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El Obelisco de A Coruña 'miente': así se actualizarían los datos meteorológicos de las placas del monumento más de un siglo después

Las cifras actuales señalan que la ciudad es más calurosa y lluviosa que cuando se tomaron los datos a finales del siglo XIX

Una de las placas del Obelisco con los datos meteorológicos de hace más de un siglo

Una de las placas del Obelisco con los datos meteorológicos de hace más de un siglo / Casteleiro

A Coruña

El Obelisco no solo marca un punto de encuentro y una imagen de postal de A Coruña. También guarda, a la vista de quien se detenga a leerlas, dos placas de finales del siglo XIX que resumen una vieja manera de mirar al cielo. En ellas figuran temperaturas, lluvias, vientos, presión atmosférica o humedad, como si el monumento quisiera recordar que el tiempo meteorológico también forma parte de la historia urbana. Ahora, más de un siglo después, esos datos han sido revisados a petición de este diario por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que aporta una actualización y, al mismo tiempo, una lectura histórica de aquellas cifras.

Las placas recogen unos datos climatológicos históricos que, comparados con los facilitados ahora por la Aemet, muestran una imagen algo distinta del clima de la ciudad. La diferencia más llamativa está en la temperatura media diaria [con datos de los últimos 30 años], que pasa de 13,5 a 15,3 grados, mientras que la precipitación anual sube de 909 a 1.034,9 milímetros. También desciende ligeramente la humedad relativa media, del 82 al 78 por ciento, y se reduce la diferencia entre las temperaturas medias de invierno y verano, de 8,5 a 7,7 grados. En cambio, la presión media al nivel del mar apenas varía, al pasar de 763,9 a 763,4 milímetros de mercurio, y los vientos dominantes se mantienen del norte y nordeste.

Imagen del Obelisco a principios del siglo XX en una postal

Imagen del Obelisco a principios del siglo XX en una postal / LOC

Los valores extremos también reflejan diferencias relevantes entre lo grabado en las placas y la serie actual de la agencia meteorológica. La temperatura máxima absoluta ya no es de 36 grados, sino de 39,6, registrada el 28 de agosto de 1961, mientras que la mínima absoluta baja de -2 a -3 grados, anotada el 22 de febrero de 1948. La racha máxima de viento también resulta muy superior a la indicada en el Obelisco: frente a los 28 metros por segundo de la inscripción, la Aemet sitúa el récord en 44,4 metros por segundo, medidos el 16 de febrero de 1941. En conjunto, la actualización de la agencia meteorológica dibuja una A Coruña más cálida, más lluviosa y con episodios extremos más intensos que la que reflejan las antiguas placas del monumento.

Un observatorio en la plaza de Pontevedra

Pero más allá de la comparación, la historia de esas placas lleva a otro lugar de la ciudad: el antiguo Instituto de Enseñanza Media. Rafael Sánchez, meteorólogo de Aemet en A Coruña, explica que esos datos “corresponden a un observatorio que había en el instituto de la plaza de Pontevedra”, donde funcionó una estación hasta 1916 aproximadamente. En las primeras décadas de la meteorología española, añade, la organización de estos observatorios seguía una lógica sencilla: “En las ciudades donde había universidad, la gestión se encomendaba a la universidad, y donde no había, pero había un instituto, era un profesor, normalmente de Física, el que se encargaba”. El docente que lo dirigía se llamaba Acisclo Campano y dio clase a todo un ilustre. “Fue profesor de Picasso cuando estudiaba en ese instituto”, recuerda Sánchez.

El Instituto Eusebio da Guarda en la plaza de Pontevedra a principios del siglo XX

El Instituto Eusebio da Guarda en la plaza de Pontevedra a principios del siglo XX / LOC

Allí, precisa Sánchez, los aparatos estaban situados en la terraza del edificio. Y ese detalle resulta clave para interpretar correctamente los datos históricos. “Tenemos un problema, y es que algunos de estos datos, por ejemplo la temperatura media de 13,5 grados, es probable que, por la forma en que se tomaban las medidas, no sea demasiado realista de las condiciones de la ciudad en aquella época”, señala.

El valor patrominal de las placas

La actualización, sin embargo, no implica que las placas deban sustituirse. Al contrario. Sánchez defiende conservarlas tal como están, por su valor patrimonial y simbólico. “Yo creo que es mejor dejarlas, porque si no sería como cambiar algo que tiene ya una tradición histórica”, sostiene. A lo sumo, plantea una solución complementaria: “Si acaso, podría añadirse en el suelo una plaquita que diga que estos datos corresponden aproximadamente a tal periodo, o incluso que la información más reciente estuviera fuera del propio Obelisco”.

El Obelisco en 2026 con una de las placas que muestra los datos meteorológicos en la parte frontal.

El Obelisco en 2026 con una de las placas que muestra los datos meteorológicos en la parte frontal. / Casteleiro

Para Sánchez, además, ese pequeño museo al aire libre tiene un valor añadido, ya que recuerda la larga tradición meteorológica de la ciudad. El experto subraya que en 1914 ya llegaron a A Coruña meteorólogos profesionales dedicados en exclusiva a esta labor, origen del Observatorio Meteorológico coruñés, primero en la zona del puerto y desde 1930 en su actual ubicación. “Este observatorio tiene, por tanto, más de un siglo de registro y eso no es algo muy común”, destaca.

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