El bar de A Coruña que conquista Os Mallos con su churrasco en barril: "Mis platos no tienen nombre, me los invento"
El local de Cristina Sampaio mezcla lo mejor de Brasil y de Italia para ofrecer una de las propuestas gastronómicas más exóticas de la ciudad
Su carne, asada con el método brasileño, y sus "auténticas" caipiriñas ya han cautivado al barrio

Gustavo de la Paz
Existe un bar en Os Mallos donde los clientes nunca saben qué van a encontrar en la carta. La oferta cambia cada día igual que un caleidoscopio, ofreciendo toda clase de manjares brasileños e italianos que Cristina Sampaio, la propietaria, rescata día a día de su memoria.
En muchas ocasiones, algunos solo existen en su cabeza hasta que los emplata o los expone en la vitrina. "Doy platos que solía comer en Brasil y muchos no tienen nombre. Por eso me los invento", cuenta entre risas la cocinera de Cravo&Canela, que ama los fogones casi tanto como odia la rutina.
Así, su establecimiento de la Rúa Oidor Gregorio Tovar, es, probablemente, el único sitio del mundo en el que se pueden probar ciertas recetas. Entre ellas, su conocido como "vaso de la felicidad", un capricho dulce de bizcocho y chocolate blanco que, dice su creadora, "lleva de todo" para embrujar los sentidos.

Cristina Sampaio, propietaria de Cravo&canela, con una de sus elaboraciones. / Gus de la Paz
Aunque si algo ha cautivado a los vecinos del barrio, esas son las raciones de carne asada que prepara cada domingo religiosamente. Se trata de una de las pocas elaboraciones que ha aceptado fijar en el menú y para la que no necesita ni humo ni grandes parrillas: tan solo un barril y mucha maña.
Así es Cravo&Canela, el local que lleva el sabor de Brasil a Os Mallos

El churrasco en barril de Cravo&canela, en Os Mallos. / Cedida
"En Brasil es habitual hacer el churrasco en barril. Como la grasa de la carne no hace contacto con el carbón, no hay humo y sale una carne más limpia", explica Sampaio. El resultado, asegura, "sabe totalmente diferente" y está "mucho más jugoso". Tanto que el local se convierte en una locura el último mediodía de cada semana, cuando la dueña llega a elaborar hasta 15 trozos de carne cada 40 minutos.
Sus feixoadas, que la transportan directamente a su tierra natal, también son famosas entre los comensales. Para degustarlas siempre pone la misma música, salsa, porque en Brasil la receta "siempre se toma así" y hay que seguir la tradición.
Si se quiere vivir una experiencia aún más auténtica, se puede acompañar con una caipiriña, muy diferente a la que preparan quienes nunca han cruzado el charco. "Aquí le meten sirope de azúcar y eso no se hace. Hay que usar azúcar de caña y limón de verdad", dice la brasileña, que ejerció la abogacía en Italia antes de aventurarse en el mundo de la hostelería.

La famosa caipiriña del Cravo&canela, en A Coruña. / Gus de la Paz
Allí es donde aprendió a hacer las pastas caseras que hoy sirve en Cravo&Canela, como los canelones y la lasaña, aunque tampoco se olvida de algunos de los mayores exponentes de la gastronomía gallega. "Nuestros callos son tan buenos que fueron saltando de boca a boca. La gente siempre se acerca para decirnos que va a venir a buscarlos el fin de semana", cuenta, satisfecha de haberse ganado al público con sus elaboraciones.
El suyo no es solo orgullo de cocinera, sino el de alguien que ha tenido que abrirse camino en un país nuevo. Aunque ya han pasado dos años, recuerda bien el esfuerzo que le costó lograr que su negocio arrancara en una A Coruña que, en principio, no parecía demasiado acogedora. "¿Te digo la verdad o la mentira? El inicio fue muy duro. Imagínate, una pareja extranjera, todo el mundo desconfiando".
Pero, entonces, el olor de sus recetas saladas y dulces empezó a inundar la calle y el barrio se acabó rindiendo. La chef brasileña terminó obteniendo una clientela fiel de la que, en ocasiones, han llegado a surgir verdaderas amistades que todavía la visitan hoy en día.

Cristina Sampaio con su vecina Celia, en la fiesta de cumpleaños organizada en su honor. / Cedida
Ese fue, por ejemplo, el caso de Celia, una de las residentes más longevas de Os Mallos. Aunque ahora tiene 87 años, la vecina comenzó a frecuentar Cravo&Canela hace dos -"desde que abrimos"-, con la intención de alegrar sus días de retiro con sabores de otras tierras.
Con ella es con la que Sampaio ha vivido uno de los recuerdos más bellos que conserva del local. "Una vez me dijo que nunca le habían organizado una fiesta sorpresa, así que le hicimos una. Llamé a la gente más mayor de la calle y celebramos su cumple", recuerda la propietaria del negocio, por el que no hay tarde que Celia no se asome. "Se quedó muy feliz y viene a comer todos los días".
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