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El director Pedro Pinho presenta su nueva película en la Filmoteca de A Coruña: "El pasado colonial de Portugal es una cuestión ausente del pensamiento público"

El cineasta participará en un coloquio tras la proyección de 'La risa y la navaja', una cinta que reflexiona sobre el neocolonialismo a través de la historia de un ingeniero europeo que se enfrenta a una misteriosa desaparición en el África Occidental

El director Pedro Pinho, sentado sobre el neumático, durante el rodaje de la película

El director Pedro Pinho, sentado sobre el neumático, durante el rodaje de la película / Camille Lemonnier

A Coruña

El director portugués Pedro Pinho presentará su nueva película O Riso e a Faca (La risa y la navaja) y participará en un coloquio este viernes a las 18.00 horas en la Filmoteca de A Coruña. Lo hará dentro del ciclo Territorios mutantes, dedicado en esta ocasión a la reflexión en torno al poscolonialismo. La cinta cuenta la historia de un ingeniero ambiental que viaja al África Occidental para trabajar en la construcción de una carretera que unirá el desierto y la selva. Tras establecer una relación estrecha, aunque un tanto desequilibrada, con dos habitantes de la ciudad, descubrirá que un ingeniero italiano al que le habían asignado la misma misión meses atrás, ha desaparecido misteriosamente.

La película habla de un europeo que llega a África con una supuesta buena intención. Intentaba, a través de esa figura, mostrar el neocolonialismo y jugar con esos ecos del pasado.

Sí, completamente. De otras formas, en otras posturas, en otras dimensiones, pero sigue siendo la misma relación de poder.

¿Quería reflejar que el colonialismo no ha desaparecido, sino que ha evolucionado de otra forma?

Sí, ha evolucionado y continúa evolucionando. Además, yo creo que estamos viviendo ahora un proceso de aceleración brutal que cambia de manera radical el centro de gravedad de todas estas cuestiones, todo lo que está pasando con una aparente decadencia del centro de poder occidental. No podemos aún saber lo que va a implicar eso. La película habla de cómo las relaciones coloniales se perpetúan de otras formas: a través de la cooperación económica, de la construcción de infraestructuras, de esa idea de ayuda humanitaria que después reproduce estereotipos y relaciones de poder.

¿Cree que Portugal ha afrontado ese pasado colonial o sigue siendo una conversación pendiente?

No, creo que el cine portugués intenta muchísimo afrontar esa cuestión. Es una cuestión muy ausente del pensamiento público. El cine portugués continúa siendo algo muy marginal y muy minoritario. Y no solo el cine: la academia, los movimientos activistas, el teatro, toda la producción cultural o la música. Sí que hay muchas fuerzas en Portugal que intentan hablar de eso, que intentan pensarlo, pero el mainstream y la cultura política portuguesa están muy alejados y muy atrasados en esa reflexión. Y no solo el mainstream y la esfera pública, sino también la educación. Eso es lo más grave. Seguimos teniendo una educación con la misma historia. ¿Cómo se puede ser un país que ha pasado de una situación colonial a una situación poscolonial, pero la historia es la misma? Se habla de los descubrimientos, se habla de todo eso, sin ninguna mirada crítica. Eso yo creo que es muy grave y que es la causa principal de lo que estamos viviendo con el resurgimiento del fascismo en Portugal. Si tú los piensas, Portugal ha empezado la historia de la colonización europea y ha sido el último imperio colonial clásico en terminarlo. Y no lo ha terminado por voluntad propia. Ha terminado porque ha perdido una guerra, la guerra de liberación, que los movimientos de liberación han ganado. Entonces eso es muy importante porque ha pasado solo hace 50 años. Y la gente que ha luchado en esa guerra, de un lado y del otro, sigue viva todavía. Y sus hijos han presenciado en primera mano los traumas, las cuestiones, las discusiones muy vivas todavía que se han producido a partir de esa experiencia y de esa memoria. Entonces es algo muy vivo en la sociedad portuguesa.

Los directores son hijos de esa gente que vivió la última etapa.

Somos hijos y nietos directos de todo eso. Además eso sigue operando, esas tensiones, esas fuerzas, siguen surtiendo un efecto muy directo en la vida cotidiana de Portugal. Creo que la presencia cultural de las comunidades migrantes de las excolonias es muy importante. La música, la comida, la afinidad cultural con Guinea-Bisáu, con Cabo Verde, con Angola… yo diría que no hay Portugal actualmente sin eso. No es posible pensarlo sin eso. Hay una gente que quiere pensarlo sin eso, pero no sé qué harán porque no es posible.

¿Cree que la cultura, y en este caso el cine, pueden ayudar a concienciar?

El cine no sirve para ayudar a concienciar. El cine sirve para colocarte ante uno mismo y reflexionar el momento que vive el entorno, el mundo y la humanidad. Ahora, no sé si tiene ese papel tan directo de resolver las lagunas que existen en la sociedad. No sé si puede tener esa responsabilidad tampoco. No debe tener esa responsabilidad porque, si no, deja de ser cine y pasa a ser una cosa más instrumental de cultura y de educación. Y el cine no creo que pueda hacer eso.

La película fue seleccionada entre las diez mejores del año por Cahiers du Cinéma. ¿Le dio satisfacción ver ese reconocimiento de un medio tan importante?

Cuando llegas a una sala y la gente que ve la versión integral, que tiene cinco horas y media, te dice que podría haber estado otras cinco horas y media, eso es una felicidad muy grande. Desde el lado más institucional del cine, el reconocimiento de publicaciones como Film Comment o Cahiers du Cinéma es muy importante de varias formas. Es importante porque te sientes bien, de puta madre (ríe). Y también es importante para que puedas seguir haciendo tu trabajo. Porque finalmente todo el sistema de financiamiento se alimenta de ese tipo de cosas.

Este viernes va a presentar la película en la Filmoteca de A Coruña. ¿Qué papel juegan en este tiempo en que las salas apuestan por el cine más mainstream? ¿Son un faro para la cultura?

Sí, son un faro de cultura y un lugar de resistencia. Yo creo que eso es muy importante porque estamos viviendo un tiempo que no lo conocemos. La literatura, el cine, la pintura incluso, están sufriendo muy rápido y no entendemos todavía lo que va a pasar con todas esas otras formas de fricción de las imágenes y de los sonidos que están ocupando un lugar muy central. Entonces el cine está quedando cada vez más marginal. Y es muy importante para mí, que soy esa persona que ha decidido dedicar una parte muy importante de su vida al cine, que esos lugares de resistencia sigan existiendo y que sigan vivos.

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