Cerca de 4.000 usuarios recuperan las clases de Lecer con un contrato temporal: "La alegría de la vuelta no borra las heridas de estos meses"
Los usuarios de las actividades del Ágora y el Fórum arropan a sus monitores en el reinicio de los talleres tras cuatro meses de parálisis por los impagos. La alcaldesa Inés Rey defiende la gestión municipal y señala a la empresa privada como único culpable

Usuarios del programa municipal Lecer retoman las actividades / GUS DE LA PAZ
La "inmensa alegría" del reencuentro oculta a duras penas la herida abierta de un conflicto laboral sin resolver en los pasillos del centro Ágora de A Coruña. El programa municipal Lecer recuperó la vida este lunes. Las aulas abren sus puertas tras casi cuatro meses de cierre total por los impagos de la anterior compañía concesionaria. Cerca de 4.000 usuarios regresan por fin a sus rutinas. La vuelta despierta mucha ilusión entre los vecinos, pero la plantilla de profesionales mantiene vivas sus denuncias por la precariedad de la situación.
Beatriz Álvarez imparte clases de Historia del Arte y de Galicia Adiante. Ella reconoce la extrema dificultad del momento. "Comenzamos el programa después de casi cuatro meses de paro y con ganas de arrancar, aunque sea por un mes y poco", explica la monitora. Un curso habitual dura unos cuatro meses. Ahora todo queda reducido a unas pocas semanas de actividad. La docente agradece el respaldo incondicional de todos sus alumnos. "Si no fuera por ellos, igual no estábamos aquí", confiesa con emoción ante el lleno absoluto de sus grupos.
La situación laboral sigue totalmente estancada. Beatriz señala directamente al Ayuntamiento de A Coruña por sus promesas incumplidas. "Todo quedó en cero", lamenta con dureza. El Concello prometió una subida salarial y la revisión del convenio de forma inmediata. "Nada de esto es una realidad a día de hoy", añade. Además, todavía "quedan cuatro o cinco compañeros sin cobrar" la deuda atrasada de la etapa anterior.

Beatriz Álvarez, monitora del programa Lecer en el Ágora / GUS DE LA PAZ
La profesora siente un profundo desamparo por parte de las instituciones. "Nos sentimos lo menos valorado y lo peor tratado", afirma. Ella cree que el Gobierno local considera a los mayores de 65 años como "ciudadanos de segunda o tercera categoría" al permitir esta "degradación del servicio". La solución actual pasa por una nueva empresa temporal. Esta firma puente asume la gestión de los talleres hasta el 5 de junio. En el mes de septiembre saldrá a concurso el nuevo pliego de condiciones. La incertidumbre marca el ritmo de estas primeras clases.
"Lo necesitamos como el comer"
A pesar de las dudas, la fidelidad del alumnado es absoluta y el apoyo mutuo es la norma. María Isabel García, acude a los talleres de arquitectura para descubrir los secretos de la ciudad. "Llevo mucho tiempo en los talleres. Hoy estoy la primera, para que veas las ganas que tenía de volver", comenta con energía. Ella acudió a las constantes protestas en la plaza de María Pita para apoyar a sus docentes. "Teníamos unas ganas inmensas de volver", añade en clara referencia a los responsables políticos y empresariales de esta prolongada parálisis. "Lo necesitamos como el comer, llevamos mucho tiempo sin actividades y aunque sean unas semanas ya lo necesitábamos", asegura
Chelo Salgado es jubilada y alumna de Lecer desde antes de la pandemia. Ella también se unió a las movilizaciones en pleno invierno "por los monitores más que nada". Su clase ronda los 25 alumnos la mayoría jubilados. "Al final, sobre todo para los que estamos jubilados, es lo que nos anima a hacer cosas y juntarnos", explica.

Chelo Salgado, alumna de Lecer en el Ágora / GUS DE LA PAZ
Para todos ellos, este servicio es vital. Supone la excusa perfecta para salir de casa, relacionarse y mantener la mente activa. Ella celebra el regreso a las aulas, aunque el curso termine de forma abrupta a principios del mes de junio. "El 5 de junio se acaba y hasta octubre nada, la gente tiene ganas porque se agotaron las plazas", indica la usuaria.
Elsa, Luz y Amalia, alumnas veteranas de cultura gallega, desconfían abiertamente de la gestión municipal. "Fiar, no nos fiamos; si contratas una empresa muy barata, después vienen los problemas", advierte Elsa a las puertas del aula. "Fuimos a todas las protestas, ahora la alegría que tenemos por volver no borra las heridas de estos meses atrás que fueron muy complicados", señala Luz. Su principal preocupación siempre fue la supervivencia económica de la plantilla. "Nosotras nos podemos buscar otras actividades, pero todo esto lo hacemos por los trabajadores", concluye Amalia. Su testimonio refleja a la perfección la inmensa red de solidaridad tejida entre los vecinos y los profesionales durante los meses más oscuros del programa.
La alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, defiende la gestión municipal ante la crisis de Lecer y señala a un único culpable. "La responsabilidad exclusiva de este asunto es de la empresa Servi Plus", asegura la regidora. Rey aclara que la concesionaria cobró el dinero del Ayuntamiento, pero decidió no abonar los salarios de la plantilla y, con ello, "echó por la borda el servicio". Ante esta situación, el Gobierno local asegura que optó por "rescindir el contrato, exigir el cumplimiento de las obligaciones y retener los pagos" con el objetivo de salvar un programa de "mucho éxito".
Rey también responde a las quejas ciudadanas por la tardanza en las soluciones y a las concentraciones vecinales. "Por si alguien también quiere ir a manifestarse algún día a la sede de Servi Plus y no solo debajo de mi despacho", reprocha. La alcaldesa reconoce que los tiempos de la administración "son lentos, farragosos y complicados", pero subraya que el Ayuntamiento actuó "lo más rápido posible" con la ley en la mano. Ahora, el deseo municipal pasa por alcanzar la "absoluta normalidad" de cara al curso que viene con la nueva licitación.
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