José Castiñeiras, el hombre que moldeó A Coruña: "Hice tantas esculturas en la ciudad que ya no me acuerdo de todas"
El creador de la figura de María Pita, las Catalinas y la fuente de los surfistas, que a sus 85 años no ha dejado de trabajar, será reconocido este sábado por la Asociación veciñal Os Mallos-Plataforma

Inés Vicente Garrido / Casteleiro
A José Castiñeiras no le gustan demasiado los homenajes. Tampoco los focos ni los discursos grandilocuentes. De hecho, cuando le contaron que el barrio de Os Mallos quería rendirle tributo este sábado en la primera edición de Letras nos Mallos, casi le dio más un disgusto que una alegría. "Llamó al jardinero y le dijo que le acababan de dar una muy mala noticia", cuenta entre risas su hijo mientras el escultor observa en silencio el taller en el que sigue creando cada día.
Porque Castiñeiras nunca dejó de trabajar. Se jubiló, sí, pero solo oficialmente. El barro continúa fresco sobre la mesa del estudio, cubierto con plásticos verdes para que no se seque. Las herramientas siguen colocadas como si fueran una extensión natural de sus manos. "El barro es una materia tan pobre, pero tan noble", explica mientras sostiene una pequeña pieza de boj que talló cuando estudiaba en Santiago. "Aquí es de donde sale el arte", asegura.
A sus 85 años, el escultor continúa entrando cada día en el taller. Rodeado de maquetas, bustos y esculturas que forman parte de la memoria colectiva de la ciudad. La coruñesa de María Pita de la plaza del Ayuntamiento. La fuente de los surfistas del Orzán. Las Gaviotas. Las Catalinas. Los Liberales. Pucho Boedo. Álvaro Cunqueiro. Obras que miles de coruñeses ven cada día sin pensar demasiado en el hombre que hay detrás de ellas.

José Castiñeiras posa en su taller con uno de los instrumentos que utiliza para esculpir el barro / Casteleiro
Y, mientras habla, resulta difícil separar su historia de la propia historia de A Coruña. "Alguna vez me ha dicho por la calle: 'Mira, que escultura más bien hecha'. Y le digo: 'Pero, papá, si la hiciste tú'", explica su hijo. "No es que no me acuerde de las cosas, es que hice tantas esculturas en A Coruña que ya no me acuerdo de todas", señala el artista.
El taller antes que los libros
Todo empezó siendo un niño de una aldea de Dubra al que le fascinaban los talleres de escultura. "De muy niño, muy niño", recuerda cuando intenta situar el momento en el que descubrió que aquello sería su vida. Tenía apenas 13 o 14 años cuando tomó una decisión que marcaría su futuro. Su madre acababa de pedirle que estudiase mucho porque la familia todavía debía dinero de la construcción de la casa nueva. Pero él no podía dejar de mirar hacia los talleres de Santiago. "Me llamaban muchísimo la atención", recuerda.
Un día entró en uno de ellos para pedir trabajo. Le preguntaron si sabía hacer algo. "Algo sé", respondió. Le dieron unas herramientas y lo pusieron a prueba. Aquel chaval tímido y observador resultó ser rapidísimo trabajando. Tanto que poco tiempo después ya cobraba por las tardes mientras limpiaba el taller tras la jornada.
Nunca olvidó el primer sueldo. "Me dieron un billete de cincuenta pesetas", cuenta todavía con una sonrisa que le cambia completamente la cara. Aquel adolescente ya tenía algo diferente. Una curiosidad constante que sigue intacta décadas después. "Yo tenía mucho afán de aprender. Siempre fui muy curioso", resume.

José Castiñeiras y su hijo en el taller de su casa / Casteleiro
Estudió en la Escola Mestre Mateo de Santiago mientras trabajaba durante el día. Por las noches acudía a clases "por libre". No había descanso. Solo ganas de crear. "Mi curiosidad. Siempre fue mi curiosidad la que me llevó a hacer cosas", insiste.
A Coruña llegó más tarde, durante la mili. Y ya nunca se marchó. Con el paso del tiempo se convirtió en uno de los escultores más importantes de la ciudad casi sin proponérselo. Su obra fue llenando calles, plazas y edificios públicos hasta formar parte de la identidad visual coruñesa. Pero Castiñeiras continúa hablando de sus esculturas con la misma naturalidad con la que un artesano habla de su oficio. Desde la primera de Luis Seoane hasta incluso la más icónica.
La escultura de María Pita
La estatua de María Pita nació de un encargo directo del alcalde Francisco Vázquez. El escultor realizó primero un boceto que no le convenció. "No me gustó nada, tuve que repetirlo", admite. Así que volvió a empezar hasta encontrar la figura definitiva. Una María Pita elevada sobre piedra similar a la del propio Ayuntamiento, rodeada de relieves que representan el asedio inglés a la ciudad.

José Castiñeiras en su casa de Os Mallos / Casteleiro
Hasta introdujo un pequeño secreto personal en la obra. Uno de los soldados muertos del monumento tiene su propia cara. "Me puse yo ahí muerto, como si fuera un soldado inglés", comenta entre risas.
En el taller conserva todavía piezas originales de aquella escultura. La espada, los murales de bronce o varias maquetas a tamaño reducido. Algunas estuvieron a punto de acabar en la basura durante una limpieza doméstica. "Llegué a casa y estaba la espada original en una caja para tirar. Son cosas de artistas", cuenta su hijo todavía sorprendido.
Los surfistas
Si María Pita es la obra más representativa de la ciudad, la fuente de los surfistas se ha convertido en la más popular. Y también en la favorita del escultor. "A mí la que más me gustó hacer fue la de los surfistas", admite rápidamente. La idea apareció cuando existía un espacio vacío pensado para una fuente en el paseo marítimo. "No venía ninguna idea buena para poner allí y yo tuve una. Poner a unos surfistas", explica.

La maqueta de los surfistas de José Castiñeiras / Casteleiro
Aún tiene muchas ideas por esculpir. Quizá por eso continúa creando después de la jubilación. "Todo esto lo hice después de jubilarme", dice mientras señala esculturas repartidas por el estudio. Pero, entre todas las obras públicas que marcaron A Coruña, hay una confesión que repite varias veces. Sus favoritas no están en las calles. "Las privadas son las que más me gustan hacer. Para exposiciones privadas. Son las que me salen de aquí" , explica llevándose la mano al pecho.
Porque detrás del escultor monumental sigue existiendo aquel niño curioso que modelaba barro sin pensar en plazas ni homenajes. Este sábado a partir de las 12 horas, el barrio de Os Mallos descubrirá un monolito conmemorativo dedicado al artista en la glorieta de la Ronda de Nelle, por parte de la Asociación Veciñal Os Mallos- Plataforma en un acto en el que intervendrán el homanejado y la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey.
El monolito es una pieza realizada por su sobrino, Abel Castiñeiras, para agradecerle toda una vida de arte. Habrá música, actividades y vecinos arropando al hombre que dio forma a parte de la memoria de la ciudad.

Algunas de las esculturas de José Castiñeiras que creó una vez jubilado / Casteleiro
A él sigue sin convencerle demasiado tanta atención. Prefiere el taller. El barro. Las herramientas. Pero A Coruña lleva décadas conviviendo con sus esculturas sin darse cuenta de que también estaba conviviendo con su manera de mirar el mundo.
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