Entrevista | Malena Alterio Actriz
La actriz Malena Alterio, premiada en el Encuentro Mundial de Humorismo de A Coruña: "Tengo un pueblo muy grande que se llama Buenos Aires, es parte de mí"
La actriz recibe este domingo el premio Fenómeno durante la gala de clausura 'Fantastic Colofón', a las 20.00 horas en el Teatro Colón. Antes, a las 12.30 horas en el mismo espacio, la cómica Eva Hache entrevista a Alterio en 'Mi media comedia'

La actriz Malena Alterio posa en el palco de la música de Jardines de Méndez Núñez. / CARLOS PARDELLAS
La actriz Malena Alterio recibe el premio Fenómeno del Encuentro Mundial del Humorismo (EMHU) de A Coruña este domingo a las 20.00 horas en el Teatro Colón, en la gala de clausura Fantastic Colofón. El galardón se le ha concedido como un reconocimiento a su carrera y versatilidad para la comedia y el drama. Antes de eso, a las 12.30 horas en el Colón, Alterio charlará sobre su recorrido con la cómica Eva Hache en el evento Mi media comedia.
La premian en el EMHU, un festival de humor, pero usted es actriz, ¿cómo fue esa primera reacción al enterarse?
Me hace mucha ilusión. Estoy muy alegre de que hayan pensado en darme este honor. Siempre es como un cariñito que te den un premio y venir hasta aquí a recogerlo. Acabo de venir de comer con todo este grupo de descerebrados (ríe), quiero decir, de gente experta y profesional de la risa, y es una ducha de aire fresco. Sobre todo porque creo que la risa es importante y necesaria en estos tiempos que corren. Me siento una intrusa, lo juro. Lo hablaba con Luis Piedrahita porque, realmente, es verdad que he trabajado mucho la comedia y me encanta, pero no dentro de un circuito de stand up comedy. Me dejo llevar, me dejo querer y si ellos han considerado que yo soy merecedora de este premio, encantada de recibirlo.
La llamaron actriz infalible en el anuncio, ¿pero usted es tan de comedia como de drama?
En principio, en mi cabeza está así. Pero es verdad que uno tiene cierta tendencia y, de repente, te ofrecen más comedia o más drama. Una comedia es una comedia y una película dramática es una película dramática, aunque desde que empecé en esto no entiendo la vida sin comedia y al revés. Todo está mezclado con la vida y así lo hago en mi trabajo. No tengo pudor en encontrar una parte cómica de repente en una situación muy dramática. Ocurre no intencionadamente porque no es una elección mía, sino de mi inconsciente. Existe cierta comedia que va en mí, que me sale porque forma parte de la vida. No todo es drama, no todo es comedia; no todo es blanco y negro. Están los grises.
¿Pone algo de sí misma cuando interpreta comedia?
Bueno, siempre. Tengo mi alma, tengo mi trayectoria, tengo mis vivencias, tengo mi voz, tengo mi cuerpo; entonces hay algo de mí en la comedia, obviamente, siempre. La que va soy yo con mi mochila y las cosas que puedo usar en favor de potenciar los personajes que se me adjudican. Utilizo todas las herramientas que tengo a mi disposición para que los personajes luzcan y se entiendan.
Fuera de los espacios de trabajo, ¿siente esa necesidad de hacer reír?
En realidad, al contrario, siempre me considero bastante tímida, introvertida. No soy de esas personas que sobresalen extremadamente en una reunión muy concurrida y cuentan chistes divertidísimos y anécdotas infinitas. Al contrario, me quedo prendada con la gente que lo hace y me gusta escucharlos. También me dedico un poco a esto para hacer catarsis y, a lo mejor, destacar un poco más cuando se me da el foco. Pero si no se me da el foco, me quedo ahí en el rincón escuchando a los demás, que me hace muy feliz. No tengo necesidad de ser protagonista.
¿Valora más la lágrima o la risa del público?
Las dos. No sé si puedo elegir, me quedo con los dos si se me permite. Son ambas muy complicadas. La risa y la lágrima, eso es perfecto, eso es la vida. Emocionar al público. Y ojo, a veces con una carcajada sacas una lágrima también.
¿El humor se hace adulto y madura con el actor?
Uno se hace adulto, pero también es relativo. Vengo riéndome de Les Luthiers que ya escuchaba cuando era chica. A mí me sigue haciendo gracia. Los humores cambian y a, lo mejor, lo que te hacía gracia antes, no te ríes ahora. De lo que nos reíamos antes, este humor chusco o de reírte del defecto ajeno, todo eso ya afortunadamente no hace tanta gracia. Hay una mirada crítica y el abanico de la risa es tan amplio.
¿Mantiene un referente en la comedia?
Les Luthiers. Cada vez que me los encuentro me alegran el corazón. Los Monty Python, los Chanantes. Son cosas que pienso que igual han envejecido mal y los vuelvo a oír y me siguen haciendo gracia. Me encantaba Pedro Reyes, era muy fan. Tenía un pequeño monólogo sobre enamorarse de una mosca y me quedaba loca mirándolo. El absurdo me encanta. El humor está en la sorpresa y en el drama, con personajes que están sufriendo un drama terrible y son los más divertidos del mundo.
¿Se ha encontrado con guiones de comedia con un fondo muy duro y viceversa?
Puede ser. Hay veces que los textos esconden cosas que en una primera lectura uno no aprecia y, de repente, te empiezas a sumergir en ellos y descubres cosas que ni siquiera tú pensabas que podían aparecer. Ahora estoy haciendo una obra de teatro, se llama La Vida Extraordinaria y es de Mariano Tenconi Blanco, un autor argentino. El texto está trufado de una cosa muy poética, muy dramática, que habla de un cortejo fúnebre, de la muerte, de la vida, pero está con una parte muy divertida y muy lúdica. En cosas que uno creía extremadamente dramáticas, a lo mejor hay risa o sonrisa. Uno nunca sabe.
Eso del drama y la comedia entremezclado forma parte del carácter argentino ¿Tira usted también de esa materia prima familiar?
Me siento muy afortunada de venir de donde vengo, de haber nacido en Buenos Aires, de tener esos aromas y esos sabores en mi piel que los siento tan reconocidos y tan míos. Lo llevo muy a gala. Es verdad que mi situación es peculiar. Me vine exiliada en 1974, no viví mis primeros años en Argentina, pero volví en 1982. Siento que durante una época que siempre aquí en España todo el mundo tenía su pueblo, su gente, y yo no sentía como que lo tenía. Al final me di cuenta de que sí, que tengo un pueblo muy grande que se llama Buenos Aires y que me pertenece, es parte de mí, de mi vida.
¿Dónde ha encontrado más desafíos enfrentándose al humor?
Me estoy sorprendiendo a mí misma. A mis 52 años, de repente me siento desafiada con trabajos que no me veo capaz de hacerlos o no dudo si sabré cómo, pero me sorprendo, sé hacerlo y caigo de pie. Bueno, uno nunca siempre cae de pie. Hay que asumir el riesgo y me gusta ir adquiriendo retos para sorprenderme a mí misma y sentir que lo he conseguido, o que no lo he conseguido. Tengo la fortuna que, en esta profesión tan inestable y en la que uno no tiene la oportunidad de poder elegir, me siento con ese sitio privilegiado de elegir y elijo arriesgarme. Me hace crecer como persona y como actriz.
Ha estado en grandes series y películas de risa, muy populares, ¿cómo nota la evolución de la comedia?
Las cosas han cambiado bastante. Cuando empecé no había casi internet. Mandar un email ya era un evento, yo vengo de ese mundo. Ahora todo es muchísimo más inmediato y la atención de la gente es mucho más breve. Así con todo, la comedia, el drama, la forma de ver televisión, la forma de ver cine y también la forma de reírnos. Se ha democratizado de alguna manera entre paréntesis. Todo el mundo tiene su opinión y esa democratización, si te metes en los teléfonos, puede ser muy destructiva también. Trato de no meterme en esos términos y dedicarme a lo mío. Eso afecta mucho y ha condicionado mucho la forma de difundir la comedia, de expresar su opinión. Tal vez alguien se lo piense tres o cuatro veces a la hora de dar una opinión. Están el qué dirán y los escarnios, a veces desproporcionados, que se producen en las redes sociales. Eso ha condicionado en alguna medida.
Tanto su personaje, Belén López Vázquez, como la serie Aquí no hay quien viva han trascendido a la cultura popular.
Estoy muy agradecida. Ese personaje me ha abierto muchas puertas y siento que la gente me quiere muchísimo. La gente me quiere y a lo mejor soy mala persona y no lo saben (ríe). Siento el cariño. Volando hacia A Coruña, un chico me comentó que había tenido una pérdida de un ser querido y en los últimos días juntos, compartió Aquí no hay quien viva con esa persona. La serie había aliviado un poco esa situación, me lo agradeció mucho. Una trabaja, aprende el texto y hace sus escenas, pero uno nunca tiene la dimensión de hasta dónde va a llegar un personaje. Jamás lo pensamos los que hicimos Aquí no hay quien viva, no pudimos tener la idea de lo que luego sucedió. Es un fenómeno. No nos damos cuenta de la repercusión y lo que ayudamos a la gente porque en el día hacemos nuestro trabajo.
¿Todos los días alguien la llama Belén?
Todos los días ahora mismo tampoco, no nos pasemos. Pero sí sucede. El personaje está en las cabezas y corazones de muchísima gente. A fecha de hoy ese personaje sigue vivo.
¿Recuerda el día de estallido de fama?
No tanto un día, porque fue un boom; fue tan brutal al principio. Empezó a suceder que me pedían fotos y todos estábamos muy maravillados. Pasó de una cosa chiquita sin expectativas a ser una cosa popular que la gente te miraba por la calle. Se volvió algo más excesivo, no pienses que fue muy agradable. Subía y bajaba, la fama es así. Es un camino largo si te va bien con fortuna, donde unas cosas funcionan y otras no.
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