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La Atalaya de A Coruña, la "joya" única en España de Antonio Tenreiro cuya "esencia" han "destruido" las reformas

El edificio, ahora dedicado a hostelería, se concibió para múltiples usos, entre ellos una biblioteca infantil, y en un inicio tenía una gran terraza y un espacio abierto con columnas

El arquitecto Fernando Agrasar, que estudió la historia de la construcción, pide volver al estado y dedicaciones originales del inmueble y revertir su "evidente deterioro"

Trazado lateral de la Casilla Biblioteca de 1933, actualmente La Atalaya.

Trazado lateral de la Casilla Biblioteca de 1933, actualmente La Atalaya. / Fernando Agrasar

Cuando La Atalaya de los Cantones se inauguró en la Segunda República como Casilla-Biblioteca, en base al diseño del arquitecto coruñés Antonio Tenreiro, era un espacio muy distinto. Ahora hay una estructura compacta en el piso elevado, con una pequeña terraza, pero en un principio esta ocupaba la mayoría de la cubierta, con una torre. Parte de la estructura estaba formada por un espacio abierto con columnas, ahora cerrado. Y también ha cambiado su función: el inmueble, municipal pero con Gasthof como concesionaria hasta 2024 está ahora dedicado a la hostelería, pero en un principio, se concibió albergar una biblioteca infantil y servicios municipales.

El Concello le ha concedido una licencia a la empresa gestora para repintar e impermeabilizar, pero el organismo que regula las obras en el centro histórico pidió que los trabajos tienen que encaminarse a devolver el edificio a su estado inicial. El profesor y exdirector de la Escuela Superior de Arquitectura de la Universidade de A Coruña Fernando Agrasar, ha estudiado el edificio original, al que considera de "valor absolutamente excepcional", y considera que, pese a que el edificio está incluido en el catálogo municipal de elementos protegidos, las reformas "han destruido su esencia". "Debemos reclamar la restitución de su estado y usos originales", defiende.

ATALAYA CAFETERIA MIRADOR JARDINES MENDEZ NUÑEZ

La Atalaya de los Jardines de Méndez Núñez, en su estado actual. / CASTELEIRO

La comisión del Plan Especial de Ciudad Vieja y Pescadería (Pepri), que analizó la petición de licencia de obras, determinó que se debe buscar el cromatismo original del edificio. También puso como condición que se eliminase la cartelería y otros elementos "descontextualizados" y que se realizasen otras intervenciones como sustituir las carpinterías metálicas por otras de madera pintada.

Recuperar la esencia

Pero los cambios, explicar Agrasar, han sido más profundos, desde "colocar un volumen acristalado grande donde había una terraza, con una nueva cubierta" a cerrar el espacio con columnas, antes abierto, "para incorporarlo a la cafetería". Las barandillas eran de hierro y ahora son "brillantes, de tubo de acero cromado". Los cambios, siempre según el arquitecto, se han realizado "con escaso respeto a su arquitectura y a sus valores", y a esto se une su "evidente deterioro". Devolverlo a su estado inicial "no es fácil", admite Agrasar. Ha cambiado irreversiblemente la relación con el entorno, pues se concibió "como un barco al mar" y ahora la línea de costa ha cambiado, si bien quizás "la futura integración del Puerto en la ciudad ofrezca alguna oportunidad de mejora".

Trazado de la Casilla Biblioteca de 1933, actualmente La Atalaya, con el diseño original de la torre.

Trazado de la Casilla Biblioteca de 1933, actualmente La Atalaya, con el diseño original de la torre. / Fernando Agrasar

Pero " los Jardines siguen estando ahí, configurando el entorno para el que fue concebido el edificio". Agrasar defiende que el Concello y los responsables de Patrimonio deberían "reflexionar sobre el significado y valores añadidos que supondría recuperar integralmente esta joya arquitectónica" y no "consolidar los errores cometidos autorizando arreglos sobre las actuaciones que han desvirtuado su arquitectura". Para el arquitecto, la devolución al estado original no debería quedarse en obras de estructura, sino también recuperar la biblioteca infantil que albergó originalmente. El edificio original, pese a su escaso tamaño, "resuelve un programa de biblioteca, bar, lugar de estancia, almacenillo de aperos de jardín y aseos públicos", indica el arquitecto.

Síntesis de las vanguardias

Y, aunque el arquitecto considera que "debemos hablar en pasado", tuvo un valor "absolutamente excepcional, por su singularidad", pues es "la edificación que en los años treinta y en toda España comprende de una forma más madura y brillante la naturaleza de las vanguardias artísticas de principios del siglo XX". Cuando Antonio Tenreiro realizó el proyecto en 1933, era arquitecto municipal y ya tenía una "exitosa trayectoria profesional", con edificios como el del Banco Pastor, situado junto a los cantones.

En la actual Atalaya integró el cubismo y la obra del arquitecto francés Robert Mallet-Stevens. E integró elementos arbóreos, como, puntualiza el arquitecto, el Pabellón del Espirit Nouveau de Le Corbusier y Charlotte Perriand en la Exposición de Artes Decorativas de París de 1925. La casilla, para Agrasar, es "un arranque brillante" de la exploración sobre las posibilidades de la modernidad que realizó Tenreiro durante la II República, una trayectoria "truncada por la guerra".

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