Entrevista | Nanutria Cómico
El cómico venezolano Nanutria estrena espectáculo en el Encuentro Mundial del Humorismo de A Coruña: "El humor varía más entre comediantes que entre nacionalidades"
El humorista Víctor Medina presenta un número completamente nuevo, en el que explora la improvisación y la interacción directa con el público, este sábado 25 a las 18.00 horas en el Teatro Colón

El cómico venezolano, Nanutria, durante uno de sus espectáculos. / LCO
El cómico venezolano Nanutria presenta su nuevo espectáculo, Opiniones varias, en el Encuentro Mundial de Humorismo de A Coruña (EMHU). Será este sábado 25 a las 18.00 horas en el Teatro Colón. Víctor Medina, el hombre detrás del humorista, niega tener "antecedente gallego ni origen gallego" pero "en Latinoamérica uno sabe donde sabe". Nanutria es reconocido en Venezuela, México o Argentina por sus numerosos podcast, como El Super Increíble Podcast de Nanutria o Tercermundistas, y acumula cientos de miles de seguidores. El EMHU ha dado inicio a su edición de 2026 con una doble sesión del número de improvisación, Corta el cable rojo, y continuará con su programa hasta el domingo 3 de mayo, con actuaciones cada día en diferentes recintos de la ciudad.
¿Ha hecho reír a esta ciudad con anterioridad?
Sí, va a ser mi segunda vez en A Coruña. Pero este espectáculo es completamente nuevo. Lo estrené este año, es muy divertido. Si alguien fue al número anterior en A Coruña o ha ido a algún otro, no se tiene que preocupar en absoluto. A veces me sucede que la gente se confunde mucho. A lo mejor ve un monólogo mío en YouTube y agarra miedo de ir al directo porque ya vio los chistes. Este material es completamente nuevo del 2026 y, además, más allá de ser nuevo, es la primera vez que me planteo una dinámica completa de show. De hecho, nunca había tenido una dinámica
¿Y cuál es esa dinámica?
El espectáculo se llama Opiniones varias porque la dinámica estrictamente es que yo quiero que la gente me pida opiniones. A través de todo el número yo le pido a la gente que levante la mano y me pida una opinión de lo que quiera, de verdad, y yo voy a opinar. A cambio de eso, después de que yo le responda a la persona, a esta persona le pido una opinión de algo que yo ya traigo pensado. Hacemos como una especie de ping-pong. Este mi primera dinámica así de clara para todo un espectáculo. Me daba mucho miedo porque es mucha improvisación y según lo que pida la gente, uno puede quedar en el aire dentro de la tarima. Esto mismo hace que a mí me dé demasiada emoción antes de actuar. Siento que es como si fuese iniciar un partido.
¿Es fácil de impresionar por el público?
La verdad que no. No sé si fácil de impresionar. Podría decir que es fácil que me interese algo, soy muy chismoso. Pero que me horrorice por algo o similar, la verdad, es bien difícil.
Su tartamudez no ha supuesto ningún obstáculo profesional. ¿Cómo lo hizo?
La verdad es que creo que fue gracias a mi familia y mi entorno. Fue algo que se arregló antes de hacer humor. La tartamudez fue un problema en la niñez, luego en la adolescencia o en la época universitaria, no tanto. Soy de una ciudad pequeña y allí lo extraño se convierte en normal con el tiempo. Estudié siempre en la misma escuela y mi ambiente no fue deconstruido, ni empatía, pero vieron que soy tartamudo en los primeros años y todo el mundo se tuvo que adaptar. No hay más, yo no iba a cambiar. Cuando me mudé a Caracas, sí tuve un momento de pensar que sería la novedad. O al cambiar de contexto, la timidez está ahí. La gente se acerca para que le comente cómo lo superé o si luché. La verdad, no fue nada así. Me generaron normalidad. No me etiquetaron de tonto. Para mí y para mi familia no era tonto. No llevé esa cruz conmigo. Luego ya adulto, cuando me dediqué a esto y me empecé a hacer más popular, sí sentí que me intentaron poner en cierta categoría, pero ya era tarde. De hecho, lo que sí me he cuidado en toda mi carrera es ser yo quien hable de mi tartamudez, pero nunca ser el comediante tartamudo. Yo soy un cómico. No quiero que me pongan a competir en otra categoría.
Usted es venezolano, ¿los sucesos de este año le han dado mucho material cómico?
Sí, aunque es interesante. Uno creería que da mucho material pero a la vez da poco. Verás, han sido hechos tan contundentes que la opinión es muy clara. Cuando un tema es más difuso, hay más tela que cortar. Aquí, como los hechos son tan decisivos, es más específico. Vivo en Argentina y salgo de gira a través del mundo, he tenido la suerte que el espectáculo no se cierre solo en el tema de Venezuela, porque se puede poner tenso, hasta aburrido. Es una situación de la que se puede sacar mucho chiste, pero al mismo tiempo es híperdelicada. Sí me gusta que de vez en cuando me ataquen con situaciones. Lo que más está ocurriendo es que me hablan, me piden opiniones de lo que está siendo viral en la semana. Así el número se siente más fresco.
¿Hay una barrera humorística con España? Digamos, por ciertos temas o el estilo.
No, la verdad es que considero que no. Salvo las palabras y las referencias, en eso sí se tiene que cuidar uno a la hora de hablar. Por ejemplo, si voy a hablar de que un lugar es peligroso, no puedo mencionar el lugar y ya. Tengo que darle un cierto contexto, porque no entienden. Hablarle de la marca de un producto, también. La verdad, he sentido que el tipo de humor o la forma en la que la gente recibe el humor varía más entre los propios comediantes que entre las nacionalidades. A alguien que se parezca a mí y mi humor, estoy seguro que le va a ser más fácil conectar conmigo aunque no sea de mi país o mi nacionalidad. Al contrario, si alguien maneja un humor muy negro, yo que no soy tan de eso, por mucho que sea de mi país, le va a chocar y no conectaremos. La nacionalidad ayuda muchísimo, sobre todo para el manejo de las referencias y jerga.
¿Es importante saber dónde se va a bromear?
Hay que entender, en general no solo en el humor, que en cada país hay ciertos temas más delicados que otros y hay que saber en qué terreno andas jugando. Ni siquiera es el país, sino los años. A lo mejor era delicado en el 2020, ahora en el 2025 es otra situación. En Latinoamérica se hace mucho chiste a la ligera de los tiroteos en Estados Unidos porque es una situación que no sucede allá. Se habla fácil, pero cuando uno va a actuar en Estados Unidos, tiene que ser consciente que esa situación allá sí les afecta. No se puede hablar a la ligera. Es demasiado sencillo hacer humor de esa manera. Si vives allá y hablas a la ligera, al menos lo vives y tomas el riesgo.
Estados Unidos y Europa están en sus giras, ¿en los países hispanohablantes el humor es más juguetón?
No domino muchos idiomas y a lo mejor muchas lenguas se parecen. Sí he visto mucho humor francés y es muy físico, es mucha mueca. El humor inglés es cuanto más rápido mejor. El castellano ofrece versatilidad. No solo da risa lo que digo, sino cómo lo digo, qué palabras uso, de qué forma lo describo. Es un idioma muy descriptivo y lo que en inglés harías en un minuto, en castellano lo puede hacer en cuatro minutos. Porque en el castellano importa demasiado lo que yo narre, las palabras que use y los sinónimos. A veces si uso palabras elegantes diciendo una guarrada, da risa; o si uso palabras guarras para describir algo elegante, también da risa. Siento que el castellano es un idioma que invita a hablar más, por eso es que los monólogos en español son mucha palabra. El idioma mismo invita, a diferencia del inglés. Ellos te dicen que cortes para ir más rápido al grano.
¿En qué país le ha resultado más chocante trabajar hasta ahora?
En México las primeras veces. Me chocó mucho porque me di cuenta que los caribeños no pronunciamos todo al hablar. En México, para que se te entienda, tienes que pronunciar todas las letras. Por primera vez me di cuenta que no hablaba así. Entonces, en las primeras apariciones, pensaba que quizás mi estilo de humor no les gustaba. Los comediantes del país me lo explicaron. Esa gente estaba ahí sentada, quería prestar atención y, sencillamente, no estaban entendiendo qué les estaba diciendo. Fue fuerte porque tuve que aprender a modular bien para hablar allá. Luego, con el tiempo, aprendí a modular lo suficiente porque si modulas de más suena raro. Aprendí a pronunciar las eses, todas las eses. Aunque con la emoción se me van a veces. Fue de los choques más grandes, pensaba que no sabía hablar.
¿Qué tema le ha sorprendido por ser muy gracioso para el público y usted no lo consideraba tanto?
La intolerancia a la lactosa. La gente reacciona muy bien, siente que estoy defendiendo algo ahí. Soy intolerante a la lactosa, pero no es algo que sufra o me haga llorar de noche. Siento que había burla porque pedíamos bebida de origen vegetal. Sufríamos en silencio, parece. Lo tiene muchísima gente y hay una especie de acompañamiento. Hablo de la tartamudez, de la dictadura, de la libertad, pero en la intolerancia a la lactosa he conseguido un ejército de apoyo.
¿Echa de menos la risa del público cuando no la tiene?
Sí, he hecho vídeos y sketches y hago varios podcast, pero lo que tiene el directo no lo tiene nada. El feedback inmediato del chiste y la risa no se cambia. Es una droga para mí. Me he tomado vacaciones y a los quince días sin actuar, debo hacerle un chiste a alguien. Algunos cómicos mayores me dicen que están bien retirados. No quisiera verme así. Quiero actuar siempre, toda mi vida hacer reír. Mi relación con la tarima, con el escenario y el chiste es de devoción absoluta. Algún día malo se arregla solo con actuar.
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