El peso de la edad y el impacto de la vivienda en Santa Margarita: "Cada vez hay más ruido y menos gente por la calle"
El comercio local sostiene la vida de barrio en un entorno marcado por los contrastes entre la tradición y los nuevos hábitos urbanos a la par que el parque sigue siendo su pulmón verde

Inés Vicente Garrido / Casteleiro
Santa Margarita es un barrio que, a simple vista, parece vivir del parque que le pone nombre. Custodiado por su emblemática zona verde, presume de una vitalidad comercial envidiable, pero tras las fachadas de sus negocios y el verdor de sus árboles se esconde un descontento latente. Los vecinos, desde los que peinan canas hasta los recién llegados, coinciden en una radiografía clara: es un lugar "privilegiado para vivir", pero el Ayuntamiento parece haberle dado la espalda en cuestiones básicas como la higiene y la conservación del mobiliario público.
El parque de Santa Margarita actúa como punto de encuentro y referencia. Para muchos residentes, es uno de los mayores atractivos del entorno. "Es un espectáculo tenerlo ahí delante", explica Sandra Camaño, peluquera de Macay, que lleva más de una década trabajando en la zona. La presencia de este espacio condiciona la percepción exterior del barrio, pero también su uso cotidiano. "Hay mucha vida, sobre todo familias y gente mayor. En verano o en fiestas se llena más", apunta Alba Remuñan, una vecina joven.
Sin embargo, reducir la zona al parque sería simplificar su realidad. En las calles que lo rodean se desarrolla una vida diaria marcada por la cercanía y los servicios. "Se puede hacer vida perfectamente aquí. Hay supermercados, fruterías, cafeterías, tiendas de todo tipo", señala Sandra, que describe un barrio "autosuficiente" en el que los residentes no necesitan desplazarse para cubrir sus necesidades básicas. Ese tejido comercial combina negocios de toda la vida con nuevas aperturas. "Es como un reciclaje continuo: unos cierran, otros abren, pero siempre hay movimiento", añade.

Alba Remuñan, vecina de Santa Margarita, con su perro / CASTELEIRO
Esa actividad económica convive con un cambio progresivo en el perfil de los vecinos. "Hay gente mayor de siempre, pero también llegó mucha gente joven de Inditex", explica Sandra, que señala que este perfil profesional ha inyectado dinamismo, aunque con una contrapartida inevitable en el bolsillo de los residentes: "De unos cuatro años hacia aquí sí se ha notado mucho el encarecimiento de la vivienda. Viene gente con mucho dinero".
Esta mezcla generacional configura un barrio que mantiene su esencia, pero que se adapta a nuevas dinámicas. Para muchos, sigue siendo "muy familiar", un lugar donde "la gente se conoce y hace vida en el mismo círculo". Porque a pesar de las subidas de precio, según asegura Alba, "la comodidad de tenerlo todo a mano sigue siendo el gran activo" de Santa Margarita.
La idea de comunidad aparece reforzada en el discurso de los vecinos más jóvenes. Alba destaca la implicación asociativa: "Hay bastantes asociaciones que organizan fiestas, actividades y eventos. Se hace mucha comunidad". Este tejido social contribuye a mantener una identidad compartida, aunque no todos perciben la evolución de la misma forma.

Manuel López, vecino de Santa Margarita / CASTELEIRO
Entre los residentes de mayor edad, surge una visión más crítica. Emilia Fernández, habitual del parque desde hace más de veinte años, considera que el barrio ha perdido parte de su vida social. "Cada vez hay más ruido y menos gente por la calle. Murieron muchos de los que venían aquí, y ahora casi todos son mayores", afirma. Su percepción refleja un cambio demográfico que convive con la llegada de nuevos vecinos, generando una sensación de transición.
El estado del parque, pese a su importancia, es uno de los aspectos más cuestionados. Manuel López, vecino desde hace más de cincuenta años, asegura que "está más abandonado que nunca". Aunque reconoce la existencia de obras, duda de su efectividad: "No sé para qué hacen eso, lo que hace falta es preparar todo". A estas críticas se suman las de otros residentes que apuntan a problemas de mantenimiento. "Hubo épocas en las que era un desastre, con basura y cristales", señala Alba.
La limpieza, en general, se percibe como una de las principales carencias del barrio. "La limpieza no existe. He llamado varias veces por el estado de los contenedores y hay problemas como ratas en el parque", denuncia Alba. No obstante, algunos vecinos también señalan la responsabilidad individual. "La gente es muy guarra, hay suciedad en las esquinas", comenta Manuel, evidenciando un problema compartido entre administración y ciudadanía.

Sandra Camaño, peluquera de Macay en Santa Margarita / CASTELEIRO
A pesar de estas deficiencias, la percepción de seguridad es relativamente positiva aunque muestra dos caras. Por un lado, Emilia, tras 25 años en la zona, defiende que "no hay otro lugar mejor" y valora la paz de respirar "aire puro" sin el agobio del tráfico. Sobre la seguridad, el testimonio de los mayores es inquietante. Aunque reconocen la presencia policial, Emilia habla de "trapicheos" y de personajes conflictivos a los que define con dureza: "Es un animal vestido de hombre".
Alba matiza esta percepción desde la óptica juvenil: "Yo vengo al parque a cualquier hora, paseo por las calles y todo y no tengo problema". Aunque matiza que "a la gente mayor sí le puede generar cierta inseguridad en algunos momentos". Los vecinos más veteranos destacan la presencia policial, aunque asociada a situaciones concretas que no siempre son visibles.

Emilia Fernández, vecina de Santa Margarita / CASTELEIRO
En cuanto a la movilidad, los vecinos coinciden en que no supone un problema. La conexión con el resto de la ciudad es fluida gracias a varias líneas de autobús, lo que facilita los desplazamientos y refuerza la funcionalidad del barrio dentro del conjunto urbano.
Santa Margarita se presenta así como un espacio complejo, donde el parque es protagonista pero no único. A su alrededor, la vida cotidiana se construye entre la tradición y el cambio, con un tejido social que resiste y se adapta. "Yo solo pediría un poco más de limpieza general", concluye Sandra. Una demanda sencilla que resume la mirada de muchos vecinos y que refleja que, más allá de su imagen exterior, el barrio se define en los pequeños detalles del día a día.
Un barrio sin representación vecinal
Luisa Varela, representante de la Federación de Asociaciones de Vecinos de A Coruña, confirma que el barrio de Santa Margarita carece actualmente de una entidad vecinal activa y federada que actúe como interlocutora ante el Ayuntamiento. Según explica Varela, la anterior agrupación se desactivó tras "la renuncia de su presidenta" y, desde entonces, "nadie ha tomado el relevo de forma oficial". Esta situación deja a los residentes sin una voz organizada que canalice sus demandas, una orfandad representativa que se mantiene vigente a pesar de los cambios estructurales que ha vivido la zona en los últimos años.

Barrio de Santa Margarita / CASTELEIRO
La última actividad relevante de la que tiene constancia la Federación se remonta aproximadamente al año 2020. Aunque en aquel momento aparecieron antiguos miembros de la junta a título individual, la asociación no recuperó su movimiento ni su actividad institucional. Varela subraya que "no existe constancia de ninguna nueva organización que haya solicitado federarse" desde entonces.
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