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Entrevista | Sergio del Molino Escritor

El escritor Sergio del Molino presenta en A Coruña su novela sobre la hija de Goya: "Si me fuera de cañas con ella tendríamos mucho que hablar"

El autor, que presentó 'La hija' en la sede de la UNED de A Coruña, plantea la biografía de Rosario Weiss y defiende la paternidad de Goya sobre la joven, basándose en la documentación

El escritor Sergio del Molina, este miércoles en A Coruña.

El escritor Sergio del Molina, este miércoles en A Coruña. / Gus de la Paz

A Coruña

El escritor Sergio del Molino ha presentado este miércoles en la sede de la UNED de A Coruña su nueva novela, La hija, sobre Rosario Weiss, hija y discípula de Francisco de Goya. La historia aborda un episodio no tan conocido en la biografía del pintor y se centra en la naturaleza de la relación entre ambos, tanto como en la propia vida de Weiss.

Para presentarla, ¿quién fue Rosario Weiss?

Rosario fue una pintora malograda, que si hubiera vivido y no fallecido de muerte natural, sino a sus años viejos, probablemente sería un nombre muy familiar para los españoles. Murió a los 28 años y nos dejó una historia trágica. Una historia dramática de algo que pudo haber sido y no fue. En lo poquito que nos ha dejado encontramos una mirada fascinante de un artista única, que no se parecía absolutamente a ninguna otra de las de su tiempo.

Existe un debate sobre la verdadera relación entre Goya y Rosario. A mitad de la novela La hija, deja de utilizar el término ahijada y la llama hija. ¿Fue una decisión instintiva?

Hay un instinto evidentemente que me lo dice. Hay una coincidencia de fechas que se puede argumentar bastante fácil. Manuela Mena es una académica que sí que habla de Rosario Weiss como la hija, es decir, no estoy solo en esto. Se puede defender factualmente con cronología y mirando dónde estaban Goya y Leocadia Zorrilla, madre de Rosario. Es fácil hacerlas coincidir en la misma cama en el momento de la concepción de Rosario. Pero más allá de eso, lo que me lleva a afirmar categóricamente eso es que yo no soy un historiador, no tengo que andarme con esas cautelas. No estoy haciendo literatura fantástica. Puedo defenderlo en un congreso, sin ningún problema.

¿Rosario era y es un obstáculo para el mito de Goya?

No lo creo. El mito de Goya cambia, es un voluble. Desde mi punto de vista, en La Hija, se engrandece el mito con la inclusión de una hija que además explica su presencia y su trabajo en la última obra de Goya. Ella está en las pinturas negras, su huella. Si vemos a Goya como un padre, desde el punto de vista de la paternidad, el mito de Goya cambia y muta, pero es que el mito de Goya está mutando constantemente. No tiene nada que ver el Goya que celebramos ahora con el que celebraba Baudelaire. Lo único que chirría, lo único que no he logrado resolver y que no se podrá resolver nunca, es si Goya excluyó conscientemente del testamento a Rosario y a Leocadia; o no sabía que estaban excluidas. Si llegáramos a tener la certeza de que Goya las desheredó conscientemente, habría que revisar el personaje. Yo sostengo que no fue así, que no lo hizo. No tengo la certeza tampoco.

¿Diría que el machismo es una causa suficiente para el borrado de Rosario en la historia, o fue deliberado?

Hay mecanismos perversos y tienen que ver con la biografía propia de Rosario, como su vinculación con la familia de Goya. El hijo del pintor, Javier de Goya, intentó controlar la biografía que se está haciendo de su padre en Francia. Cuando los biógrafos empiezan, Javier de Goya es su principal fuente. Les remite documentos, objetos y muchos cuadros. Es una fuente riquísima. Lo que consigue Javier es que los historiadores y biógrafos cuenten lo que él quiere que cuenten. Y en lo que él quiere que cuenten no está Rosario. Tiene que estar marginada. Sí que hay machismo, a lo mejor si Rosario hubiera sido un hombre, habría tenido otros apoyos y una fortaleza que Rosario no poesía.

¿Cómo conoció el autorretrato de Rosario Weiss expuesto en el Prado?

Cuando estoy muy metido dentro de la historia de Rosario Weiss y todavía no he empezado a escribir, leo la noticia de que el Museo del Prado ha comprado el autorretrato La atención. Un cuadro del cual no teníamos noticia ni que existiera. Conocía un dibujo del Museo del Romanticismo, que es posterior y una copia que hizo la propia Rosario, suponemos que para quedársela ella de recuerdo cuando lo vendió. Del cuadro no se sabía nada. Me llama muchísimo la atención y voy a verlo. Las informaciones son muy parcas y el Prado no aclara de dónde ha salido ni nada. Me cuesta mucho sonsacarle al Prado y contactar con el coleccionista para desmadejar todo. El Prado, el mundo del arte en general, es muy secretista con sus cosas. La gente no cuenta nada de lo que tiene, por si viene Hacienda a cobrarle.

¿El cuadro le despertó la historia?

Yo veo el cuadro y, más allá de indagar de dónde ha salido, quién lo tenía y cuál es su historia; es descubrir una mirada muy sugestiva que me interpela. En las sucesivas contemplaciones va surgiendo todo el libro. Me aproximo, voy imaginándome ese personaje y se va corroborando con los datos. Me dice muchas cosas que tienen que ver conmigo, con mi condición, con la forma de enfrentarte a tu propia carrera, tu propia persona. Hay muchas similitudes y muchos puntos de conversación. Voy indagando en su vida, veo una idea de la fragilidad, del descaro, de la indiferencia, muy poderosa. Me siento muy identificado con su relación con el cuerpo, muy atípica de su época. Es muy poco pudorosa. Si me fuera de cañas con ella tendríamos mucho que hablar.

¿No teme enfrentarse a la Academia?

Hago un pequeño reproche a la Academia, porque los académicos y especialistas son muy pulcros cuando les interesa y son muy especulativos cuando les interesa. No tienen miedo a especular si les conviene para su tesis. En este caso, por lo que sea, no les ha convenido, y dejan a Rosario arrinconada. Hay otros muchos episodios oscuros de la vida de Goya sobre los cuales estos mismos académicos, muy cautelosos a la hora de hablar de la hija, no tienen el inconveniente en creerle amistades e inventarle vida, por ejemplo, en la juventud de Goya. Le han puesto que en Italia conoció a grandes artistas cuando no sabemos ni dónde vivió en Italia. Tenemos un cuaderno donde él anotaba cosas y ya. De esas anotaciones se han hecho fantasías legendarias. ¿Por qué? Porque conviene para poder dibujar el mito de Goya.

De hecho, usted señala la manipulación sobre las pinturas negras de Goya que hoy día conocemos.

Las pinturas negras formaron una parte importante del libro, sobre todo en la segunda parte. La historia empieza a ser contada con el descubrimiento de esas pinturas negras. Lo que sucede con ellas es que no sabemos casi nada. De nuevo, lo único que tenemos es especulación e interpretación. Tenemos la certeza de que han sido profundamente adulteradas. Las pinturas del Prado no se parecen mucho a las pinturas de la quinta. No se parecen ni en la paleta cromática, ni en la ejecución final, ni en los tonos, ni en los detalles. Hay muchas cosas que nos cautivan que son fruto de la torpeza del restaurador. No es materia de discusión. Sabemos que está tratando temas que ya ha tratado antes. Yo sustento que igual lo que hay en esas pinturas es más humor y comedia de lo que parece. Nos hemos ido por un lado trágico, y en realidad estamos hablando de una mirada envenenada de un sentido del humor que no entendemos, porque ese sentido del humor es como el perfume, se va enseguida.

Entre los hilos de la historia que teje, ¿cómo encaja la Monarquía española? Porque es una institución relevante para Goya y Rosario.

Brutalmente relevante, como que Goya no existiría sin ella. Le debe su gracia y su desgracia a la monarquía, sobre todo a Carlos IV. Goya es el único pintor que pintó a cuatro reyes, si contamos José I. Eso no lo ha hecho ningún pintor en la historia de España. Con Carlos IV tenía amistad y esa es una de las contradicciones que no sabían manejar muy bien, porque si Goya era tan liberal y era tan romántico, ¿por qué tenía esa relación tan cercana con los Borbones? Creo que sí que había una amistad genuina. La carambola con Rosario es cómo vuelve otra vez a la monarquía, pero regresa para intentar enderezarla. Se trata de un intento muy raro en la historia de España por el cual hay un grupo de liberales creyéndose capaz de moldear a la niña reina para convertirla en la reina Victoria, para convertirla en una monarca constitucional y sacar la maldición de los Borbones. Ella entra ahí en ese intento y vuelve al palacio de su padre, porque parece como si no pudieran salir nunca de él.

Y en los últimos días que pasaron juntos en la Quinta, ¿entra en el terreno de la ficción o encontró pruebas de ese tiempo final en compañía?

Está bastante documentada la muerte de Goya porque pasaba mucha gente por esa casa. Hay varias versiones contradictorias, como suele suceder. Todo el mundo daba un punto de vista protagonista. Sabemos bastante bien quién frecuentaba la casa y al poco tiempo de morir, llegó un cónsul que dio acta de la gente que estaba ahí. No hay que fantasear mucho, la muerte de Goya está bastante bien contada. Sabemos perfectamente que Leocadia, por ejemplo, no estuvo con él cuando murió. Dicen que estuvo solo, otros dicen que ella estuvo ahí.

Su carrera alterna ensayo y novela, ¿en La hija hay un poco de ambos estilos?

Hay una parte que se puede considerar y leer como ensayo, pero en toda novela siempre hay un ensayo. La novela siempre permite el lucubrar y meter reflexiones. En esta obra, la segunda parte la puedes sacar y convertirla solo en un ensayo. Lo que pasa es que creo que no funciona sin la novela. Están muy relacionados. La novela probablemente por sí sola, sí que funciona, hasta esa parte te puedes quedar a la mitad.

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