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Entrevista | Isabel Dobarro Pianista ganadora del premio Grammy Latino

La pianista ganadora del Grammy Latino, Isabel Dobarro, actúa en A Coruña el Día das Letras Galegas: "Terminaré con una fantasía sobre la 'Muiñeira de Chantada"

La ganadora del Grammy a Mejor Álbum de Música Clásica presenta su disco 'Kaleidoscope', un proyecto sobre la obra de diferentes compositoras internacionales, y varias piezas gallegas

La pianista Isabel Dobarro posa con su premio Grammy Latino.

La pianista Isabel Dobarro posa con su premio Grammy Latino. / Omar Vega

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A Coruña

La pianista Isabel Dobarro presenta su disco Kaleidoscope en el Teatro Colón de A Coruña este domingo, Día das Letras Galegas, a las 20.30 horas. La instrumentalista compostelana resultó ganadora del premio Grammy Latino 2025 a Mejor Álbum de Música Clásica gracias a este álbum. Para esta ocasión, prepara un programa con especial carga gallega.

Actúa en A Coruña el Día da Letras Galegas, una fecha señalada y con carga simbólica. ¿Tiene algo especial preparado?

A este concierto llego con muchísima ilusión. Tocar en un teatro como el Colón, que es una referencia, no solo en la ciudad, sino a nivel nacional, es muy emocionante. Llevaré en mi programa el disco Kaleidoscope, con el que he ganado el Latin Grammy, que cuenta obras de compositoras de todo el mundo. Efectivamente, por esta fecha tan especial y por lo que significa también para mí como gallega, quería traer repertorio gallego. Además de Alalá das paisaxes verticais, de Carme Rodríguez, una compositora gallega muy joven de un talento extraordinario, también tocaré Fantasy, una obra que he tenido la suerte de que me dedicara Octavio Vázquez, inspirada también en nuestro folklore. Terminaré el concierto con la fantasía de un tema popular, obra de Juan Durán, también compositor gallego.

¿Cuál es ese tema popular?

Ese tema popular es la Muiñeira de Chantada, ni más ni menos, muy conocido por todos nosotros. Es una genialidad de Juan Durán, que es capaz de combinar a la perfección el tema de la muiñeira con una obra muy virtuosa, con escalas. Durán es capaz de mezclar de manera absolutamente magistral el tema que todos conocemos con ese otro lenguaje pianístico llevado a la máxima potencia. Sin duda, es una obra fascinante. Tuve la suerte de tocarla en Nueva York hace ya unos años por primera vez. La segunda vez, en el teatro Colón de Buenos Aires precisamente, fue un éxito absoluto y puso a todo el público en pie.

Entonces en Nueva York han conocido nuestros ritmos.

A mí es algo que me emociona mucho. Siempre he tratado de incluir en mis programas la música gallega de alguna forma, tanto en Nueva York, en Buenos Aires, en París o en Japón, ahora que voy a ir. Sonará allí el Alalá das paisaxes verticais, que es una pieza de Kaleidoscope. Llevar la música gallega por todo el mundo es un inmenso honor.

Sobre Kaleidoscope, son doce cortes de doce compositoras de todo el mundo. ¿Cómo realizó esa selección?

Kaleidoscope tiene dos procesos, uno de más larga duración y otro un poquito más corto. La investigación específica de Kaleidoscope llevó 3 años, de la idea inicial con compositoras de todo el mundo y encontrarlas, hacer una selección dentro de su repertorio, ver qué obras podían encajar mejor, la combinación, el orden también, que es muy importante. Aunque es verdad que hoy en día escuchamos mucho en plataformas y por separado, el orden también está muy pensado y muy trabajado. La alegría que me ha dado este disco es poder poner muchos elementos de mi carrera en este trabajo.

¿Cuáles diría que son esos pilares?

Por un lado, está esa vertiente de lo global que también combina con elementos locales. Al final, la obra de Suad Bushnaq tiene elementos de la música de Jordania, el tumbao de Tania León con elementos de la música latina, la música de Yoko Kanno tiene una clara raíz japonesa. Esa conjunción de lo local y lo universal yo ya lo viví en mi Santiago natal. Era muy pequeña y veía peregrinos de todo el mundo. Cuando fui a Nueva York ese componente estaba muy presente en mí, y eso que la ciudad es un globo terráqueo prácticamente. Tuve la oportunidad también de estar muy involucrada con las Naciones Unidas, estudiar Relaciones Internacionales en la Universidad de Harvard. Por otro lado, la lucha por la reivindicación de las compositoras es un trabajo que llevo haciendo más de una década, con programas como Women in Music, donde colaboré con la New York Filarmonic, y en la recuperación, por ejemplo, de la figura de Pauline Viardot.

¿Mantiene su perspectiva en la vanguardia sin perder la tradición?

En la vanguardia actual o la música contemporánea, después de una época de un rechazo absoluto hacia la tradición y hacia el folklore, se ha vuelto a mirar otra vez hacia las raíces. En vez de intentar lograr una música más abstracta o analítica, se recurre a la tradición y sus melodías. Me parece muy significativo lo que se está viviendo en la composición contemporánea, una vez superadas las vanguardias de mediados del siglo XX. Llegamos otra vez a estas tendencias, que no solo no nos avergüenzan, sino que ponen en valor la tradición, dialogan con ella y la toman como uno de los elementos principales de la música clásica. Esto aparece ya desde, por ejemplo, en las Variaciones Goldberg de Bach, que usa una melodía popular, o Beethoven, que tiene cientos de canciones inspiradas en música popular de Irlanda y de Escocia.

¿Trabaja por igual una pieza clásica a una actual?

Creo que la base o el principio de todo trabajo tiene que ser la partitura y el estudio de la partitura muy detallado. No es un proceso de semanas o meses, sino de años que te reencuentras con una misma partitura, encuentras más y más detalles. Tienes que llegar a un compromiso. Cuando tocamos obras que se han tocado cientos de miles de veces, debes entender cómo puedes representar tu propia voz artística en obras que se han trabajado tanto. Los cantantes es algo que tienen muy claro, diría que también los instrumentistas de cuerda. A veces, los pianistas nos olvidamos de esa tradición interpretativa, que es muy importante, y traer tu propia visión a la pieza. Lo bonito de la música contemporánea es sin duda el poder trabajar directamente con la compositora o el compositor.

¿Guarda alguna anécdota especial con algún compositor?

Tengo una con un compositor que no nombraré. Estaba trabajando en un preludio suyo, era una marcha militar y no tenía un tempo claro. Iba cambiando la velocidad y o pensaba que era una cosa rara, sin ningún sentido. Pensé que quizá podría ser militar su padre y la pieza sería probablemente la reacción contra eso, contra lo estricto de su padre. Me había hecho un psicoanálisis para el pobre compositor. Cuando hablé con él, le pregunté por ese cambio de tempo. Me respondió que simplemente era una diversión, que ese cambio le parece divertido. ¡No puede ser! Con todo el análisis que había hecho. Con esto quiero decir que al trabajar con el compositor, descubres cosas nuevas y te cambia la idea inicial que tenías.

¿Se ve creando un disco completamente suyo?

Para mí es una enorme responsabilidad. Muchas veces, a los intérpretes que estamos expuestos a gran repertorio siempre nos da un poco de miedo dar ese salto. He hecho alguna composición, hice un ballet que se estrenó en Nueva York, en una academia de danza. Fue muy emocionante. Estoy trabajando en ello, es algo necesario tanto trabajar la parte de recreación como la de interpretación como la de creación. Ayuda mucho una vertiente a la otra. Así que puede ser, es probable que haya un álbum Dobarro, Dobarro.

Sobre la problemática de acercar la música clásica al gran público, ¿cuál es su apuesta?

Es un esfuerzo de todos y los propios intérpretes tenemos una gran responsabilidad en ese sentido. Suelo hablar en mis conciertos, explicar las obras antes o por lo menos dar alguna nota sobre las piezas que se van a escuchar. En mi experiencia y por lo que recibo del público, el público suele agradecerlo bastante. Estas ideas las tomé porque lo veía en Nueva York. El intérprete comentaba algún detalle que le resultaba especial o particular. Debemos intentar eso que la escucha del público sea activa y que se involucre en el fenómeno del concierto. No se trata de transformar la música clásica, sino acercarla. Una vez que se escucha, una vez que se vive y uno se emociona con cualquiera de estas piezas, eso se va a mantener a lo largo de toda su vida.

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