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Orzán, de núcleo pesquero a epicentro de la ciudad: "Es el precio de estar a dos pasos de todo"

El antiguo barrio de Pescadería en A Coruña convive entre el bullicio nocturno y la elegancia de un centro histórico que abraza el mar mientras los vecinos reclaman más limpieza y descanso

Los vecinos de Pescadería- Orzán opinan del barrio

Inés Vicente Garrido / Carlos Pardellas

A Coruña

Pescadería nació extramuros, lejos de la protección de la Ciudad Vieja, para dar cobijo a una población creciente que hizo del comercio y del mar su motor de vida. Lo que en el siglo XVI ya duplicaba en habitantes al núcleo original, hoy constituye el centro neurálgico y comercial de A Coruña. Es un espacio de contrastes donde las estrechas calles del Orzán respiran la actividad de los pubs y el diseño moderno. Sin embargo, tras la elegancia de sus edificios, los vecinos de hoy conviven con los retos propios de una zona que parece que nunca duerme.

La vida en este sector de la ciudad cambia drásticamente según la posición del sol. Durante el día, la sensación general es de tranquilidad, comercio y vida cotidiana. Por la noche, el ambiente cambia y se intensifica, especialmente en zonas cercanas al Orzán y San Andrés. Mientras las mañanas son familiares y tranquilas, las noches de los fines de semana transforman el entorno en un foco de atracción para toda la comarca.

Ana Roura, residente desde hace dos años, lo vive en primera persona: "Es tranquilo y está muy bien, pero hay bastante ruido por las noches. Mi edificio es todo gente joven, pero vivo justo arriba de una zona de bares y hay un ruido criminal". Para otros, como Washington Rodríguez, uruguayo que lleva décadas en España, la actividad es señal de vitalidad, aunque reconoce que "los viernes y sábados por la noche hay mucha música; toda esa zona de ahí alrededor es impresionante".

Lucas Corde, vecino de Pescadería-Orzán

Lucas Corde, vecino de Pescadería-Orzán / CARLOS PARDELLAS

Lucas Corde, vecino de Pescadería, coincide en que la ubicación es inmejorable, pero admite que vivir en el centro conlleva sacrificios: "Lo peor es en verano, con las fiestas o San Juan, pero son problemas del primer mundo. Al final es el precio de estar a dos pasos de todo".

Desde el otro lado, el de los negocios, Sergio Giral, trabajador de la Bombonería Praliné, ofrece una visión más equilibrada: "Normalmente, es un barrio tranquilo, días así soleados, mucha gente en bici, mucha familia". Sin embargo, también reconoce el cambio reciente: "Cada vez pasa más gente por aquí y se nota".

Uno de los puntos donde existe un consenso casi total es la necesidad de mejorar el cuidado de las calles. La acumulación de residuos, derivada en gran parte de la alta concentración de locales de hostelería, preocupa a quienes caminan por allí a diario. "La plaza en la que vivo está siempre asquerosa", lamenta Ana, quien vincula el problema a la actividad hostelera: "Hay mucho bar y restaurante sacando basura constantemente; recogen una o dos veces al día y, si no, te aguantas". Sergio también detecta este problema: "La única queja que tenemos son las basuras, porque a veces se ponen a rebosar y la gente sigue dejándolas por ahí". Sin embargo, considera que "en general el mantenimiento es bueno".

Ana Roura, vecina de Pescadería-Orzán

Ana Roura, vecina de Pescadería-Orzán / CARLOS PARDELLAS

Por el contrario, Lucas tiene una visión más positiva sobre la frecuencia de los servicios municipales: "Limpian todas las mañanas; cuando bajo al perro está pasando el camión de los cepillos. El barrio está muy bien cuidado".

La zona ha pasado por grandes hitos. La ubicación céntrica siempre ha jugado a favor del barrio en términos de movilidad. Todos coinciden en que está bien comunicado y valoran positivamente la cercanía de todos los servicios básicos, lo que permite una vida sin depender del vehículo privado. "Tienes el súper cerca, la biblioteca, el centro de salud... puedes hacer vida total aquí", comenta Lucas. Sergio destaca la vitalidad comercial de las calles aledañas: "Aparte de bares, tienes peluquerías, tiendas de estética y una floristería genial que recomiendo ver en la calle Orzán".

Para desplazarse por otras zonas de la ciudad también hay varias opciones. "Pasan muchos buses, casi todos diría yo", señala Ana. Sergio, que no tiene carnet, lo confirma: "Tengo bastantes opciones para moverme". Sin embargo, el gran problema es el aparcamiento. "Es imposible", afirma Ana. Lucas también apunta a la ventaja de no depender del coche: "Puedes ir andando a casi todo, eso es increíble".

Sergio Giral, trabajador de la Bombonería Praliné en la calle Orzán

Sergio Giral, trabajador de la Bombonería Praliné en la calle Orzán / CARLOS PARDELLAS

A pesar de la gran cantidad de servicios los vecinos no notan que sea un barrio en el que se haga vida. "Aquí la gente va a lo suyo, no se hace una vida de aldea", considera Lucas. "Yo no lo llegaría a considerar un barrio como tal", añade. Washington comparte la visión: "Es una zona en la que pasa toda A Coruña, es difícil hacer una comunidad".

El estado de algunos inmuebles preocupa a la juventud que busca asentarse. Ana desearía ver cambios en el paisaje urbano: "Me gustaría que reformasen un poco, porque desde mi casa veo un montón de edificios que están medio en ruinas. Estaría bien que llenasen más San Andrés de locales ahora que lo reformaron".

Vivir en la Pescadería no es barato. La transformación del barrio en una zona de "alto presupuesto" ha condicionado quién puede permitirse residir en sus calles. "El alquiler es muy caro, como en todas partes", afirma Ana. Lucas añade que el perfil del residente varía según la calle: "La zona de plaza Pontevedra y San Andrés es de un nivel un poquito más alto y vive gente mayor. Los sueldos ya no son los que eran antes y los precios son muy muy altos".

Washington Rodríguez, vecino de Pescadería-Orzán

Washington Rodríguez, vecino de Pescadería-Orzán / CARLOS PARDELLAS

Ese encarecimiento está transformando el perfil del vecindario. "Los que residen en el barrio son sobre todo gente mayor, pero viene mucha gente joven de paso y dan vitalidad a la zona", asegura Lucas. Con todo, Washington ve el barrio como un lugar acogedor y seguro: "Es un barrio antiguo, pero cómodo para vivir. Hay seguridad, no hay problema de que te roben ni nada y tienes al lado la preciosa playa".

Más allá del presente, los vecinos también miran al futuro. Ana pide una mejora clara: "Que reformen todos los edificios que hay medio en ruinas". También apuesta por revitalizar calles como San Andrés. Lucas, por su parte, observa una ciudad en evolución: "Se está poniendo bastante chula, tiene que seguir creciendo".

El barrio sigue transformándose, como lo ha hecho desde su origen. Entre el pasado pesquero, el presente de ocio y comercio, y un futuro aún por definir, el barrio mantiene su esencia: ser el corazón vivo de la ciudad, con todo lo que eso implica.

Más bajos comerciales

La zona peatonal del Orzán experimenta una transformación tras cuatro años de intensa actividad asociativa. Mónica Borrás, presidenta de la Asociación de Comerciantes, defiende la vitalidad actual de unas calles que logran atraer a un público numeroso y constante. "La impresión general de ambiente cambió totalmente; pasa muchísima más gente por la calle", explica la portavoz, quien lamenta que a menudo se meta a todo el barrio "en el mismo saco" por problemáticas de ruido localizadas en puntos concretos.

La nueva floristería en la calle Orzán

La nueva floristería en la calle Orzán / CARLOS PARDELLAS

Borrás percibe un cambio en el modelo de negocio, con una presencia creciente de locales dedicados al autocuidado o la ilustración. Sin embargo, advierte un obstáculo: la falta de locales disponibles para nuevas aperturas. "Muchos bajos se usan para almacenes y eso ensucia bastante una calle que podría ser espectacular", señala.

La mejora de la infraestructura urbana figura como la gran asignatura pendiente. "Falta respeto a que es una calle peatonal y hay que arreglar el suelo porque mucha gente se tropieza", denuncian desde la asociación.

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