace cuatro a Buceo Galicia, en A Coruña, para acompañar a su marido en aventuras acuáticas. "Y me costó, pero yo creo que me costó igual que a una persona joven a la que le den miedo estas cosas", anota Pérez. Sin embargo, todas esas reservas iniciales se ahogan en cuanto Pérez se sumerge: "Los preparativos, el tirarme de la lancha... Todo eso es lo que me ponía nerviosa. En el momento en que bajaba, me olvidaba de todo. Abajo soy feliz".

María Pérez (alumna Buceo Galicia)

María Pérez, usuaria de Buceo Galicia, en una de sus inmersiones / Cedida

La red de apoyo la encontró en Buceo Galicia. Hugo Felpete, uno de los directores, dice que lo que más atrae de la actividad es la sensación de ingravidez: "Parece que vuelas". La motivación de Pérez suele ser la habitual en alumnas de ese rango de edad: "Hay gente que empieza a bucear con nosotros y lo que busca es una buena base para luego poder compartir el hobby con la familia", explica Felpete. Al principio, al entorno de Pérez le sorprendió que decidiera zambullirse en la actividad: "Me llamaban valiente", recuerda riendo. Felpete asegura que el buceo recreativo es un deporte para todas las edades: "Hoy en día se puede empezar a bucear desde los diez años y, como se suele decir, se puede seguir hasta que el médico no te lo aconseje".

Pérez se siente contenta de haber conseguido algo que nunca hubiera pensado: "Cuando empecé, me daba pavor tirarme del barco. Pero la paz que sentía después... Salía orgullosa de mí misma", admite. Felpete señala que es fundamental "transmitir la mayor seguridad posible" para combatir ese nerviosismo inicial, ofreciendo una formación progresiva: "Trabajar mucho antes de entrar al agua, empezar cogiendo esa seguridad en una misma".

Artes marciales

Rosa Arruffat llegó a A Coruña desde Estados Unidos hace dos años, y en sus ratos libres acude a Graiño Team Galicia, en A Coruña, para practicar grappling. "Es muy parecido al jiu-jitsu, casi lo mismo, pero no tenemos uniforme ni colores de cinturón, es más informal", explica Arruffat. "Ahora mismo, el club tiene a unas 20 mujeres entrenando de todas las edades", declara Eva González, secretaria del Graiño Team Galicia. "Si alguien tiene ganas de probar, que no sea un freno el pensar que está fuera de lugar. Las mujeres no estamos fuera de lugar en ningún ámbito, en ningún contexto", afirma. Aunque es más joven que el resto de protagonistas, a sus 50 años, es la veterana del local.

ANA ARRUFAT GRAPPLING ARTE MARCIAL

Rosa Arruffat, alumna de grappling en el club coruñés Graiño Team Galicia / CASTELEIRO

Arruffat define la actividad como una "actitud mental", al tener más importancia el "pensar bajo estrés" que la fuerza cuando se trata de ganar una batalla, lo que se extrapola a la vida diaria. Decidió apuntarse porque siempre sintió "admiración" por las artes marciales. "Me gusta sacar la agresión que tengo de esa manera, porque soy una persona completamente diferente cuando salgo del gimnasio", comenta. "Realmente el prejuicio y el estigma lo tuve yo contra mí misma", indica. "Pero cuando quité esa idiotez de mi mente, vi que soy como los demás. No creo que sea la única mujer en la historia del grappling que empezó a una edad avanzada", reflexiona.

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