El calendario celta olvidado de San Diego: así resiste el mosaico trilingüe de A Coruña tras casi 30 años
La obra de la artista Rosa Guisán es un secreto escondido 'a la vista' en el suelo de la urbe, con símbolos e inscripciones en castellano, gallego y gaélico

La artista Rosa Guisán, sobre el calendario celta que diseñó para el parque de San Diego. / Casteleiro
Hacía tiempo que Rosa Guisán no se acercaba al trozo de corazón que dejó en el parque de San Diego en 1999. "No vengo por no sufrir, porque el problema es el mantenimiento. Aunque, de las cosas que he hecho en la ciudad, esta es la que está en mejor estado", asegura la artista coruñesa.
A sus 82 años, habla tan rápido que sorprende que pueda respirar entre las frases, impulsada, probablemente, por la emoción de recordar su trabajo en este jardín de 70.000 metros cuadrados. Allí, pasando la gasolinera, se encuentra el calendario celta que diseñó hace casi una treintena y que se ha convertido en uno de esos pedazos de la ciudad que, aún estando a la vista de todos, se mantiene en secreto.
"Es algo único, no es usual verlo en ningún sitio. Pero me siento desvalida. Si yo fuera Ágatha Ruiz de la Prada, esto estaría superconservado", se lamenta la mujer junto a la obra que ideó para el pavimento. Los colores están más desvaídos que cuando el parque abrió al público, pero aún se distinguen sin dificultad la forma que tenían de medir el mundo los celtas: 14 periodos, "algunos de 20 días y otros de solo dos o tres", que se deslizan en un círculo con un rumbo claro, del renacer de la primavera a la muerte de Halloween.

El diseño de Rosa Guisán para el calendario celta del parque de San Diego. / Cedida
El calendario celta de San Diego, un nudo de símbolos por el que caminan los coruñeses
La esfera diseñada por Guisán empieza el 1 de mayo, cuando el mundo cobraba vida para los antiguos. Es fácil localizarlo si se busca "el trono del rey", un símbolo desde el que se puede llegar, trazando una línea recta, hasta la corona que marca su némesis: el Día de los Muertos.
Alrededor y entre volutas de colores, se distribuyen el resto de periodos del calendario, con símbolos celtas y propios. "Como en primavera y en otoño no había nada, le puse el brote y la miés. Tuve que informarme sobre la simbología y mi hijo, que es filólogo, me ayudó con el tema de los idiomas", explica la coruñesa, que tuvo que hacer un auténtico ejercicio lingüístico para completar el círculo exterior del proyecto.

Detalle del calendario celta, con el trono del rey bajo el 1 de mayo. / Casteleiro
En él, se leen los nombres de varios árboles en hasta tres lenguas distintas -castellano, gallego y gaélico- que, al menos cuando el parque se inauguró, se veían desde el mosaico "si te ponías en el centro y mirabas al césped". Cada uno se corresponde con el periodo en el que florecen, comenzando con el roble el 1 de mayo y siguiendo con otros como el acebo, el avellano o la hiedra.
Cuenta Guisán que pasó "horas y muchas noches sin dormir" en su taller de la calle Arco, rodeada de papeles vegetales para pulir este diseño que ya es parte viva de la ciudad. "Lo hice todo manualmente. Recuerdo que hasta me agaché en el suelo con el albañil y todos me miraban de forma extraña. Un obrero me dijo que había sacado el dibujo de un libro. Pues, si es así, ¡que me lo enseñe!".
Un suelo palaciego para pasear
Aunque este peculiar mosaico de A Coruña fue un encargo del ingeniero municipal Enrique Michell, la inspiración le llegó a Guisán bastante antes. Era el tiempo de la alcaldía de Paco Vázquez, cuando la ciudad era un hervidero de obras en las que la coruñesa quería, sí o sí, poner su grano de arena.
Dice que fue a hablar "con todos los mandamases", empezando por el Jefe de la Demarcación de Costas del Estado en Galicia de aquel entonces, Eduardo Toba. "Me dijo que todos hacían esculturas, pero que nadie hacía plazas. Y diseñé esta, basada en el suelo del antiguo hotel Embajador, que era de mármol con flejes de latón dorado y que me encantaba de niña".

La artista plástica Rosa Guisán, en la inauguración del parque de San Diego el 15 de mayo de 1999. / Cedida
Cuando se le presentó la oportunidad de hacer el calendario, solo tuvo que adaptar el dibujo para que encajara con la temática y disfrutar de un momento "que no se paga con nada": ver cómo su idea cobraba vida. Aún recuerda la inauguración de aquel 15 de mayo, en el que miles de personas se reunieron en San Diego y ella posó sonriente junto a sus filigranas como una madre orgullosa.
Fue, asegura, una experiencia "muy bonita", que vivió como si fuera la primera. Pero no lo era, porque la huella de Guisán está por todas partes: puede verse en el parque de la Avenida del Ejército, pero también en el mural de la Galera y en los escudos autonómicos que diseñó para la Franja, la arteria en la que la artista vino al mundo.
"Me emociona haber hecho estas cosas. Y la primera obra en la calle en la que nací, ¡eso no le pasó ni a Picasso!", exclama con alegría la pintora, que empezó a coquetear con el arte ya de niña.
Entonces era tan "delicada" que siempre estaba convaleciente, pero aprovechaba el tiempo de reposo para inventar, escribir y, por supuesto, "hacer las primeras acuarelas" a pesar de tener "la visión muy disminuida" hasta que se operó en el 91. Luego estudió diseño y decoración, y enseñó en la Compañía de María. Y hoy sigue pintando. "Voy todos los años a la Feria de las Artes. Estas cosas me motivan para seguir".
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