El primer cierre de una cafetería de instituto de A Coruña tras la ley que limita la bollería y los refrescos: "Con lo que te van a dejar vender, es inviable"
Los propietarios de las cafeterías de centros educativos encuentran incongruencias en la normativa que limita los alimentos poco saludables en centros escolares. "No tiene sentido prohibir vender aquí, si los chicos pueden parar en el supermercado y llevarlo al instituto", advierten

La dueña de la cafetería de Escolapios, Montse Mazorra / CASTELEIRO
Toque del timbre, y una avalancha de alumnos compiten por llegar primeros al bocadillo de tortilla, otros a por el de bacon. Esa pausa sabrosa en el recreo de los institutos de A Coruña no sabrá igual a partir del 16 de abril, día en el que entra en vigor la ley de comedores escolares, reguladora de la alimentación en centros educativos. Las cafeterías de complejos de educación secundaria no se escapan a la normativa, viéndose obligadas a adaptarse a las nuevas medidas. "Va a ser complicado que queden cafeterías [de instituto] en un futuro", opina el dueño de la cantina del Agra do Orzán, Javier Canosa. Alguna, como la de Escolapios, ya está haciendo las maletas.
En esta situación se encuentra la gerente de la cafetería de Escolapios, Montse Mazorra, cuya única alternativa ha sido cerrar el establecimiento. "Con lo que puedes vender, es inviable poder pagar autónomos, un alquiler, la mercancía... Es inviable", declara. Menos las bebidas energéticas, "que están prohibidas", Mazorra ofrecía bebidas como "Coca Cola, Nestea, Aquarius o zumos", y aperitivos "tipo Matutano, palomitas, patatas..."; sin olvidar los populares bocadillos, preparados por ella. En el caso de Canosa, más allá de snacks y gominolas, "lo que más se vende son los bocadillos".
Sin embargo, parece que el elaborado de pan entra en tierra de nadie con las nuevas indicaciones. "Yo creo que lo que dice la norma es que lo preparado en el propio centro queda un poco exento. Creo que van más a por bollería industrial, gominolas, chocolates... Todo eso", interpreta Canosa. Mazorra añade que "los bocadillos no se pueden pasar de las 200 calorías", lo que la obliga a "ir calculando". Los aperitivos, además, "tampoco pueden superar los 0,5 gramos de sal ni los cinco de azúcar", siendo lo mismo para las bebidas. "Claro, tienes la opción de cambiarte al Aquarius sin azúcar, pero eso te genera que el precio sube, y tú tienes que subir el precio también. Y a ver, estamos hablando de una cafetería escolar", reflexiona Mazorra.
Enfoque incompleto
Javier Canosa se considera afortunado, al tener también una cafetería próxima al centro educativo. "Todos los productos que saque del local del instituto, me los traigo para aquí y no tengo problema con eso, pero bueno, me interesa ir sacando lo máximo posible de ese stock que tenía", apunta. Aclara que, aunque intentará "seguir trabajando con lo que se adapte a la normativa", no lo ve muy viable. "Ellos le dan mucha prioridad a la fruta y la verdura, pero yo ahora mismo la fruta la estoy vendiendo a pérdidas", indica.
Montse Mazorra no tiene un segundo local, y tras tres años y medio al frente de la cafetería de Escolapios, cerró sus puertas el pasado 27 de marzo. "Yo intenté hacer números, pero no es viable, porque es que al final puedes vender aguas y fruta. Y la fruta en una cafetería no sale, porque yo el primer año que abrí la puse, y al final la tienes que tirar", comenta.
Aunque entienden la intención detrás de la normativa, ambos hosteleros perciben la medida como insuficiente. "Es algo que no te entra en la cabeza; es decir, yo no le puedo vender al niño un bocadillo, no le puedo vender un paquete de patatas fritas o de palomitas, pero el niño se lo puede traer de casa y se lo puede comer en el recreo perfectamente. Pues que prohíban traer la bollería al colegio. Pero es que si el niño la va a poder seguir tomando igual, los que salimos peor parados somos los que lo vendemos", manifiesta Mazorra.
Canosa razona que "es mejor educar que prohibir", y aporta una posible solución alternativa: "Creo que era mejor que impartieran una asignatura de nutrición, y enseñar nutrición a los chavales. No de 'esto te engorda y esto no', sino de saber lo que influye en la salud".
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