Entrevista | Enrique Piñeyro Humorista y piloto de avión
El humorista Enrique Piñeyro aterriza en A Coruña con su propio avión y un monólogo sobre el error humano: "Pilotar es lo que me mueve a pensar"
El cómico argentino, piloto, cocinero y médico de formación, presentará su espectáculo Volar es humano, aterrizar es divino este sábado 18 en el Teatro Colón, a las 20.00 horas. El número se desarrolla en una cabina de avión a tamaño real y con proyecciones en 3D

El cómico y piloto de aviones, Enrique Piñeyro, en la entrada del Hotel NH Finisterre. / Carlos Pardellas
El humorista Enrique Piñeyro ha llegado esta semana al aeropuerto de A Coruña a los mandos de su propio avión, un Bombardier Global 8000, el segundo más rápido de su tipo. Ejerce como piloto en sus vuelos privados y en los de labor humanitaria alrededor del mundo, que ya superan los 100. También regenta dos restaurantes y no olvida su formación en Medicina, ámbito al que prevé volver después de retirarse. De apellido "bien gallego", como él define, Piñeyro ofrecerá su número cómico desde la cabina de un avión a tamaño real sobre las tablas del Teatro Colón este sábado 18, a las 20.00 horas. El montaje escénico lleva un día entero y su monólogo, Volar es humano, aterrizar es divino, cuenta con proyecciones en 3D. Darán al público gafas especiales, en las cuales hay un código QR vinculado a la receta del cómico de chipa relleno. En lo que respecta a Enrique Piñeyro, todo está conectado.
Aterriza en A Coruña con su espectáculo Volar es humano, aterrizar es divino, ¿conocía ya estas pistas?
Sí, sí. Acá ya lo tuvimos aunque con otro tipo de texto, siempre lo cambiamos y adaptamos. También estuvimos en Vigo en otras ocasiones. En Santiago de Compostela no cabe el espectáculo. Todos los años, entro a un teatro y veo una placa ridícula o algo, le saco una foto y lo incluyo en el espectáculo. Se actualiza todo el tiempo y según donde vayamos, incluimos la localidad. Son personajes que son todos iguales. Están todos los parlamentos del mundo. Hay presidentes que tienen rasgos comunes, cambian de nombre, pero no de formas. Aquí, para A Coruña, lo españolizamos un poco. Podemos representar a políticos argentinos o españoles, da igual. De hecho, los políticos escriben una gran parte del espectáculo y lo hacen desinteresadamente, no cobran regalías. Aprovecho que no tienen copyright las tonterías que dicen.
Su currículum es sinónimo de diversidad.
Si fuera cierto todo lo dicho en los currículos, seríamos todos divinos. Habría que ver si todo lo que digo es cierto, quién sabe. El trabajo que siento, en realidad, es hacer confluir las todas cosas tanto en los vuelos humanitarios, como en la productora de espectáculos o en el restaurante. Esas actividades... Siempre digo que parecen una broma. Para mí, por ejemplo, estudiar Medicina me sirvió muchísimo para cocinar porque comprendo toda la bioquímica que está pasando adentro. Me doy cuenta que los cocineros no tienen ni idea, en general.
El espectáculo es el de un cómico con formación de médico, que ejerce como piloto de aviones y cocina en dos restaurantes de su propiedad, entre otros oficios. De todo ello, ¿qué se relaciona más con usted?
Pilotar es lo que me mueve a pensar. El espectáculo es precisamente eso. Si hiciésemos las cosas como las hacemos en los aviones, este sería un mundo mucho más amable, respetuoso con la vida, seguro y con relaciones laborales muy tranquilas, positivas. Tampoco penalizaríamos errores, porque el error es una parte indivisible de la conducta humana. Enojarse con alguien porque comete un error es como enojarse porque estornuda o tiene tos. Además, el error permite que uno al no ser sancionado por los errores pueda comunicarlo. Eso estimula. El jefe se equivoca igual que el copiloto, solo que tiene más experiencia. El comandante es asignado comandante porque tiene más hora de vuelo y asumimos que va a tomar mejores decisiones, pero no es comandante porque se equivoca menos. Además, soy piloto para no volar en clase turística.
Le interesa el error humano como materia, ¿está bien que nos riamos de él?
Está espectacular que nos riamos de él en un show, sin puntualizar y sin señalar. Pero cuando uno empieza a reírse de errores de otro es porque no te quieres reír de vos mismo. Los vas a cometer, te garantizo que antes que den las 11:00 horas, nos vamos a equivocar. Incluso en los vuelos nos equivocamos. Lo que pasa es que está contenido, minimizado, detectado en fase temprana y los procedimientos de minimización de consecuencias están activos. ¿Cómo hacemos para evitar errores?, ¿cómo es más fácil no equivocarse?, ¿cómo hago para que esto no pase? En general, pensamos qué va a pasar. Así se puede gestionar, si uno construye procedimientos que mitiguen los riesgos y puedas gestionarlos en vez de encontrártelo de golpe.
Volar es humano, aterrizar es divino. El título es poético.
Es un poco una ironía sobre el aplauso del aterrizaje. En el fondo, cuando aterrizamos y aplauden, ahí adelante nos preguntamos: ¿qué habrá sucedido? ¿Por qué aplauden, o sea, qué esperaban, no llegar? Me imagino el diálogo de los pasajeros diciendo uno a otro: ¿por qué aplauden? No sé, parece que el piloto sabe aterrizar. Fuera de broma, claramente es una liberación de tensión, porque las dos ambiciones inmemoriales del hombre fueron volar y ser inmortal. Estás en la cabina de piloto y ves cierta euforia de haber logrado una de ellas; te cruzas con el pasajero y ves la angustia de no haber logrado la otra.
Usted, como Enrique Piñeyro, ¿disfruta más en la vida siendo piloto o copiloto?, ¿llevar o ser llevado?
Piloto. Es muy interesante esto, pero me quedo como piloto. Cuando llevas el avión, es todo más simple. No voy a estar tratando de demostrar que mi propuesta era mejor. Ya está, o sea, hay uno que decide y ese es su trabajo.
¿Qué se aprende a mandos de un avión que no se aprenda en cualquier otro sitio?
Aprendemos a tener conciencia situacional, a saber dónde estamos parados, y cuáles son las prioridades. Aprendemos a liderar con un liderazgo tranquilo, donde todo el mundo se sienta respaldado y si tiene una duda sobre la operación, que la diga. Aprendemos a escuchar, aprendemos a comunicar de manera clara e inequívoca. Se aprende a educar porque ahí no confiamos en la memoria. La memoria es algo estructural. Aprendemos a educar en términos de que se utilicen todos los recursos disponibles. Aprendemos no a encajar el mapa en el suelo, sino el suelo en el mapa; y si lo que veo en el suelo no está en el mapa, es que estoy perdido, punto. Pide ayuda, que no tiene nada de malo, aunque seas hombre, incluso.
Veo mucha técnica en la aviación, pero, ¿sigue tanta técnica en el humor?
Hay niveles de abstracción. Me parece, que en el humor, siento muchas veces que las cosas que me causan gracia pasan por la literalidad. El sentido de despojar a la palabra de cualquier otro sentido que no sea el absolutamente literal; la reiteración al infinito de algo que empieza a ser gracioso en un punto; las conclusiones absurdas y encontrar las trampas del lenguaje, como palabras que no van juntas. No pueden ir juntas, como Ciencias Políticas. Estamos todos locos, mal de la cabeza. ¿Cómo ciencias? ¿Tiene la menor idea de lo que es una ciencia? O banquero de confianza. Se salió esa expresión. Qué desconfianza, diría. Hay que estar atento porque el humor está ahí como en el aire. Solo hay que tomarlo.
¿Recuerda alguna representación del espectáculo que haya sido más dura que algún vuelo?
La primera. Fue un espanto. Estaba todo mal, eran las 21:10 horas y estábamos tratando de hacer salir el sonido con un micrófono inalámbrico pegado a la computadora. No salía el sonido. Era todo ridículo, una apuesta absurda. De hecho, estoy tratando de que no queden testigos de eso, pero lentamente. Que vuelvan a verla y si se resisten a volver a verla, en fin. (ríe)
Y su humor, aparte de ácido, ¿de dónde surge? ¿Del carácter argentino?
Puede ser. Si uno vive en Argentina, más vale que se ría de lo que pasa, porque si te lo tomas en serio es para llorar. Es cotidiano. Es el juego del adulto, el humor. Los adultos jugamos a las palabras, los chicos con juguetes. En eso siento que no he madurado Sigo teniendo ocho años y sigo jugando todo el día. De hecho, la aviación no es otra cosa que haberme metido dentro de mis juguetes, porque yo jugaba con aviones.
¿Los cambios de oficio han sido una necesidad personal?
No, yo decía que era un conflicto vocacional que terminaba con las carreras. Entonces una colega española me dijo: ¿no tendrás un trastorno de atención? Y me interesó esa definición. La realidad es que nunca me interesaron las carreras, siempre me interesaron los proyectos. El proyecto de infancia era ser piloto de un jet en una línea aérea. Volaba abajo, en la escalera. Me había hecho toda una cabina de avión dibujada con todos los controles y caía el papel con las nubecitas dibujadas. Eso no impide y no bloquea. Estoy haciendo lo que hacía a los seis años. Actuaba y cocinaba, porque cocinar siempre fue como descubrir la alquimia.
Pero, ¿y la parte de médico?
Eso vino después, en un viaje de egresados donde fui al norte del país y encontré con una realidad muy distinta a la de un colegio bilingüe en las periferias de Buenos Aires. Siempre me gustó la medicina igual, de hecho, creo que cuando sea grande voy a volver a practicar. Mi padre era médico, además. No creo que sea tan preciso ese oficio, hay que entender con mucha observación. Estamos hablando de una medicina de cero observación y una ejecución predeterminada básicamente por el laboratorio, la farmacología. Siento que se limita a leer una serie de números, corregir números. Creen que todo es hereditario. Vas a la consulta traumatológica por un esguince del pie jugando al fútbol, y te preguntan si tienes algún antecedente familiar de esguince jugando al fútbol.
El miedo a volar existe, alguna gente lo tiene. ¿Es miedo a volar o a mirar desde arriba?
A ver, tuvimos una discusión hace no más de 48 horas al respecto con mis dos coguionistas. Me decían que era miedo a no tener control. Para mí, es miedo a la turbulencia, en general. Las escenas de mayor locura las ves cuando hay turbulencia. Para mí la turbulencia, en cualquier ámbito, pone en tela de juicio tu sustentación, básicamente. Además, sobre el miedo a volar, esa fantasía en que se apagan todos los motores... No pasa nada, se apagan todos los motores y uno tarda 25 minutos en llegar al suelo. Lo único que tienes que hacer es bajar el morro y te puedes ir planeando. Tu problema no es llegar sin motores, es torcerte estando arriba.
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