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Las "joyas" aún escondidas de la plaza de Lugo de A Coruña veinte años después de su reforma

Expertos coinciden en que la circulación y el aparcamiento dificultan la percepción de uno de los conjuntos arquitectónicos más valiosos de A Coruña, el de las casas modernistas entre las calles Betanzos y Ferrol. Condicionantes técnicos, como un gran colector, y urbanísticos impidieron su peatonalización hace dos décadas

Calle de la plaza de Lugo con la conocida como Casa de los Cisnes, junto a la Casa Arambillet y otras viviendas de finales del siglo XIX

Calle de la plaza de Lugo con la conocida como Casa de los Cisnes, junto a la Casa Arambillet y otras viviendas de finales del siglo XIX / CASTELEIRO

A Coruña

"No estamos sacando toda la importancia y relevancia que puede llegar a tener A Coruña a nivel arquitectónico". La reflexión, lanzada por el arquitecto Alberto Fuentes, especialista en modernismo coruñés, surge al observar una de las manzanas más singulares de la ciudad: el tramo de la plaza de Lugo entre las calles Betanzos y Ferrol. Un espacio en el que conviven algunas de las mejores piezas del modernismo coruñés —como la Casa de los Cisnes, la Casa Arambillet y otras valiosas viviendas de finales del XIX— con una escena cotidiana dominada por coches, tráfico y prisas.

La contradicción resulta evidente. En esta calle, las fachadas quedan parcialmente ocultas tras vehículos estacionados, muchos en doble fila, mientras el tránsito constante limita la posibilidad de detenerse y observar. A escasos metros, al otro lado del mercado municipal, otra calle del mismo conjunto ofrece una experiencia completamente distinta: sin coches, que circulan bajo tierra, con bancos, con espacio para parar.

Detrás de esa dualidad hay una historia urbana que este mes de junio cumple 20 años y que ayuda a entender por qué hoy "una de las calles más valiosas desde el punto de vista arquitectónico" sigue funcionando como vía de paso.

Calle de la plaza de Lugo con la conocida como Casa de los Cisnes, junto a la Casa Arambillet y otras viviendas de finales del siglo XIX

Calle de la plaza de Lugo con la conocida como Casa de los Cisnes, junto a la Casa Arambillet y otras viviendas de finales del siglo XIX / CASTELEIRO

El origen del problema, coinciden los expertos, está en la propia evolución del espacio. Lo que hoy se percibe como dos calles diferenciadas fue en su día una única plaza. "Ese conjunto de edificios se concibió como una plaza, con visibilidad cruzada entre cualquier punto", explica Fuentes, quien difunde el valor de los edificios modernistas de la ciudad a través de su cuenta @modernismo_coruna en la que ofrece también visitas turísticas. En aquel momento, el mercado que hoy ocupa el centro, no actuaba como una barrera. Su configuración permitía que las fachadas dialogasen entre sí, que se estableciese una "relación visual continua entre los distintos edificios".

Esa idea de conjunto resulta clave para entender el valor de la manzana. No se trata solo de edificios aislados, sino de una composición urbana. De hecho, como subraya el profesor de la Escuela de Arquitectura Antonio Río Vázquez, en esa calle se concentran "dos de las joyas del modernismo coruñés, piezas de primer nivel".

El ruido, el movimiento constante, la presencia física de los vehículos… todo contribuye a que la arquitectura pase a un segundo plano

Esa categoría implica también una forma concreta de ser vistas. "Estaban pensadas para observarse desde una plaza, desde más lejos de lo que ahora podemos", añade Fuentes. Sin embargo, con la desaparición del antiguo mercado y la construcción de los sucesivos equipamientos, ese espacio unitario se fragmentó. La plaza se transformó en dos calles, y con esa transformación se perdió también parte de la lógica original del conjunto.

Una de las calles de la plaza de Lugo con las obras de la última reforma en 2003

Una de las calles de la plaza de Lugo con las obras de la última reforma en 2003 / JUAN VARELA

El coche como protagonista inesperado

En ese nuevo escenario, el tráfico adquirió un papel central. "Todo ese barullo dificulta mucho la visión", resume Fuentes. La afirmación no se refiere solo a una cuestión estética, sino a la experiencia completa del espacio. "El ruido, el movimiento constante, la presencia física de los vehículos… todo contribuye a que la arquitectura pase a un segundo plano", explica.

Río incide en esa misma idea desde una perspectiva más urbana. "El disponer de una calle peatonal te da una perspectiva completamente diferente", explica. Y esa diferencia no es menor: "Permite disfrutar de la arquitectura de una manera mucho más tranquila, más sosegada. Le daría un mayor reconocimiento a los bloques de la manzana". La arquitectura sigue ahí, pero no se percibe de la misma manera.

Una decisión fuera de la arquitectura

La pregunta que surge de forma natural es por qué, en un mismo conjunto, se optó por peatonalizar una calle y no la otra. Y, sobre todo, por qué la que conserva el tráfico es precisamente la que alberga algunas de las piezas más destacadas. Las respuestas apuntan en varias direcciones, pero ninguna tiene que ver directamente con el valor arquitectónico.

La maqueta de la reforma de la plaza de Lugo en 2002

La maqueta de la reforma de la plaza de Lugo en 2002 / VICTOR ECHAVE

Desde el punto de vista técnico, el director de obra de la reforma que empezó en 2003, Carlos Lamora, introduce un elemento determinante: el subsuelo. "No se podían peatonalizar las dos", afirma. La razón principal es la presencia de una infraestructura clave para la ciudad: "Por ahí pasa el colector perimetral de la ciudad, un tubo de dos metros de diámetro que recoge las aguas fecales". Esa condición hacía inviable intervenir de la misma manera que en la otra calle, donde sí se pudo ejecutar el aparcamiento subterráneo y generar una superficie peatonal continua. "No encajaba desde el punto de vista constructivo", resume.

A ese condicionante se suma la lógica del tráfico urbano. La calle que se peatonalizó era la que concentraba mayor circulación y permitía crear un eje más amplio y funcional. La otra, en cambio, seguía cumpliendo un papel dentro de la red viaria de la ciudad.

Las obras de la reforma de la plaza de Lugo en 2003

Las obras de la reforma de la plaza de Lugo en 2004 / CARLOS PARDELLAS

En el ámbito político, la explicación introduce otro matiz. La exconcejala de Infraestructuras Mar Barcón recuerda que el debate principal no giró en torno a esa decisión concreta. "Hubo muchas discusiones, pero sobre el modelo de plaza, no sobre por qué una calle sí y la otra no", explica. De hecho, el proyecto llegó a contemplar una solución mucho más ambiciosa: soterrar completamente el mercado y liberar toda la superficie. "Se pensó en enterrar toda la plaza y que fuera todo en llano y peatonal", recuerda Lamora. Una opción que finalmente se descartó, entre otros motivos, por el tamaño del espacio resultante y por las reticencias existentes en aquel momento. "Muchos vecinos y comerciantes no querían que se peatonalizara ni siquiera un lado", añade la edil. El contexto social y económico también pesó en la decisión final.

Se pensó en enterrar toda la plaza y que fuera todo en llano y peatonal

Más allá de las causas, el resultado es el que se percibe hoy: un conjunto arquitectónico de alto valor que no se muestra en todo su potencial. "Son las piezas más notables de la ciudad, además de que tienen un excelente mantenimiento", insiste Río. La reflexión apunta a una cuestión más amplia que trasciende esta manzana concreta. A Coruña cuenta con un patrimonio modernista significativo, pero su puesta en valor no siempre acompaña.

Entre lo posible y lo deseable

La posibilidad de una peatonalización completa sigue siendo, a día de hoy, compleja. Las limitaciones técnicas y la estructura del tráfico lo dificultan. Sin embargo, los expertos apuntan a posibles mejoras intermedias. "Es una obra que yo creo que es inviable; más por el costo económico que tendría por simplemente la ganancia de que sea peatonal. Ese carril es fundamental para la ciudad. Se podría suavizar la circulación, eliminar aparcamientos o reducir carriles", plantea Lamora. Medidas que, sin transformar radicalmente el espacio, permitirían recuperar parte de la relación entre el peatón y la arquitectura.

Una idea parecida se aprobó en 2021 en la Junta de Gobierno Local. En esta iniciativa se optaba por reurbanizar el tramo entre Teresa Herrera y Padre Feijoo, en la que iba a intervenir el área municipal de Infraestructuras y estaba dentro de los presupuestos participativos. El proyecto recogía soluciones que daban prioridad a los peatones frente a los vehículos en un ámbito de notable presencia de viandantes, para lo que se proponía ampliar las aceras de ambos márgenes y dotar de mobiliario urbano y arbolado. El pavimento de la calzada sería renovado totalmente y se eliminaría un carril y el aparcamiento para evitar con ello la doble fila. Sin embargo, hasta el momento no se ha llegado a sacar a concurso aunque el cruce de la calle Ferrol sí se ha reformado.

Planos de la reforma de la plaza de Lugo, con la eliminación de un carril en la parte inferior

Planos de la reforma de la plaza de Lugo, con la eliminación de un carril en la parte inferior en 2021 / Rubén D. Rodríguez

Hoy, desde el ámbito académico, la clave vuelve a estar en la planificación. "No se trata de peatonalizar por peatonalizar, sino de hacerlo dentro de una estrategia bien pensada", indica Antonio Río. Para Fuentes, "ayudaría a poner en valor el patrimonio" que tiene A Coruña: "Tenemos muchos más edificios de los que suelen tener muchas ciudades. Somos unos privilegiados".

Mientras tanto, la escena cotidiana se mantiene. Coches que pasan, otros que se detienen, peatones que avanzan sin apenas levantar la vista. Y, sobre ellos, las fachadas modernistas siguen esperando el espacio que necesitan para ser observadas como fueron concebidas: con distancia, sin obstáculos y con tiempo.

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