Experimentos para todas las edades en el Día de la Ciencia en la Calle, en A Coruña
Los jardines de Méndez Núñez son la nueva ubicación del evento, al que se suman 54 jaimas de diferentes centros educativos e instituciones de la ciudad
A Coruña celebra el Día de la Ciencia en la Calle, esta vez en los Jardines de Méndez Núñez / Casteleiro
Un sol propio de mayo cae sobre 54 casetas expuestas en los jardines de Méndez Núñez. Una multitud de visitantes, familias, docentes y, sobre todo, niños, inundan, al menos hasta la llegada de la lluvia, la explanada del Kiosco Alfonso en el Día de la Ciencia en la Calle. El evento, que celebra su 30º aniversario, se trasladó este año a la nueva localización como consecuencia de las obras en el parque de Santa Margarita.
De las 54 jaimas, 44 son de centros escolares de A Coruña, su área metropolitana y otros municipios gallegos, como Ortigueira. "Las que se celebran en Cambre vamos siempre, porque tenemos un niño al que le interesa mucho la ciencia", explica una visitante, Ángela Abad, que es la primera vez que viene al de A Coruña. "Está interesante, descifré un código con círculos y letras que utilizaban los romanos para sus mensajes", añade.
Un paseo de colores
Cada jaima arremolina decenas de curiosos, que luchan por un hueco por el que observar —o participar, los más pequeños— diversas curiosidades científicas. En la caseta número 37, del Centro de Educación Especial María Mariño, un olor a rosas lo inunda todo. Con plantas de diferentes especies expuestas en las mesas y un microscopio por el que observar sus matices, los del María Mariño exhiben, orgullosos, su pequeño jardín.
"Lo que exponemos aquí es nuestro día a día, lo que hacemos normalmente. Por ejemplo, desde tema de riegos hasta esta parte de aquí, que es un proyecto que tenemos en marcha de multiplicación de helechos arborescentes. Hay de varios tamaños, porque ya llevamos varios años", explica un docente del centro, Guillermo Gil. Una baldosa con diferentes tipos de musgos recibe a los visitantes de la carpa 37. "Este año estamos haciendo prácticas para triplicar los musgos, para ver qué posibilidades tienen en jardinería", comenta Gil.
Pero lo que más llama la atención son, sin duda, las rosas. "Tenemos una colección de rosales de uso culinario. Ayer plantamos diez en el Paseo das Pontes, porque estamos desarrollando un proyecto con su centro de Formación Profesional", añade el docente.
La Federación Provincial de Anpas, en el número 52, aporta los colores del espacio. "Tenemos un sistema solar y un viaje espacial. En esta otra zona se pueden ver las fases de la luna, tenemos un juego de quién es quien sobre los planetas, un taller de manualidades para hacer un cohete...", enseña Xana Rivas.
Aprender jugando
La Cátedra Emalcsa-UDC lleva un original juego de cartas a la carpa número 39. "Presentamos una propuesta para un juego de mesa, de cartas, muy similar al Virus!, relacionado con Emalcsa y su entorno", explica uno de los creadores de la baraja, David Viñas. El juego junta las cuatro grandes zonas de acción de la empresa: el embalse de Cecebre, el río Mero, la depuradora y la red urbana de tuberías. "Es muy dinámico, están esos cuatro entornos más las amenazas generales que pueden surgir en cada uno, y sus soluciones", ilustra Viñas.
Su idea era acercar al público general la utilidad de esas cuatro zonas con un acercamiento lúdico. "Poder explicárselo sin que sea una charla, o algo más directo, que al final te puedes quedar con menos información. Si lo tienes en tus propias manos, es más fácil de entender qué hace cada parte, qué puede pasar y cómo se puede solucionar", relata.
Al puesto del Calasancias, el 41, le precede un ligero olor a quemado. Uno de sus experimentos es un quemador solar, fabricado con papel —en este caso, de un azucarillo— y una superficie reflectante, dotando al conjunto la apariencia de una pequeña antena parabólica. Selena Fedele, alumna del centro, es la encargada de sujetar el invento, que empieza a humear, a la luz del sol. Brazos robots inundan las mesas, y un sistema de poleas se sitúa a la entrada. Entre alumna y profesor, Luis Parada, demuestran cómo la ciencia vence a la fuerza bruta. "Sin mucho problema, yo puedo ganarle solo con tirar un poco, frente a él con todo su peso. Si queréis ayudar, podéis, o mejor ayudadle a él", bromea Fedele. "Siete a cero me lleva la condenada", ríe Parada.
Carmen Alonso, una visitante, lleva repitiendo con su hijo desde hace años, "desde siempre". "Me parece súper interesante que se ven muchos niños pequeños por aquí, y que se muestre en la práctica todos los contenidos de clase. Estaría genial que todos los pedagógicos visitaran los colegios para poder ver realmente para qué sirven los contenidos teóricos", dice Alonso.
El futuro de la medicina
El Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña (Inibic), en la carpa número 16, incorpora uno de los elementos más llamativos del evento. Un dron de gran tamaño funciona como reclamo para decenas de curiosos, que se acercan para descubrir su función. "Hoy en día, la logística sanitaria funciona por vía terrestre", explica Alex de la Fuente, miembro de Inibic. "Un servicio móvil se encarga de recoger las muestras de los hospitales y las reparte por el resto de hospitales del área sanitaria", añade, "y la idea es que los drones van a ser la alternativa al transporte terrestre".
Son los primeros en conseguir los permisos necesarios para establecer un corredor autorizado, en el que ya están haciendo las primeras pruebas de envío de muestras biológicas entre dos hospitales: el de Oza y el Materno Infantil. "La parte regulatoria es la más compleja. Todo el mundo pregunta por el tipo de dron, y yo siempre digo que, por suerte o por desgracia, estamos viviendo una guerra y sabemos que los drones son capaces de recorrer distancias casi infinitas. El problema no es el tipo de dron que vayamos a utilizar, sino todo lo que tienes que solicitar a nivel de permisos y regulación para que pueda volar", esclarece de la Fuente. Su intención es que el corredor se amplíe a otros centros sanitarios. "Y que empecemos a interiorizar que debería ser relativamente normal a corto o medio plazo el ver drones volando llevando muestras", dice.
Además del dron, en la caseta incluyen actividades para los más pequeños, siendo la más popular el experimento con el ADN de plátano. "Les encanta porque manipulan ellos todo", comenta Tamara Hermida, del Inibic, quien también enseña el juego con la tinta invisible y el de la radiografía. Las personas mayores no quedan excluidas gracias al baño de parafina, perfecto para patologías artrósicas y dolores articulares. "Siempre intentamos traer actividades divulgativas y adaptadas a cualquier edad, porque sabemos que hay perfiles totalmente diferentes", comparte Hermida.
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