El 'top model' de A Coruña que conquistó el mundo regresa para vestir Monte Alto: "Si a Alcaraz le gusta una de mis prendas, se la daría"
Anselmo Menéndez prepara el lanzamiento de Maison Montē, su propia marca de moda ubicada en el barrio que le vio crecer

Anselmo Menéndez, el modelo de Monte Alto, posando con una camisa de Maison Montē. / Casteleiro
Con apenas 29 años, a Anselmo Menéndez casi no le quedan países por visitar. "El año pasado cogí 73 vuelos y toqué todos los continentes. Solo me queda por ver una parte de África", cuenta el modelo criado en el barrio de Monte Alto.
Allí es donde creció "desde que tenía un año", con el Matadero como telón de fondo de una adolescencia en la que nunca se separaba de la tabla. Desde que salió de A Coruña, se lo han rifado gigantes como Dolce & Gabbana, Ralph Lauren y Esquire, pero, ahora, dice, es el momento de volver "a la casiña" de la mano de su nueva firma de moda: Maison Montē.
"Estoy muy orgulloso de ser de aquí. Por eso quería tomar todo el conocimiento que he reunido en estos 10 años modelando y traerlo de vuelta a Galicia con mis propios diseños", explica el top model, que, una vez que detectó la oportunidad, ya no pudo librarse de la idea. "Viendo que vendo ropa para los demás, pensé: ¿por qué no vender la mía? Y cogí un almacén en Monte Alto".

El modelo Anselmo Menéndez, posando con ropa de su marca. / Cedida
Maison Montē, la nueva firma de moda 'top' en Monte Alto
El barrio se convierte así en el centro logístico de una firma que espera poder abrir al mercado internacional. Las prendas comenzarán a salir "entre el 10 o el 15 de mayo", unidas por un sello común: un estilo "elegante" e "unisex" con materiales "top" dirigido a un público 'olvidado', el "de 25 a 30 años" que baila entre las marcas más juveniles y las pensadas "para gente de 40".
Su primera colección promete recoger todo el buen hacer en moda de la ciudad herculina, de la mano de "un diseñador que trabajó 10 años para Zara". Pero el estilo base es "el del mundo del tenis". "Roger Federer fue mi ídolo. Si a [Carlos] Alcaraz le gustase alguna de mis prendas, se la daría sin dudarlo", asegura el joven, que ya balanceaba la raqueta antes de aprender sus primeras palabras.
Porque Menéndez, aparte de modelo, ya lo ha sido prácticamente todo: "Tengo 29 años y ya parece que estoy cerca de la jubilación", bromea de camino a tomar el AVE de vuelta a casa. Sin haber llegado a la treintena, ha ejercido de tenista semiprofesional, fotógrafo, entrenador y hasta influencer. Solo en Instagram acumula más de 200.000 seguidores, una faceta que empezó a desarrollar en sus viajes "en bici" por la ciudad, cuando buscaba con ahínco "los mejores atardeceres de A Coruña" para capturarlos con su cámara.
Anselmo Menéndez, el joven de Monte Alto que brilla en las pasarelas
Cuando se fue a Madrid para buscar suerte como modelo, su mánager le sugirió que usara ese mismo talento fotográfico para promocionarse. Aquellos los recuerda como tiempos difíciles, en los que compaginaba un tímido puerta a puerta en las agencias de modelaje con un trabajo en Zara que le permitía "pagar las facturas".
Sus padres tampoco las tenían todas consigo. "Mi familia quería que estudiara y siguiera el camino tradicional. Pero, cuando las amigas de mi madre le empezaron a decir que lo hacía bien, entonces comenzaron a creérselo", recuerda con humor el top model, que tuvo su primera gran oportunidad cuando le llamaron para trabajar en Turquía.

Anselmo Menéndez, vistiendo prendas de Maison Montē, su nueva línea de ropa. / Cedida
Era la época de la pandemia, todo el mundo estaba confinado y él, en inglés, "solo sabía decir hello". Pero Menéndez, que acabaría posando para Timberland y editoriales como GQ o L’Officiel, dice que es así como se construye una carrera. "Hay que echarle jeta, diciéndole que sí a las oportunidades sin saber si van a salir bien o mal. Y, cuando las cosas no salen, hay que seguir manteniendo la cabeza fría".
También ayuda, admite, haber nacido con madera para brillar en los desfiles. Y es que el modelo roza los dos metros de alto y su pasión por el deporte le permite vadear con facilidad una de las mayores exigencias de la industria de la moda: el espinoso asunto de mantener las medidas.
Aunque apunta que eso no le cuesta demasiado, sí confiesa que el sector es "muy exigente" y requiere mucho tiempo fuera de casa. "La parte bonita es muy bonita", dice, recordando, entre otros, sus tres días de posado para Esquire en pleno desierto, "pero también hay partes muy duras".
A pesar de ello, asegura que su línea de moda no es un paso previo a abandonar el modelaje. Es, ante todo, una forma "de crear algo propio" y de tener una nueva excusa para volver -quizá más frecuentemente- al sitio en el que todo empezó: Monte Alto.
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