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Sin miradas ni presión: el entrenamiento que buscan cada vez más mujeres en A Coruña

Kivifit aterriza en Matogrande tras abrir dos centros en Oleiros para ofrecer un ejercicio de fuerza sin juicios ni interrupciones, destinado únicamente a mujeres

Nuevo gimnasio Kivifit en Matogrande

Inés Vicente Garrido

A Coruña

Entrar en un gimnasio convencional supone, para muchas mujeres, enfrentarse a una barrera invisible pero demoledora: la mirada del resto. Victoria Lago, conocida por todos como Viki, detectó este fenómeno tras dos décadas en la gestión de grandes centros deportivos por España y Portugal. Observó que, a partir de cierta edad o tras hitos vitales como embarazos y menopausia, la mujer abandona el ejercicio. "El motivo casi nunca es la falta de voluntad, sino la incomodidad", asegura la entrenadora.

Con 50 años y una larga trayectoria en la gestión deportiva, Viki decidió hace cinco años dar un paso que, en su momento, no fue bien recibido por todo el mundo: abrir un espacio de entrenamiento solo para mujeres. "Durante mucho tiempo trabajé analizando el comportamiento de los clientes en centros deportivos. Y había algo que se repetía: la mujer, a partir de cierta edad, abandonaba antes", explica. "Iban a clases colectivas, sí, pero evitaban las salas de fitness. Y cuando preguntabas por qué, las respuestas eran siempre las mismas".

No era una cuestión física. Era emocional. "Te decían que no se sentían al nivel, que creían que las miraban, que no querían exponerse. Muchas venían después de embarazos, otras en etapas como la menopausia… momentos en los que el cuerpo cambia y la relación con él también", explica la preparadora física.

Victoria Lago, directora de los gimnasios Kivifit

Victoria Lago, directora de Kivifit en el nuevo gimnasio de Matogrande / CASTELEIRO

Ese rechazo silencioso ha tenido consecuencias claras. Muchas mujeres han dejado de entrenar o han limitado su actividad a disciplinas más suaves, como el pilates o el yoga. "No porque no pudiesen hacer otra cosa, sino porque se sentían más cómodas", añade.

Sin embargo, el entrenamiento de fuerza, clave para la salud a largo plazo, quedaba fuera. Ahí es donde nace la idea de crear un espacio diferente. "No se trataba de hacer algo exclusivo por hacer, sino de responder a una necesidad real", explica Viki, que asegura que encontró "un perfil de mujer que no estaba siendo atendido en los gimnasios tradicionales".

El concepto es sencillo, pero rompe con lo habitual: grupos reducidos, ambiente íntimo y solo mujeres. "La idea es que llegues y te sientas como en casa. Que entrenes con otras mujeres, sin ruido, sin comparaciones", explica.

'Gymtimidation'

Esa sensación que muchas mujeres padecen tiene un nombre anglosajón: gymtimidation. Un término que define esa sensación de intimidación o inseguridad que experimentan muchas personas —especialmente mujeres— en espacios deportivos. "Hay mujeres que me dicen directamente que les da pánico ponerse una malla. Que no quieren ni mirarse al espejo", cuenta. "Otras han probado gimnasios y no han vuelto porque se han sentido fuera de lugar". Para ellas, entrenar no es solo una cuestión de salud física. Es recuperar un espacio que sentían que no era suyo.

El crecimiento de este tipo de propuestas no es casual. Responde a una demanda cada vez más visible. "Ya era hora de que hubiera algo así en A Coruña", afirma Viki, que actualmente cuenta con dos centros en Oleiros y que acaba de abrir un nuevo espacio en Matogrande, en el Attica 21.

Este último introduce un formato distinto: una "cápsula" dentro de un gimnasio del hotel. Un espacio cerrado, separado del resto, donde se entrena sin interferencias externas. "Quien quiere, luego sale al resto del gimnasio. Pero el entrenamiento se hace ahí dentro, en un entorno controlado", detalla.

La importancia de la seguridad

Más allá del formato, el enfoque también cambia. "No entrenamos igual que se entrena en otros sitios. Hay una parte física, claro, pero también una parte emocional muy importante". El objetivo no es solo mejorar físicamente, sino también la relación con el propio cuerpo. "Trabajamos mucho la autoestima, la seguridad, eliminar esas etiquetas de ‘yo no puedo’ o ‘esto no es para mí’".

En ese proceso, el cambio suele llegar antes por dentro que por fuera. "Lo primero que notas no es el cuerpo, es cómo te sientes", explica. "Empiezas a estar más segura, más tranquila. Y a partir de ahí, todo lo demás viene solo", indica.

Victoria Lago, directora de los gimnasios Kivifit con sus alumnas

Victoria Lago, directora de los gimnasios Kivifit con sus alumnas / GUS DE LA PAZ

La diferencia entre el hombre y la mujer también se notan en cómo se plantean las sesiones. "El ejercicio puede ser el mismo, pero el formato cambia. A muchas mujeres les motiva entrenar con música, en grupo, con cierto acompañamiento. No es solo hacer una rutina". Esa adaptación no es solo cuestión de preferencias, sino también de necesidades. "El cuerpo de la mujer pasa por muchas etapas y no siempre necesita lo mismo. Hay que entender eso".

Pese a la buena acogida, el camino no ha estado exento de críticas. "Me han llamado de todo por abrir estos centros", reconoce, "pero también te digo que me ha cambiado la vida".

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