Los ingenieros que revitalizaron la plaza de Vigo de A Coruña con tres establecimientos: "Abrimos Central Park en 2012 en el local que ocupaba la papelería América"
Fernando Estévez y Pablo Gómez continúan y expanden el proyecto que iniciaron a inicios de la década pasada cuando la zona era totalmente distinta

Fernando Estévez y Pablo Gómez en la plaza de Vigo, con sus locales Arraigo y Roots al fondo. / Casteleiro
El origen de los actuales locales de la plaza de Vigo se remonta a inicio de la pasada década, cuando un grupo de cuatro socios procedentes de la ingeniería decidió lanzarse al mundo de la hostelería. “Lo primero que abrimos fue Central Park en 2012 en el local que ocupaba la papelería América”, recuerda Fernando Estévez, uno de los dos socios que hoy continúan al frente del proyecto. En aquella aventura inicial también estuvieron Pablo Gómez [que todavía sigue] o Simón Rivadulla, compañeros de la Escuela de Caminos, en un inicio empresarial que nació más por oportunidad y convicción que por la existencia de un plan de expansión perfectamente trazado.
La zona poco tenía que ver entonces con la imagen que ofrece hoy. “Una imprenta había cerrado y nosotros hicimos una reforma integral del local”, explica el hostelero sobre un momento en el que la plaza aún no concentraba la actividad hostelera actual. Según recuerda, apenas había algunos negocios en funcionamiento y el entorno no se había convertido todavía en ese punto de encuentro continuo para familias, oficinas y grupos de amigos. Con el paso de los años, los establecimientos abiertos por estos socios han acompañado, e incluso impulsado, esa transformación del espacio.
Cada local tiene su identidad y su público
Tras echar a andar Central Park, llegó en 2015 Roots, pensado para ocupar un hueco distinto. “Queríamos que fuese un restaurante pequeñito, con formatos asiáticos y un enfoque diferente”, señala Estévez. La apuesta se anticipó al auge de este tipo de gastronomía, cuando buena parte del público aún no estaba familiarizado con una oferta así. “La gente entraba, miraba la carta y preguntaba qué era eso”, rememora sobre aquellos primeros meses, en los que el local tuvo que abrirse camino con una propuesta menos convencional que la que hoy resulta habitual en cualquier ciudad.
La misma lógica de diferenciar conceptos fue la que terminó guiando la apertura de Arraigo, el tercero de los negocios de la plaza. “Faltaba un poco el restaurante de toda la vida”, resume Estévez al explicar por qué optaron por una propuesta de cocina más reconocible y familiar. Así, mientras Central Park mantiene un perfil más transversal y vinculado al ritmo diario de la zona, Roots conecta más con un público joven aunque también muy familiar por su cercanía al parque, mientras que Arraigo se orienta a una clientela amplia, intergeneracional, que busca una comida más clásica en un entorno contemporáneo.
Amigos, ingenieros y empresarios
Aunque la imagen actual del grupo se asocia sobre todo a Fernando Estévez, el proyecto tuvo desde el inicio un componente compartido. “Nos conocimos en la escuela, estudiamos juntos y empezamos la aventura juntos”, dice al recordar aquellos comienzos. De esos socios iniciales, hoy continúan Pablo y Fernando, con Estévez más volcado en la supervisión del día a día, ya que Gómez se centra más en su carrera tras aprobar una oposición.
Estévez es todo un amante de la gastronomía y su visión es clave. “Intento ver qué es lo que hay, qué es lo que puede funcionar y qué necesita cada local”, afirma. Más que repetir fórmulas, la estrategia ha consistido en estudiar cada espacio y pensar una propuesta propia para él. Por eso insiste en que los tres establecimientos no responden a un diseño preconcebido para dominar la plaza, sino a decisiones sucesivas muy meditadas. “Son cosas que fueron surgiendo”, aclara.
En paralelo, el hostelero ha visto cambiar de forma profunda el sector en poco más de una década. “Cuando empezamos veníamos de otro campo y adaptarse a la hostelería no es fácil”, reconoce. Celebra que las condiciones laborales y la profesionalización hayan mejorado, aunque también lo han hecho los costes y la exigencia para sostener un negocio viable. Por eso defiende que la base debe estar siempre bien asentada antes de dar nuevos pasos. “Es importante que los cimientos estén bien sólidos”, sostiene como buen ingeniero.
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