A Coruña lee también entre amigos, de manera autogestionada y con títulos más variados: "No montamos un club de lectura para comentar 'Harry Potter'"
Los encuentros literarios autogestionados, como los de Las Kikas o Club Wannabe en A Coruña, ejemplifican la creciente tendencia de reuniones informales frente a los clubes institucionales, ya que resultan más libres en aspectos como elección de obras y el debate entre sus miembros

Los miembros del club de lectura Las Kikas comentan en una de sus reuniones. / GUS DE LA PAZ
La lectura como opción de ocio creció el año pasado y el 66,2% de la población española mayor de 14 años confirma invertir su tiempo libre en la literatura, según el último barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2025 del Ministerio de Cultura. La cifra se dispara al 76,9% en el caso de los jóvenes entre 14 y 24 años. En un momento con la lectura en buenas cifras, A Coruña experimenta un momento interesante para los clubes de lectura, es decir, el encuentro de lectores para compartir experiencias sobre un libro. Además de los organizados por bibliotecas públicas y librerías, existe una posible tercera vía: los clubes de lectura autogestionados.
Los clubes autogestionados podrían definirse como las reuniones periódicas de amigos o personas con un interés común alrededor de un libro seleccionado, sin intervención de una institución pública o privada y, como grupo, sufragan sus posibles gastos derivados de la actividad. La estructura interna puede variar en forma, aunque la tendencia es la horizontalidad, así como el grado de apertura al público.
"En los clubes institucionales o de bibliotecas existen obstáculos por número ejemplares o listas de espera. En las librerías suelen especializarse más, el aforo es rígido y las lecturas pueden estar influidas por intereses editoriales. El atractivo de los clubes autogestionados es que se convierte en una cosa más de compartir como en un salón. Puedes criticar más libremente un libro, no son tan rígidos y las lecturas se constriñen menos", explica María Nieto, directora de un club de lectura en la biblioteca González Garcés de A Coruña, otro club de literatura erótica en la librería Lume y también conductora del pódcast Desquiciadas de libro.
Las novedades literarias en España rozan los 400 lanzamientos al día, con estimaciones de 90.000 libros editados al año. Según Nieto, las editoriales interfieren en los clubes de lectura, "hacen selecciones porque así es el mercado", y las bibliotecas "tienen limitación material, aunque renueven el catálogo". A su visión, el modelo autogestionado de estas reuniones se asemeja "a ir a un concierto o ir al cine con tus amigos", pero poniendo el foco sobre el libro. "El club de lectura resta elitismo a la literatura; es más fácil escapar del esquema del me gusta o no me gusta", expresa Nieto.
"A Coruña es una ciudad muy lectora", afirma la directora, y destaca "los proyectos interesantes" que existen en la ciudad vinculados a la literatura. En esta línea, Elena Carrera desgrana los detalles de su club de lectura autogestionado, Las Kikas, un proyecto "muy de andar por casa, muy casual" pero que congrega a varios amigos cada mes para comentar un título elegido democráticamente.

Los miembros del Club de lectura Las Kikas posan con varios libros. / GUS DE LA PAZ
Las Kikas, un reto compartido
"Nos juntamos unas amigas para tomar café y empezamos a comentar nuestros propósitos. Me apetecía un objetivo de ir a libro por mes, quería retomar la lectura y mis amigos también. Al final, yo por una oposición o el resto por su trabajo, habíamos dejado de leer tanto. Si no te obligas o no tienes con quién comentarlo, se pierde la emoción de lo que estás leyendo. Lo propuse, vi que había ánimo entre colegas y formé un grupo de WhatsApp con gente que sé que podría entrar. Empezamos en enero de este año y el ánimo de ponernos lectoras", explica Elena Carrera sobre el origen de su grupo, que debe el nombre a la saga juvenil Kika Superbruja.
El club está formado por ocho personas que se reúnen en presencial y una más, que participa de manera telemática desde Madrid. Se reúnen en la terraza del piso de una integrante y para elegir el día cuadran fecha para que puedan los máximos posibles. Aunque no define como excluyente el acceso para participar, Carrera explica que Las Kikas funciona con su "propio contexto, se gestiona desde el hecho de ser colegas".
Actualmente, la lectura que les ocupa es la novela Los santos inocentes de Miguel Delibes y, antes de esta, pasaron por Oxígeno, de Marta Jiménez Serrano, o Se acabó el pastel, de Nora Ephron. El método para elegir los títulos "es muy democrático y no tiene mucho misterio", adelanta Carrera. Cada miembro debe realizar una propuesta y se publican todas en una encuesta de WhatsApp dentro del grupo. Votan y uno de los libros es elegido. Los restantes se conservan para más adelante y "a cierta altura un libro de todos saldrá elegido", confirma.
"No montamos un club de lectura para comentar Harry Potter o Anna Karenina, o una versión escrita de una serie mala de Netflix. Entre las propuestas que hacemos están Despedidas, de Julian Barnes, La casa de los espíritus, de Isabel Allende, Éramos niños, de Patti Smith... Pensé que traeríamos literatura de otro tipo, pero nos rompemos el coco. El punto de inflexión interno estuvo en Oxígeno, de Marta Jiménez Serrano. Habíamos entrado en barrena con libros contemporáneos y más reflexivos que narrativos. Son muy interesantes, pero queremos algo más", indica Carrera.
Otra miembro de Las Kikas, Gloria García, coincide con Elena Carrera en señalar que el club sirve "para hablar de muchos temas derivados y no solo la lectura". "Me sorprendo porque muchas veces la lectura queda en segundo lugar y divagamos y contamos cosas de nuestra vida", asegura García. "Leemos, pero en el club de lectura hablamos de lo que nos suscita el propio libro. Leímos El lugar de Annie Ernaux y terminamos hablando sobre nuestros padres, la meritocracia, el nepotismo", completa Carrera.

Los miembros del club de lectura Wannabe posan en una de sus reuniones. / CASTELEIRO
Club Wannabe, libros a la olla
"Este club surge por una conversación que tenemos dos o tres miembros de otro preexistente, que organiza la asociación Queeruña. Pensamos que sería buena idea para leer algo más y sin temática cerrada. Incluso hay gente que mantiene ambos clubes de lectura. Nosotros somos un poco el bis de ese", explica Emilio Ramos, miembro del club Wannabe.
El nombre que eligieron los miembros responde, por un lado, al significado en inglés de esta palabra, "algo así como pretender ser lo que no eres", y como homenaje a la canción de las Spice Girls. "Es un modo de reírnos de nosotros mismos y de definirnos respecto al club original. Optábamos a ser unas copias y nos lo apropiamos", aclara Ramos.
En las reuniones coinciden cerca de diez personas, que quedan una vez al mes en el mismo sitio, la cafetería Richard's Bakery, y eligen la fecha respetando al club oficial de Queeruña. La elección del libro se realiza "de manera común y sencilla". Cada miembro propone un libro, lo escribe en un papel y se meten todos en una olla. Una mano inocente es la encargada de sacar un papel y la persona elegida no podrá sugerir el mes siguiente.
"Las propuestas de todos resultarán elegidas al menos una vez. Buscamos un punto medio, es decir, ni un libro de 600 páginas ni otro de 100. Andamos alrededor de las 300 páginas. Hemos leído Temporada de huracanes, Cosas pequeñas como esas, La clase de griego, El jardinero y la muerte o Hierba, entre otros. No pasa nada si un libro no nos gusta. Lo que menos nos gusta también nos une mucho", confirma.
Ramos habla del grupo como "muy tranquilo, comparte ideales" y destaca la variedad entre los miembros, que provienen de diferentes lugares, tienen edades distintas y gustos literarios diversos. "A raíz de juntarnos por el club, hay quien ya ha quedado fuera para hacer algún plan, por ejemplo, de baile gallego", afirma.

La periodista Bernardita Galiana, cofundadora del club Vino a leer, en Casa Pepita, su nueva sede. / GUS DE LA PAZ / LCO
Vino a leer, lecturas entre copas
La comunicadora social Bernardita Galiana y la periodista Xulia Lomba coordinan el club de lectura Vino a leer, una propuesta autogestionada que propone la combinación de vino y literatura. Tras un breve parón, anuncian la vuelta de sus reuniones y fechan la primera de su nueva etapa el próximo 17 de mayo, coincidente con el Día das Letras Galegas. Para esa fecha, el club colaborará con Casa Pepita, donde se acogerá la sesión con la "ilusión futura" de contar con espacio propio, organizar talleres y recibir a escritores y escritoras.
"Nació como una diversión para compartir espacio. Nos gustó la experiencia, tuvo repercusión y quisimos abrirnos a más gente de manera orgánica. La copa de vino es para animar la lectura y para comentar de manera genuina un título. Estar en Casa Pepita ahora supone situarnos en un lugar estratégico de la ciudad que conecta el bar, el teatro, la calle y la lectura. Somos un club que debe parte de su éxito al boca a boca, sobre todo", señala Galiana.
"El club Vino a leer surgió como un proyecto al terminar el máster para juntarnos una vez al mes para hablar con amigos sobre libros. Es absolutamente autogestionado, al principio incluso cocinábamos y lo organizábamos en el piso de alguien. A nosotras nos gusta comentar lecturas juntas y casi hacer terapia. Se hizo desde la amistad y de momento solo hay mujeres, pero nos encantaría que vinieran hombres. Estamos abiertas al público, aunque hay un aforo limitado", explica Lomba.
En Vino a Leer, la decisión sobre las lecturas recae en Lomba y Galiana porque se definen como "las amigas a las que preguntan y consultan" en materia de recomendaciones. Hasta ahora han optado por Pechos y huevos, Los nombres propios o La idiota. En su caso, sí existe un eje en las elecciones. El club lee a mujeres de todos los continentes que hayan escrito sobre temas y momentos importantes en la experiencia vital de una mujer, "como el crecimiento o la maternidad".

Imagen del Excel del club Lecturra, en donde gestionan la selección de libros. / LCO
Lecturra, un club-chat
El club Lecturra se organiza de manera digital y no da importancia a las reuniones presenciales, aunque han sucedido en alguna ocasión de modo informal. El origen, en este caso y como señala Luís López, se sitúa en un mes de septiembre con la sensación de vuelta al colegio. "De adultos non hai quen mire por nós, temos que autodisciplinarnos. Somos o fracaso das políticas de promoción de lectura da Xunta", comenta irónicamente López, el gestor del grupo.
Los 16 miembros de Lecturra, que son tanto amigos como absolutos desconocidos "que non se recoñecerían na rúa", sustituyen el espacio físico por un chat de WhatsApp en donde a final de cada mes puntúan el libro, con el objetivo de dinamizar la conversación. Esos puntos dan lugar a un ránking con el mismo objetivo. Realizan estadísticas con los datos obtenidos y reflexionan, por ejemplo, sobre materias como la lengua en la que está escrita la obra, la década de publicación, el género o la nacionalidad del autor.
"A mecánica de selección é sinxela: nun documento de Excel que todo o mundo pode editar, cada integrante debe anotar tres libros co seu autor/a. A principios de cada mes hai un sorteo que levo a cabo eu mesmo. Cando un libro que propuxeches é seleccionado impera a Lei Javi: non podes ser escollido ata dentro de dous meses. Cada quen dentro do grupo é libre de expresar e escribir o que queira, sempre relacionado co libro a ler ou coas dinámicas do propio clube", explica López sobre su método.
"Os libros que máis lemos e mellor valoramos son de poesía, de autores como Lorca, Miguel Hernández ou Anne Carson. Non temos unha temática concreta nin un xénero definido. Unha iniciativa así é un método para atopar libros de cuxa existencia non sabías e tomar o ánimo para atacalos", señala el miembro, que se define "dunha xeración que ama ler ou que quere amar ler, pero que apenas sabe indicar sen sentirse pedante ou ridícula as reflexións, sentimentos e vidas ás que esa lectura lle transporta".
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