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La Sagrada Familia, entre lo que se dice y lo que se vive: "Nunca tuvimos ningún problema"

Aunque este barrio de A Coruña presenta una mejora evidente en infraestructuras, la percepción de seguridad varía entre los vecinos, con jóvenes que expresan inquietud ante la ocupación de viviendas y con el comercio local como punto fuerte de la zona

Vecinos de la Sagrada Familia opinan del barrio

Inés Vicente Garrido / Casteleiro

A Coruña

La Sagrada Familia arrastra desde hace décadas una fama difícil de desmontar. Para muchos coruñeses, el barrio sigue asociado a inseguridad, conflictos o pequeños delitos, una imagen que se repite con facilidad pero que, al escuchar a quienes viven allí, se revela incompleta. A pie de calle, la realidad es otra. "Aquí no hay problema alguno. Nos conocemos todos", asegura Edmundo Fernando do Campo, que llegó al barrio en 1959.

Esa distancia entre la percepción externa y la experiencia real aparece desde el primer momento en el relato de quienes llevan toda la vida en el barrio. Edmundo habla con la calma de quien ha visto pasar décadas: "A Coruña ha cambiado todo en general y el barrio más o menos creció, pero yo pienso que es igual. Igual sí que mejoramos algo". Recuerda una época en la que los barrios periféricos concentraban más problemas sociales y menos recursos, y desde ahí valora la evolución. "Antaño aquí, como en todos los barrios, había muchas cosas malas, pero ahora pienso que en ese sentido sí mejoró mucho", considera.

Ese mismo hilo lo retoma Mercedes Regueiro, vecina desde hace más de medio siglo, que sitúa el cambio en lo tangible, en lo que se ve y se pisa cada día. "Cambió un montón, empezando por el parque de Vioño, que antes estaba todo mal y ahora está de maravilla. No había un supermercado y ahora tenemos de todo, cambió muchísimo", explica, antes de rematar con una frase que resume su sensación actual: "Ahora estoy encantada. No me mudaría por nada". Sin embargo, esa mejora evidente en infraestructuras y servicios no ha ido acompañada de un cambio igual de rápido en la reputación del barrio, que sigue anclada en un pasado que muchos consideran superado.

Mercedes Regueiro, vecina de la Sagrada Familia

Mercedes Regueiro, vecina de la Sagrada Familia / CASTELEIRO

Para los vecinos de mayor edad, la experiencia personal pesa más que cualquier titular. "Dicen por ahí que la seguridad no está muy bien, pero a mí nunca me pasó nada", asegura Mercedes. Edmundo coincide en esa percepción tranquila. "Yo nunca vi nada fuera de lo normal", afirma Edmundo, e insiste en la convivencia diaria: "Hay muchas personas de otras etnias muy adaptadas. Nos llevamos bien con todos".

Sin embargo, esa tranquilidad no es absoluta ni compartida por todos. Las generaciones más jóvenes introducen matices que reflejan cambios recientes y nuevas preocupaciones. Sara García, que lleva tres años y medio viviendo en la Sagrada, reconoce el ambiente tranquilo del día a día, pero no oculta cierta inquietud: "Yo no me siento del todo segura. Creo que habría que poner bastante más seguridad". Su percepción se vincula a situaciones concretas, como la ocupación de viviendas. "No se ha ido la gente que estaba ocupando esos pisos, entonces realmente no estamos del todo seguros", argumenta.

Edmundo Fernando Lozano y María Luisa Rodríguez, vecinos de la Sagrada Familia

Edmundo Fernando Lozano y María Luisa Rodríguez, vecinos de la Sagrada Familia / CASTELEIRO

Desde el comercio local, la visión vuelve a equilibrarse y aporta otra perspectiva ligada al contacto constante con el vecindario. Tania Pardo y Débora Varela, de VL Estilistas, desmontan parte de ese estigma con su experiencia: "Era más de lo que es. Nunca tuvimos ningún problema. A veces es una mala fama que te cogen y ya todo lo achacan a la Sagrada". Su día a día, rodeadas de clientes habituales, refuerzan que "la vida diaria funciona con normalidad" en el barrio.

Esa normalidad se percibe especialmente en el ritmo. "Es bastante tranquilo, sobre todo durante el día. Hay un montón de gente por la calle", explica Sara. Esa presencia constante de vecinos, de "gente que entra y sale, que pasea o hace recados", construye una sensación de "vida activa" que contradice la imagen de abandono o peligro. Las estilistas perciben una relación especialmente estrecha entre vecinos más allá de los círculos cercanos. "Aquí la gente suele ir a los establecimientos del barrio y se hace comunidad. Es una clientela fiel y se agradece", explica Tania, destacando una de las características más valoradas de la zona: su capacidad para "mantener una economía de proximidad".

Sara García, vecina de la Sagrada Familia

Sara García, vecina de la Sagrada Familia / CASTELEIRO

De hecho, si hay un punto de acuerdo total entre los vecinos es la calidad de los servicios. La Sagrada Familia permite hacer vida completa sin salir de ella. "Hay de todo", resume Edmundo, mientras Mercedes detalla su rutina: "Voy al supermercado, tengo la farmacia aquí al lado, otra allí, el Eroski, el Mercadona, la peluquería… tenemos de todo". Sara lo traduce en comodidad: "Puedes hacer la compra de todo lo que necesites a menos de 5 minutos de casa".

Esa evolución comercial se suma a otra realidad menos visible pero igualmente importante: la desigualdad entre calles. Las trabajadoras de VL Estilistas lo explican con una frase clara: "Cambias de calle y es otra historia". Mientras algunas zonas presentan una imagen cuidada y activa, otras acumulan locales cerrados y falta de mantenimiento. "Están sucios, totalmente dejados. Eso da mala imagen y hace que a la gente no le apetezca pasar por ahí", señala Débora. No se trata, insisten, de un problema del barrio en sí, sino de "la gestión de esos locales y propiedades".

Tania Pardo y Débora Varela, de VL Estilistas en la Sagrada Familia

Tania Pardo y Débora Varela, de VL Estilistas en la Sagrada Familia / CASTELEIRO

Las transformaciones urbanísticas recientes también han dejado huella, especialmente en la movilidad. La peatonalización de algunas calles ha mejorado la experiencia para el peatón, pero ha complicado el día a día de quienes utilizan el coche. "El aparcamiento es fatal", lamenta Débora. A esto se suma la percepción de que el transporte público podría mejorar. "Tienen que poner más buses", reclaman desde el comercio, mientras Mercedes concreta la necesidad: "Me gustaría que hubiera un autobús directo al centro". Sin embargo la "muy buena ubicación del barrio" atrae a muchos coruñeses. "Al final es una zona muy bien ubicada, a dos pasos del centro, y que tiene de todo y se vive bien", asegura Sara. Edmundo reconoce llevar mucho tiempo "sin bajar al centro" porque el barrio cuenta con todo.

En paralelo, otro de los grandes desafíos del barrio aparece con fuerza: el acceso a la vivienda. Desde el sector comercial lo describen sin rodeos: "Está carísimo. Hay pisos de 900 y 1.000 euros". Una situación que contrasta con la percepción de Sara, que cree que puede ser algo más asequible que otras zonas, aunque reconoce que no tiene una visión completa. En cualquier caso, el problema existe y afecta incluso a quienes trabajan en el barrio y querrían vivir en él: "Nos gustaría, pero es imposible encontrar algo", reconoce Tania.

"Estamos peleando para tener un barrio muy bonito"

Juan José Rodríguez, presidente de la asociación de vecinos, define la Sagrada Familia como un entorno en plena transformación que camina hacia un modelo de barrio "espectacular". Rodríguez desmiente la etiqueta de zona conflictiva, invitando a consultar los datos policiales para confirmar que la inseguridad es un estigma del pasado que "ya no va a existir". El representante vecinal destaca el valor de una "ubicación estratégica" que cuenta con la estación intermodal a un paso y servicios completos: "Tenemos absolutamente de todo a mano".

Barrio de la Sagrada Familia

Barrio de la Sagrada Familia / CASTELEIRO

El futuro del barrio se apoya en "un cambio generacional positivo" y en la mejora de las infraestructuras, con proyectos clave. Rodríguez subraya la buena sintonía con el Concello para el mantenimiento y la limpieza, asegurando que la Sagrada Familia es ahora un lugar de acogida para estudiantes y gente joven. "Estamos peleando para tener un barrio muy bonito, con buena gente y donde se haga una gran vida de barrio; queremos que guste mucho a toda A Coruña", explica.

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