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El bar con los tequeños más famosos de A Coruña cumple 30 años: "Vendemos 600 en un día grande"

Este local familiar de María Pita lleva décadas conquistando a los coruñeses con su receta venezolana y sus tapas a 3 euros

Javier y José Ángel Pastoriza, con los famosos tequeños de su bar, que cumple 30 años.

Javier y José Ángel Pastoriza, con los famosos tequeños de su bar, que cumple 30 años. / Carlos Pardellas

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A algunos les toca la lotería y, a otros, la idea de un negocio que llena mesas cada fin de semana. Eso es precisamente lo que les ocurrió a José Manuel y a José Ángel Pastoriza, dos hermanos de A Coruña conocidos por cualquiera que se haya ido alguna vez de tapas por el centro.

El primero ganó el segundo premio del Sorteo Extraordinario del Niño y se retiró de la hostelería hace ya más de una década. El segundo, al que todos se refieren con el apodo de Lito, levantó su propio imperio de los tequeños en plena plaza de María Pita, donde lleva 30 años conquistando con una receta tan icónica que incluso ha bautizado al propio establecimiento.

"Mi hermano y yo empezamos en un local de la Franja llamado La Viña, donde comenzamos a sacar este plato. Los clientes siempre decían que estaban 'donde el tequeño', así que, cuando me vine aquí en el 96, le puse ese nombre", explica Lito.

Los tequeños que triunfan en María Pita.

Los tequeños que triunfan en María Pita. / Carlos Pardellas

En una buena jornada, como una tarde de partido, la freidora de El Tequeño va a todo tren para sacar estos bastones de masa rellenos de queso y de tamaño XL. "Vendemos 600 tranquilamente en un día grande. La chavalada viene los findes y, por semana, la gente aprovecha si hay fútbol o se acerca a almorzar desde las oficinas, porque con dos o tres tapas ya vas comido".

Las que están fijas en carta tienen un precio redondo de 3 euros e incluyen opciones como el choricito o el lomo al vino, la ensaladilla, albóndigas con patatas o el pasticho, "una especie de lasaña a la venezolana". Pero es el tequeño el que suele dejarse ver en la mayoría de las mesas, directamente aterrizado desde la cocina de Flor Rodríguez.

Tapa de albóndigas con patatas fritas en El Tequeño de María Pita.

Tapa de albóndigas con patatas fritas en El Tequeño de María Pita. / LOC

Cuenta Lito que la conoció cuando emigró de joven a Venezuela, donde surgió el flechazo y el germen del futuro negocio. Una conocida del país les compartió su receta de tequeños y Flor hizo zoom en sus fogones para llevarlos al tamaño que recordaba que tenían los que merendaba en el patio de su escuela.

La magia del plato es secreta, pero hay ciertas cosas que pueden desvelarse. "Hay que buscar un queso apropiado y hacerlos con cariño", dice Pastoriza, que también tienta a la clientela con tapas del día, como croquetas o arroz marinero.

Lo que le hace más feliz es cuando la gente se las lleva para poder disfrutarlas en su hogar, incluso aunque vivan a kilómetros de A Coruña. A veces, incluso puede saber cuándo un cliente se va a marchar de la urbe tan solo por su pedido. "Muchos de Madrid intenta llevarse algunos tequeños hechos. También venían un abuelo y su nieto que siempre pedían uno o dos, salvo cuando iban a volver a la capital. Ese día se comían cuatro", recuerda entre risas.

Algunas de las opciones de tapas que se pueden encontrar en El Tequeño.

Algunas de las opciones de tapas que se pueden encontrar en El Tequeño. / LOC

El Tequeño, una empresa familiar en el corazón de A Coruña

Aunque hoy el fundador de El Tequeño ya esté retirado, se le sigue pudiendo ver tras la barra "echando una mano como jubilado activo". En la cocina sigue el buen hacer de su mujer Flor y, al frente, su hijo Javier, la segunda generación de un local que ha ido transformándose con los tiempos.

En el 96, cuando Lito ocupó la antigua jamonería Rumbo y llevó a las puertas del Ayuntamiento el sabor de Venezuela, el local era diferente en muchas formas. Aún recuerda, por ejemplo, las antiguas terrazas de María Pita, "con las sombrillas y las sillas blancas que volaban por todas partes", hasta que el Concello impuso unas terrazas cerradas que volverán a cambiar en breve.

Dice que al principio este espacio exterior le ponía nervioso, porque "nunca había trabajado con una terraza". Pero, tras la pandemia, su hijo introdujo el autoservicio, y se hizo más fácil despachar en las jornadas más potentes, cuando los coruñeses llegan a hacer cola para llenarse el estómago en el punto más neurálgico de la urbe.

Los días favoritos de Lito son aquellos en los que el fútbol se juega algo grande, "como cuando ganamos la Liga o cuando vamos a subir a Primera". "Me gusta compartir la alegría con el público. Estoy muy a gusto mientras esto funcione".

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