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¿Por qué nadie quiere la casa de A Coruña donde habitó Camilo José Cela?

Los inmuebles históricos de la ciudad a la venta sufren el peso herencias complejas y de costes de reforma millonarios. Villa Felisa, en Ciudad Jardín, ha visto desplomarse su precio de tres millones a casi 1,6 millones de euros tras seis años de venta

Villa Felisa en la avenida de La Habana en Ciudad Jardín

Villa Felisa en la avenida de La Habana en Ciudad Jardín / Carlos Pardellas

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A Coruña

Villa Felisa, la histórica mansión de Ciudad Jardín que lleva seis años en venta, resume la situación del mercado grandes inmuebles históricos de A Coruña. Empezó anunciándose por cerca de tres millones de euros —incluso más, según quienes trabajaron la operación desde el inicio— y hoy ronda el millón y medio. Pero la rebaja no ha bastado. "Villa Felisa el problema que tiene es muy claro, su reforma", explica Ramón Rábade, director de la inmobiliaria Coldwell Banker de A Coruña, que gestiona la difícil venta del monumental inmueble. "La vivienda está a la venta por casi un millón seiscientos y la reforma probablemente supere el coste de la propiedad", señala.

"Las propiedades no se venden normalmente por un único motivo: el precio". La reflexión pertenece a Víctor Jiménez, director comercial de la inmobiliaria OKAM. Porque Villa Felisa no es solo una casa grande en una de las zonas más cotizadas de la ciudad. Es también un ejemplo de un fenómeno que el mercado inmobiliario coruñés conoce bien: villas históricas, herencias compartidas y edificios protegidos que pasan años vacíos mientras su precio cae lentamente sin lograr atraer a un comprador dispuesto a asumir todo lo que viene detrás.

La vivienda, en la que residió durante una etapa Camilo José Cela, conserva el prestigio de las grandes casas de Ciudad Jardín. Su ubicación, a escasos metros de Riazor, la convierte en una de las propiedades más reconocibles de A Coruña. Sin embargo, detrás de esa imagen aparece un problema enorme: la rehabilitación.

El inmueble supera los 800 metros cuadrados y cuenta con el máximo nivel de protección patrimonial, algo que obliga a respetar elementos originales y dispara el presupuesto de cualquier obra. "Solo la cubierta y la carpintería de las ventanas ya se van a una locura", señala el director inmobiliario.

La historia de la casa también explica parte de su bloqueo. Rábade conoce el caso desde el primer día. Antes de dirigir Coldwell Banker ya había trabajado la propiedad en otra inmobiliaria y asegura que fue él quien la captó inicialmente. "Estuvo en tres millones e incluso más, pero siempre fue una locura", afirma.

Las propiedades envenenadas

Detrás de esa cifra, sostiene, suele esconderse un patrón habitual en muchas propiedades históricas de A Coruña: las herencias. "Hay veces que son muchos herederos y todos quieren sacar su parte", explica. "Solo el paso del tiempo les hace entrar en razón. Eso y que varios han fallecido, entonces pasan a la siguiente generación. Y la siguiente generación, por suerte, es más razonable, porque lo que ven que tienen es un problema", asegura el experto.

Mientras los propietarios intentan vender por cifras muy superiores al valor real, los gastos continúan creciendo. Impuestos, mantenimiento y deterioro convierten la vivienda, que actualmente está habitada, en una carga cada vez más pesada. "Al final no están mirando algo que les beneficie, sino algo que les produce un problema encima", resume.

Villa Felisa en la avenida de La Habana

Villa Felisa en la avenida de La Habana / Carlos Pardellas

La situación no es excepcional. "La cantidad de edificios cerrados que hay en A Coruña suele esconder un problema de este tipo", asegura Rábade. "Intentan vender durante años por el doble de su valor y lo único que hacen es pasar el problema a la siguiente generación".

Desde OKAM coinciden en que el mercado del lujo funciona con reglas muy distintas a las de una vivienda convencional. "La vivienda de lujo no funciona igual en los portales habituales", explica Víctor Jiménez. "Necesita redes de inversores, promoción internacional y campañas mucho más específicas", añade.

El comprador también es distinto. Según la inmobiliaria, A Coruña ha comenzado a atraer cada vez más interés extranjero en el segmento premium, especialmente de perfiles centroeuropeos, estadounidenses y canadienses. Pero incluso en ese mercado reducido, Villa Felisa sigue teniendo un obstáculo difícil de salvar. "Ya no es solo comprar la casa. Es afrontar después una rehabilitación enorme. Y muchas veces el comprador termina optando por alternativas más simples", señala Jiménez.

Aumenta el interés

La bajada de precio de Villa Felisa sí ha aumentado el interés en los últimos meses. Coldwell Banker reconoce que las consultas crecieron desde la última reducción, aunque el perfil de cliente continúa siendo muy concreto. "Principalmente, empresas o fundaciones que buscan una sede representativa, o inversores privados que quieran una residencia de prestigio", explica Rábade.

Porque prestigio no le falta. El pasado literario de Villa Felisa, unido a su valor arquitectónico y a la exclusividad de Ciudad Jardín, continúa funcionando como reclamo. "Eso siempre juega a favor. Le aporta publicidad y prestigio", sostiene el director de Coldwell Banker de la ciudad.

Desde Medusa Properties, Eva Ferreiro vuelve al mismo punto que repiten todas las inmobiliarias: el precio y la rehabilitación. "Si una vivienda pasa años sin venderse es porque no está en precio", afirma. La agente considera que muchos propietarios fijan cifras irreales sin tener en cuenta la inversión posterior que tendrá que asumir el comprador. "Puede que quien la adquiera tenga que hacer una inversión igual o superior para actualizarla", señala conocedora del caso.

Ciudad Jardín apenas conserva villas de este tipo en venta. Precisamente por eso, Villa Felisa continúa despertando curiosidad cada vez que vuelve a aparecer en el mercado. Una mansión histórica, ligada a uno de los escritores más conocidos del país y situada junto a Riazor, sigue esperando comprador seis años después. Todos la conocen. Todos la miran. Pero casi nadie quiere asumir el coste real de quedarse con ella.

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