Moncho Borrajo gana el Premio de Literatura y Ensayo Fernando Arenas: "Mi poesía tiene la niebla de Galicia"
El conocido humorista muestra en su poemario, premiado por la librería coruñesa Arenas, una faceta desconocida para el público: "Conocen al Monchiño gracioso, pero no conocen al Ramón reflexivo"

El humorista Moncho Borrajo / Álex Zea / LMA
En el cuerpo del humorista, dibujante y escritor Moncho Borrajo conviven dos almas: Moncho y Ramón. "Conocen al Monchiño gracioso, pero no conocen al Ramón reflexivo", comenta. Su poemario ilustrado con trazos de Celso Emilio y Martín Códax, A lúa din que non chora, ha ganado la vigésimo sexta edición del Premio de Literatura y Ensayo Fernando Arenas, fallada este miércoles, con una esencia desbordante de "sinceridad y valentía". Verá la luz a finales de mayo, tiene tres partes —Ventos de Soidade, Anacos, y A lúa din que non chora— y, en palabras de Borrajo, es "un paseo por una intimidad vivida", unas "memorias de sentimientos".
Nacido en Baños de Molgas (Ourense) y dueño de los escenarios durante 50 años, Borrajo dedicó toda su vida al entretenimiento. "A ser un poquito Pepito Grillo, por no decir mosca cojonera con todos los políticos y con todos los partidos", resume, riendo. Nunca se consideró una persona famosa y, ahora que está retirado, dedica su tiempo a la escritura y a "recuperar cosas" que había olvidado.

El humorista Moncho Borrajo / Álex Zea / LMA
Después de tantos años sobre los escenarios, ¿este premio literario le emociona de una manera distinta?
Sí. Primero porque es en mi tierra, lógicamente. Segundo porque es el tercer libro que tengo que va a salir de poesía en lengua gallega, porque también tengo escrito un libro de cuentos en gallego. Pero cuando uno vive lejos de Galicia, físicamente [reside en Tenerife desde hace casi 30 años], me parece como que la gente no se da cuenta de que la galleguidad no depende de un himno ni de una bandera, depende de un sentimiento. Este premio no es solamente un reconocimiento, porque yo me he dedicado mucho a ser regueifeiro, pero nunca me tuvieron muy en cuenta como poeta. Es una espinita que tenía trabada, y cuando me dijeron: '¿Por qué no te presentas a este premio?', dije: 'Pues lo voy a hacer'. Y me siento tremendamente feliz, sobre todo por el hecho de que sea en mi tierra, para mí es un plus.
A lúa din que non chora es un híbrido que combina poesía e ilustraciones.
Sí, van casi 30 dibujos, una barbaridad. El concurso pedía como mínimo 120 páginas. Hacer 120 páginas de poesía es tremendo. Yo, como soy dibujante, hice una recopilación de dibujos míos, los preparé ex profeso para este libro. Son dibujos que podría decirse que son a plumilla, pero son a rotulador, de distintos grosores, en blanco y negro. No explican el verso, pero lo acompañan. Es como una comparación con la mujer: una mujer es ella misma, pero depende de la ropa que se pone, tiene un aspecto u otro. En la poesía, los distintos dibujos la acompañan, la ayudan. Y, sobre todo, como son muchos versos, respiras, descansas, al ver el dibujo.
La luna del título, ¿mira o acompaña?
La luna del título es una luna que está presente en mí desde siempre. Este libro es unas memorias poéticas mías; son unas memorias en verso que no cuentan datos ni cuentan fechas, pero cuentan sentimientos, cuentan dolores, cuentan traiciones, cuentan el sentimiento de estar lejos de tu tierra, la emigración, la distancia, el cabreo personal ante la situación de mi tierra. De alguna manera, esa luna del título y de la portada, que tiene una lágrima roja, llora, llora por mi tierra. Siempre he admirado mucho a Celso Emilio Ferreiro, su libro de Longa noite de pedra me pareció una patada en lo más íntimo de la galleguidad, y eso me parece muy válido. Este libro no tiene nada de humor. Hombre, sí, tiene retranca, lógicamente, soy gallego. Pero me refiero que no es un libro de reír, no es un libro del Moncho Borrajo cómico, es un libro del Ramón Borrajo persona.
¿Qué le gustaría que entendiera quien solo conoce al Moncho Borrajo humorista, y se acerque ahora al Ramón escritor?
Que el Moncho cómico era un poco lo que la gente veía por fuera. Pero mis amigos íntimos siempre me han llamado Ramón. Como diría un pijo, mi vida ha sido una dicotomía [ríe]. Había un médico amigo mío, psicólogo y psiquiatra, que me dijo un día que a mí el humor me había salvado. Yo soy una persona que dudo de todo, nunca creo que pinto bien, ni que escribo bien, ni que he sido buen cómico. Yo tengo amigos que me dicen: 'Pero cabrón, si has llenado teatros 50 años'. Sí, pero pude haberlo hecho mejor. Pues escribiendo igual, me daba vergüenza presentarme. Y sobre todo, fíjate qué tontería, pensaba: 'Si me dan a mí el premio, se lo quito a otro'. Aunque está mal decirlo, yo siempre he sido una persona muy humilde, yo nunca me he creído que soy famoso.
¿Con qué sensación quiere que se quede el lector al leer la obra?
Yo lo que quiero es que cuando la gente lea este libro, se dé cuenta, primero, que soy gallego y que soy un gallego que habla gallego, que escribe en gallego, que ama su tierra y que mi sentimiento es un sentimiento muy gallego. Cuando me lean, van a decir: 'Parece que todavía vive en Baños de Molgas todavía, o en Verín' [ríe]. Eso por un lado. Y luego que valoren, también, que aquel regueifeiro que improvisaba, cuando se sienta a escribir se pone serio. Y más a mi edad, a los 76 años ya no puedo andar de cachondeo, no todo el tiempo [ríe].
¿Hay más valentía en subirse a un escenario o en escribir?
Para mí ha sido más difícil escribir, porque en el escenario cuentas con una reacción totalmente de frontón. Tú tiras y te rebota. Al escribir, no; al escribir te vas desnudando, lo quieras o no. Yo soy una persona que tiene una vida íntima, nadie conoce mi vida, mi vida es mía, entonces es desnudarse. Y como no estás acostumbrado a hacer striptease, te cuesta [ríe]. Porque luego hay dos tipos de escritor: el que escribe por oficio y el que escribe por necesidad. Yo soy de la necesidad, pero no por ganar dinero, sino por expresarme, por contar, por decir. Hay una cosa que para el ser humano, al menos para mí, es muy importante: no hay que pasar rompiendo, hay que pasar dejando huella. Aunque sea muy pequeñita, pero dejar algo.
¿Qué encuentra en la literatura que no le aporten los escenarios?
Intimidad, lógicamente. Es meterte hacia adentro. El escenario te da luz, esto te da penumbra. Yo vivo en una tierra de sol y, sin embargo, mi poesía tiene la niebla de Galicia. No tiene nada que ver. Cuando escribes estás en una mesa, sentado, posiblemente con una luz muy sencilla, ahora con el ordenador, aunque yo he escrito mucho a mano, también. Esa sensación de intimidad no te la da el teatro, porque estás mucho más expuesto a las preguntas.
¿Qué cree que ha visto el jurado en A lúa din que non chora para nombrarla ganadora?
Sinceridad y valentía. Yo soy homosexual, lo sabe todo el mundo, y en esta obra recurro al concepto que tenía Martín Códax de las cantigas de amigo. Y sin hacer una poesía homosexual, sí hay una defensa de mi vida y de mi forma de vivir, sin tener que recurrir al sexo. Aunque ahora esté mucho más asumido, siempre es valiente. Es valiente y es sincera, y yo creo que es lo que han visto: que no me callo, si tengo que decir 'mierda', lo digo, y si tengo que decir 'cabrón', lo digo. Es una poesía que va a sorprender mucho, porque no la esperan. Conocen al Monchiño gracioso, pero no conocen al Ramón reflexivo, ni al políticamente incorrecto, ni al que ha sufrido, porque siempre me han visto reír. ¿Qué sabe la gente de mis amores y de mis frustraciones? Muy poco. Aunque no ponga fechas, ni datos, ni nombres de personas, hay un sentimiento de cariño que asoma. Creo que eso puede gustar mucho, conocer a Ramón, en vez de al Moncho.
Es una nueva faceta a descubrir.
Sí. Igual que todo el mundo sabe en A Coruña, en Galicia y en España que pinto, porque hay cuadros míos en museos y en alguna enciclopedia, como escritor nunca se me ha tenido muy en cuenta, a pesar de que tengo muchos libros escritos, casi 21. Porque en este país hay un problema, que ocurre siempre: que es que cuando sobresales en algo, no sobresalgas en más porque no te lo toleran. La gente me dice: 'Es que haces de todo'. Y digo no, no sé esquiar, no sé conducir, no sé patinar, no sé jugar al fútbol. Es decir, hay cientos de cosas que no sé hacer. La frase sería: 'En España jode mucho que sobresalgas'. Si te pueden silenciar, lo hacen encantados. Por eso lo que decía antes: este libro, como los otros que he escrito, son siempre lo que no pude decir en el escenario.
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