Charlas MOP: La escritora Ottessa Moshfegh, segunda invitada del ciclo de escritoras de la Fundación Marta Ortega: "Moralmente, creo que no hay ganadores en ficción"
La autora de 'Mi año de descanso y relajación' y protagonista de las MOP Talks, en el muelle de la Batería de A Coruña, explora la profundidad de sus personajes y la sinceridad de sus novelas, atravesadas por sentimientos de pérdida, luto, autodescubrimiento y una característica dosis de humor negro

La autora estadounidense Ottessa Moshfegh en el hotel NH Collection Finisterre, en A Coruña / CASTELEIRO
Historias repletas de personajes moralmente cuestionables y con situaciones de una realidad dolorosa e incómoda. Las obras de la escritora estadounidense Ottessa Moshfegh (Boston, Massachusetts, 1981), de ascendencia croata-persa, están ideadas para resultar creíbles, no atractivas. Definiéndose a sí misma como una "mujer de 44 años obsesionada con el arte de contar historias", enamorada de sus dos perros y tremendamente enganchada a las series The Pitt y DTF St. Louis, Moshfegh reflexionó sobre su líder de ventas Mi año de descanso y relajación, sus orígenes, la moda, el cine y la maternidad en el ciclo literario de las MOP Talks el pasado viernes, 10 de abril.
Después del turno de la moldava-rumana Tatiana Țîbuleac, que abrió la serie el 6 de abril explicando el nacimiento de su superventas El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (Impedimenta, 2019), ayer fue el turno de Moshfegh, antes de cederle el timón el próximo lunes, 13 de abril, a la tercera y última escritora del ciclo, Lionel Shriver.
En su trabajo suele explorar situaciones incómodas y personajes que pueden llegar a generar rechazo. ¿Qué la impulsa a explorar estas perspectivas?
Creo que gran parte del drama viene de personas que tienen desencuentros, o que no comparten la misma visión. Yo busco la tensión en una situación para encontrar el drama que puedo aprovechar para hacer que surja una historia. Creo que muchas cosas son poco agradables. No me gusta leer cosas que siento que están tratando de impresionarme, o moralizarme o enseñarme algo; quiero sentir que mi propia inteligencia está haciendo eso, automáticamente, según mis propios criterios. Por eso intento respetar la inteligencia del lector, de la misma manera en que sé que pueden soportar y manejar un escenario incómodo. La vida es extremadamente difícil e incómoda, y todos tenemos que lidiar con un montón de cosas. Y encontrarse con personajes ficticios experimentando cosas incómodas no es para tanto.
¿Cómo encuentra el equilibrio entre el humor negro y la profundidad emocional en sus historias?
No estoy segura de pensarlo o hacerlo de manera activa. Creo que es una especie de instinto, pero el humor entra en juego una vez he alcanzado cierto punto dentro de alguna experiencia emocional que el personaje está atravesando. Negativa, positiva, o algo intermedio, siempre hay un punto de inflexión y de autorreflexión o introspección, y ahí es cuando las cosas se empiezan a poner graciosas.
Muchas de sus tramas abordan el aislamiento y la identidad. ¿Percibe estas cuestiones como preocupaciones o inquietudes contemporáneas?
Creo que es difícil afirmarlo, porque, por ejemplo, tú y yo estamos viviendo en 2026 y todo se siente como 'oh, esta es la primera vez que ha pasado esto', con relación al aislamiento. Pero después también pienso en la gente que vivía hace cientos de años, y en cómo tenían sus propias granjas y su ganado y sus familias, y no necesitaban corresponderse con personas al otro lado del planeta. ¿Se sentían más o menos aislados? Pienso que lo que quizás creemos es 'oh, no, se sienten menos aislados porque seguro que habrán tenido una comunidad muy unida, muy cercana', pero eso es algo que no sabemos. A lo mejor la gente siempre se sintió así de sola, no lo sé.
Sus propios orígenes, su propia historia, su propia familia, ¿le inspiran a la hora de escribir?
Definitivamente. Creo que es una realidad común a todos los novelistas que he conocido, el hecho de que sus orígenes, su familia, sus primeros años de vida, la manera que tienen de abordar la edad adulta... Todas esas cosas son tan básicas para cómo nos imaginamos el contar historias... Me refiero, es que tenemos nuestras historias. Y mi familia en particular me resulta infinitamente fascinante, a lo mejor es por eso por lo que siempre sentí que necesito guardar una cierta distancia. Estados Unidos es un país enorme, se extiende por todo el continente norteamericano. Yo vengo del noreste, pero vivo en el suroeste, y siento que esa distancia es crucial para tener cierta perspectiva. La perspectiva no es algo que haya ganado solo con esa distancia, también es aprender a ver las cosas de una nueva manera. Vivo en el sur de California, cerca de Los Ángeles, y la mentalidad ahí es completamente diferente de aquella con la que crecí, culturalmente es muy distinto. [En el sur de California] la gente está mucho más preocupada o interesada por la conciencia y las emociones, la salud, queriendo estar equilibrado y ser auténtico a uno mismo; mientras que en New England, que es de donde yo vengo, es más sobre inteligencia, maestría —maestría en el sentido de experiencia o habilidad—, entendimiento, el estudio, la erudición... Va de no sentir tanto. Y eso era incapaz de verlo cuando estaba allí.
¿Cómo afronta la escritura de personajes moralmente cuestionables sin juzgarlos? ¿O acaso los juzga?
Creo que es como... Bueno, ya sabes, no soy un fiscal defendiendo un caso ante un tribunal [ríe]. Me refiero, mi trabajo es meterme dentro de un personaje para entender la motivación detrás de sus actos. Y, a veces, las cosas no tienen del todo sentido. Creo que, en ficción, tienen que tener sentido más a menudo, porque, si no, ya sabes, la vida es muy caótica. La vida es muy caótica, pero cuando está en un libro, las cosas adquieren una cierta linealidad, una relación de causa y efecto que me ayuda a mostrar la evolución de un personaje. Sí juzgo a mis personajes. Quiero decir, los juzgo en el sentido de que tengo sentimientos hacia ellos: algunos me aterran, otros me aburren, algunos me resultan inescrutables, hay algunos a los que odio y que luego me dan lástima. Pero, moralmente, creo que no hay ganadores en ficción.
En Mi año de descanso y relajación (Alfaguara, 2019), la narradora y protagonista de la historia busca una vía de escape, un refugio, a través de un aislamiento extremo. ¿A qué quería que se enfrentaran los lectores a través de ella?
Cuando estaba escribiendo el libro, nunca había experimentado un luto o una pena real. Había perdido a algunos de mis abuelos, pero eso es, en cierto modo, menos dramático. También había perdido a una amiga muy cercana de la infancia, y nunca lo había llegado a procesar o a reflexionar sobre qué había significado esa relación para mí. Y en Mi año de descanso y relajación, la protagonista está evitando el enfrentarse a sí misma y al duelo por la pérdida de su madre y de su padre en un corto espacio de tiempo. Ha perdido a ambos progenitores, y está varada en una especie de adultez a medias, en un momento histórico que coincide con el comienzo de un nuevo milenio, y no tiene ni idea de qué está haciendo o de cómo sentirse. Y supongo que me identifico con eso. Es como que, cuando no sé qué sentir, no quiero sentir nada en absoluto. Gran parte de eso gira en torno a esa idea de la muerte, a pensar algo como: 'ojalá estuviera muerta', aunque en realidad no quiera morirme [ríe], solo estar muerta por un ratito, algo así. Encuentro eso fascinante, todos experimentamos el navegar a través de momentos tan incómodos, y lo escondemos. Nos retraemos como animales enfermos en lo salvaje; encontramos la pequeña madriguera de zorro y nos escondemos hasta que nos encontramos mejor. Y, para mí, lo más guay de escribir ficción es que puedes entrometerte muy adentro en la privacidad de un personaje. ¿Dónde más tienes la oportunidad de hacer eso?
¿Cree que la escritura tiene más que ver con el control o con el descubrimiento?
Creo que va más sobre descubrir, para mí. Porque soy una escritora muy controladora, es por eso por lo que no puedo leer mucho, porque leo y empiezo a editar cosas en mi cabeza, y pienso: '¿qué estás haciendo? Este no es tu libro. ¿Puedo simplemente relajarme?'. No, no puedo [ríe]. Para mí, el factor que equilibra la balanza entre los dos, entre control y descubrimiento, tiene que ver con confiar en una forma superior de inteligencia, y en ese truco que me hago a mí misma: pensar que el libro ya existe en el futuro. Así que no se trata tanto de la idea brillante que pueda tener hoy, sino de acercarme a lo que la obra va a llegar a ser y, de algún modo, dejar fuera mi propia inteligencia, mi ego; asumir que, en cierto sentido, yo solo estoy ahí para hacer de escriba. Eso elimina la tensión entre control y descubrimiento. Sí, tengo que controlarme, hasta cierto punto, pero eso también puede adoptar la forma de perder el control, ¿no? Como: 'vale, hoy necesito convertirme en una especie de bestia completamente desquiciada para sacar esta escena, o este pasaje, o lo que sea'. Y eso puede ser realmente doloroso. Por suerte y por desgracia, soy alguien a quien a veces le gusta desmadrarse; a veces necesitas perder el control para descubrirte a ti misma. Pero, además, soy una artista tipo A [personas ambiciosas, extremadamente trabajadoras y exigentes], en el sentido de que soy muy rigurosa y disciplinada, y siempre estoy intentando trabajar con mi propio sentido de la organización, la construcción de la trama y el ritmo, y todo eso exige mucha autoconciencia y control.
Menciona el futuro, con esas novelas que, en cierto modo, ya existen. En este sentido, ¿tiene algún proyecto entre manos?
Estoy trabajando en una nueva novela, que espero terminar muy pronto. Llevo escribiéndola mucho tiempo, la empecé en 2022, creo. Así que lleva viviendo conmigo bastante tiempo, y estoy casi lista para dejarla ir. Estoy muy emocionada por eso, y tengo también otro libro que he dejado en segundo plano. Parece que estoy escribiendo mucho sobre adolescentes, sobre personas de 18, 19 años. Esas edades me fascinan mucho ahora mismo. Y también la idea de tener hermanos, y las dinámicas y relaciones entre ellos. Tengo muchos proyectos que tratan sobre hijos únicos, el libro que estoy escribiendo ahora va sobre eso, se llama Only children [Hijos únicos], en donde todos los personajes son hijos únicos. Y, para mí, esa era una idea loca, el tratar de pensar en un personaje que nunca tuviera hermanos, no podía concebir la idea. Y otro tema que me ronda mucho la cabeza es el del amor romántico y de qué coño va eso, no lo sé [ríe]. O sea, cuando nos enamoramos de personas que no están disponibles.
¿Tiene algún ritual a la hora de escribir?
No los llamaría rituales, pero diría que hay un baile familiar que hago conmigo misma al inicio de un proyecto, y es casi mi momento favorito. Es como si alguien te dijera: 'vale, detrás de esa pared se encuentra tu nuevo mejor amigo para toda la vida. Prepárate, está saliendo', y primero sacan una mano, y luego el brazo, y tú estás como 'oh, dios mío'. Se siente así. Así que esos rituales tienen que ver con tratar de soltarse de verdad y dejar que salga lo que tenga que salir, pero, al mismo tiempo, cuestionarme por qué estoy escribiendo lo que estoy escribiendo. Y, muy especialmente, preguntarme a mí misma por qué me asusta escribirlo. Esa es, normalmente, la respuesta que más material aporta. Es decir, estoy asustada de escribir este libro porque... Y la siguiente parte de la frase es el motivo por el que tengo que escribirlo.
- El hogar de las focas del Aquarium Finisterrae de A Coruña, en peligro de ser 'inviable' por las filtraciones: el Concello reparará el muro
- El crucero de Burdeos confinado por norovirus, que causa gastroenteritis, hará escala este sábado en A Coruña con 1.700 pasajeros
- Abre en A Coruña un 'takeaway' de comida antiinflamatoria: 'No vamos a poner pollo a la plancha
- Los feriantes de A Coruña, disconformes con la nueva intermodal de A Sardiñeira: 'Somos los más perjudicados de la reforma
- El crucero 'Mein Schiff Relax' hace su primera escala en A Coruña con más de 4.000 pasajeros y casi 1.400 tripulantes
- El veterano restaurante de A Coruña que conquista Riazor desde hace más de 25 años: 'El nombre significa albahaca en italiano y cuando llegamos no se vendía en los supermercados
- Un coche se mete en sentido contrario en Alfonso Molina escapando de la Policía Local de A Coruña
- Los 10 mejores restaurantes de A Coruña según la Guía Macarfi: del rey del arroz al mejor flan de Galicia