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Un año del apagón eléctrico en España

Así se vivió en los comercios el apagón de hace un año en A Coruña: "Lo de cobrar o no cobrar me daba igual"

Rememoramos esa fecha en una tienda de comida casera y en negocios de electrónica

Isabel Galán, responsable de 4 Caminos comida para llevar

Isabel Galán, responsable de 4 Caminos comida para llevar / CASTELEIRO

A Coruña

A las pocas horas de quedarse sin luz, A Coruña ya no era la misma ciudad. Los semáforos dejaron de regular el tráfico, los teléfonos dejaron de sonar y las persianas eléctricas se convirtieron en un obstáculo. Un año después del apagón, quienes sostuvieron el pulso de la ciudad recuerdan aquel día como una mezcla de tensión, improvisación y respuesta colectiva.

En la calle, el apagón también transformó el día a día de los negocios. En la zona de Cuatro Caminos, Isabel Galán, al frente de una tienda de comida casera, recuerda una avalancha de clientes. "Había muchísima gente. La cola doblaba la calle", cuenta. Sin electricidad, decidió priorizar a las personas frente al negocio. "Lo de cobrar o no cobrar me daba igual. No quería dejar a nadie sin comer".

Con los fogones aún operativos, el equipo cocinó todo lo que tenía para evitar pérdidas y alimentar a quienes no podían hacerlo en casa. "Había gente mayor que no podía subir a su piso, personas en silla de ruedas… Fue un día de muchos sentimientos encontrados", recuerda. Al día siguiente, muchos clientes regresaron para pagar o agradecer el gesto. "Me trajeron bombones, flores… Me quedo con eso. Sigo creyendo en la humanidad gracias a ese día", explica emocionada.

"Tuve que enseñarles a sintonizar la radio"

Algo parecido ocurrió en las tiendas de electrónica. En el establecimiento La Luna, su responsable, Eddie Díaz, vivió una jornada que compara con un Black Friday improvisado. "La gente venía a por lo mismo: pilas, linternas y radios. En una hora y media nos quedamos sin stock", explica. Al medio día consiguió más provisiones para vender hasta las ocho de la noche.

La escena, sin embargo, no fue de caos. "Había cola, pero con respeto. La gente hablaba entre ella, incluso se hicieron amigos", relata. Muchos jóvenes descubrieron por primera vez cómo funcionaba una radio. "Pensaban que era táctil, como un móvil. Tuve que enseñarles a sintonizar. Me decían: '¿Pero cómo qué con botones? Que chulada'. A los pocos días volvieron los otros dos amigos a comprar más radios", cuenta.

Eddie Díaz, responsable de La Luna

Eddie Díaz, responsable de La Luna / CASTELEIRO

Sin datáfonos ni sistemas de cobro, las ventas se hicieron "a la vieja usanza". Algunos clientes volvieron después para pagar lo que se habían llevado. "Fue un día muy intenso, pero también muy bonito", resume.

"Las ventas se multiplicaron"

El mismo patrón se repitió en otros comercios de la ciudad. En Comercial LagaresPepe Gajino recuerda cómo la actividad se disparó en cuestión de horas. "Al cabo de una o dos horas del apagón ya se activó todo y no paró en todo el día", explica. La demanda se centró en lo esencial: "Radios, linternas y pilas, eso era imprescindible".

Pepe Gajino de Comercial Lagares

Pepe Gajino de Comercial Lagares / CARLOS PARDELLAS

La tienda permaneció abierta hasta las diez y media de la noche y funcionó únicamente con pagos en efectivo. "La gente se buscó la vida. Entre ellos se ayudaban si alguno no tenía dinero", señala. Las colas llegaron a alcanzar dimensiones poco habituales. "Había casi cien metros de cola", recuerda. Las ventas se multiplicaron. "Pudimos vender en torno a 500 radios, fue mejor que un día de campaña de Reyes", apunta.

Un año después, el apagón permanece como una prueba inesperada que obligó a toda la ciudad a adaptarse en cuestión de minutos. Sin tecnología, la respuesta se apoyó en lo esencial: coordinación, esfuerzo y una red de ayuda que mantuvo a A Coruña en funcionamiento incluso a oscuras.

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