El histórico estanco de A Coruña que sobrevive desde hace más de un siglo: "Por aquí pasaban hasta 500 personas al día"
El comercio, abierto en 1918, lleva cuatro generaciones viendo cambiar el centro de la ciudad

Carlos Pardellas
Para Carmen Paz, la bisabuela de Eloísa Rivas, el pequeño estanco que le concedieron en el centro de A Coruña fue un auténtico balón de oxígeno. Hacía poco que el siglo XX se había abierto paso en el calendario y ella, una mujer viuda con una hija, tenía pocas opciones para ganarse la vida dignamente.
Quizá por primera vez en su existencia, su condición de mujer jugó a su favor para obtener un diminuto negocio en la ciudad. "Los estancos no se heredaban ni se compraban, había que solicitárselos al Estado o conocer a quien movía los hilos. Solían ser mujeres a las que se los daban, pero, aun así, fue toda una suerte", explica Rivas, la cuarta generación tras el Estanco Rúa Nueva.
La actual encargada lleva casi 30 años gestionando el local que Paz puso en marcha en 1918. Antes de ella estuvieron también sus abuelos y su tía, a los que aún recuerda moviéndose frenéticamente por el reducido espacio del comercio para tratar de atender la fila de clientes que se extendía hasta la calle.

Eloísa Rivas, encargada del histórico estanco Rúa Nova de A Coruña. / Carlos Pardellas
Porque, en esta histórica casa de puros coruñesa, llegaban a formarse verdaderas colas para hacerse con un buen tabaco o con elegantes enseres de fumadores. "Se fumaba mucho más que ahora y este era uno de los pocos estancos que tenía de todo en A Coruña, por eso venía gente incluso desde Lugo para comprar. Teníamos tabaco hasta cuando faltaba en los almacenes de la Tabacalera", cuenta con orgullo la empleada, que visualiza como si fuera ayer su infancia entre los estantes de madera del negocio.
Su recuerdo es el de una niña inquieta, que estaba "siempre molestando" hasta el punto de obligar a su familia a "echarme fuera". Y es que lo normal es que por el comercio pasaran "hasta 500 personas al día", causando "un trajín"-a veces, insostenible- de mecheros, ceniceros y sellos para enviar cartas.
Cuenta que "a la gente aún le sorprende todo lo que se vendía" en el estanco, en el que ahora se despachan, sobre todo, cigarrillos, tabaco de liar y alguna pipa para los fumadores más vintage. Antes, sin embargo, no hacía falta fumar para ir al número 6 de la Rúa Nova, al que se debía acudir para hacerse con muchos de los documentos "que hoy están informatizados".
"Si querías hacer las últimas voluntades, tenías que ir al estanco. También se venía a por Letras del Tesoro, pólizas e incluso a por el certificado de penales", recuerda Rivas. Los coleccionistas de sellos eran otros de los que visitaban religiosamente el mostrador en busca de las últimas estampas para sus álbumes. Una línea de negocio que, personalmente, la encargada se alegra de haber dejado en el pasado. "Fuimos estanco filatélico, así que teníamos todos los sellos que se emitían y se los guardábamos a los coleccionistas. Pero menos mal que eso se acabó, porque era mucho trabajo", ríe.
El Estanco Rúa Nueva, la cueva del tesoro del centro de A Coruña
Aunque sufrió una reforma hace un tiempo para "acomodarse a las nuevas necesidades", el interior de este emblemático negocio de A Coruña aún huele a historia. Tanto la fachada como la puerta de madera y sus característicos escaparates curvos siguen intactos, actuando como una suerte de cofre que esconde algunas joyas centenarias.

Una de las pipas del Estanco Rúa Nova de A Coruña. / Carlos Pardellas
Rivas conserva, por ejemplo, un curioso utensilio para abrir cajas de puros, que ya usaba su abuelo cuando regentaba el estanco. Pero hay otro artilugio que se lleva todas las miradas: una silla de forja que se transforma en escalera, ideada por su propio antecesor para llegar a los últimos estantes.
"La gente me pregunta dónde puede conseguir una, pero yo ya les digo que no la compré. La escalera la diseñó mi abuelo y también tenemos otras cosas que trajo de América, como herramientas para revisar o cargar mecheros", asegura la encargada, que guarda "todo lo que sigue siendo útil".
A pesar de que esos instrumentos continúan funcionando, Rivas no sabe si tendrá que utilizarlos durante mucho más tiempo. La era actual, una de las épocas con menor presencia de fumadores, no es la mejor para negocios como el suyo, que se enfrentan a leyes para disminuir el consumo de nicotina y a nuevas propuestas que podrían reducir a la mitad los estancos de A Coruña. "No sabemos dónde va a acabar el negocio del tabaco, porque la sociedad va cambiando y creo que a mejor. Yo espero jubilarme aquí, pero tampoco soy de pensar en el futuro. Hay que vivir el día a día", apunta.
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