Sanidad
Médicos de Urgencias de A Coruña detectan un aumento de conductas suicidas en mujeres jóvenes: "Atendemos casos de tentativas todas las semanas"
"Las personas que intentan quitarse la vida no quieren morir, sino dejar de sufrir", resaltan los especialistas, al abordar una realidad en la que subyacen "múltiples causas"
"Una buena gestión y atención precoz podrían aliviar el malestar emocional con el que conviven, a diario, muchísimos ciudadanos", consideran

La doctora Amparo Díaz, junto a la entrada del Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de A Coruña (Chuac). / Gus de la Paz
"Las emociones forman parte del cuerpo, como el corazón o un hueso. Y, cuando algo duele, hay que tratarlo y ver de dónde viene ese problema para solucionarlo", reflexiona Amparo Díaz, médica del Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de A Coruña (Chuac), donde, en los últimos años— y, de manera más evidente, a raíz de la pandemia—, han venido percibiendo "un aumento de la asistencia" por conductas suicidas, que incluyen desde la ideación, hasta la tentativa de suicidio, "sobre todo", apunta, en "mujeres jóvenes" [las personas en riesgo pueden llamar al 112 y al 061,y tienen a su disposición, también, la línea de atención 024 y el Teléfono de la Esperanza (717 003 717 y 981 519 200)].
"A nivel de Urgencias, tenemos la sensación de que el volumen de pacientes es mayor", señala la doctora Díaz, quien advierte de que el hecho de que una persona "planifique" quitarse la vida "o estructure cómo llevar a cabo ese acto" se debe "a un malestar emocional persistente que no se ha tratado" y en el que subyacen "múltiples causas".
"No solamente son las enfermedades mentales, sino que también hay pacientes con conducta de consumo de tóxicos (drogas, alcohol...) o con patologías neurodegenerativas que causan un estado de ansiedad y depresión que, a su vez, les genera mucho malestar y sufrimiento psíquico. Hablamos de personas que viven en un sentimiento de desesperanza tan grande, que son incapaces de ver otra solución que no sea el suicidio. No quieren morir. Quieren dejar de sufrir", subraya.
"Las personas con conductas suicidas no quieren morir, pero son incapaces de tolerar el sufrimiento tan grande que están padeciendo, y no ven otra salida, pese a que, por supuesto, la hay"

El doctor José Manuel Fandiño, presidente de Semes-Galicia y coordinador del Servicio de Urgencias del Chuac. / LOC
Una realidad que, para José Manuel Fandiño, presidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes) en Galicia y coordinador del Servicio de Urgencias del Chuac, "es la base fundamental". "Las personas con conductas suicidas no quieren morir, pero son incapaces de tolerar el sufrimiento tan grande que están padeciendo, y no ven otra salida, pese a que, por supuesto, la hay", incide el doctor Fandiño, antes de llamar la atención sobre el hecho de que "el mayor porcentaje" de tentativas de suicidio que atienden en los servicios de Urgencias es llevado a cabo por mujeres ("habitualmente, en tramos medianos de la vida; viudas, en muchos casos, y que viven en soledad"), mientras que la mortalidad por suicidio es "justo la contraria": "mucho más agudizada en hombres", en una proporción de "tres cuartos".
El peso de la patología mental
"En las tentativas, que vemos todas, todas las semanas, hay también un componente importante de diagnóstico de depresión mayor o distimia [persistente]. Suele tratarse de pacientes que han hecho una ingesta de barbitúricos, desde benzodiazepinas a hipnóticos, lo cual tiene sentido, ya que estamos hablando, como he comentado, de personas con un cuadro de depresión o de distimia asociado (por tanto, con acceso a ese tipo de fármacos). Esto evidencia que el hecho de tener una patología mental de base hace que la incidencia aumente mucho", remacha el presidente de Semes-Galicia, quien detalla que "lo habitual", en estos casos, es que sean "los propios pacientes o, sobre todo, sus acompañantes", quienes "llamen al 061" para comunicar la situación, algo que, considera, "es lo que tienen que hacer".
"El mayor porcentaje" de tentativas de suicidio que atienden en los servicios de Urgencias es llevado a cabo por mujeres, mientras que la mortalidad por suicidio es "justo la contraria": "mucho más agudizada en hombres", en una proporción de "tres cuartos"
"Los compañeros nos traen a estos pacientes, a quienes en la mayoría de los casos hay que valorar, ya que suele haber una sobreingesta de fármacos. Algunos vienen críticos (con necesidad de intubación, medidas agresivas o ingreso en UCI), aunque se trata de un porcentaje menor y, en un 10% de los casos, llegan en un estado que puede derivar en esa situación", especifica.

Detalle de la puerta principal del Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de A Coruña. / Víctor Echave
"Los riesgos principales son pérdida de consciencia, broncoaspiración (que hagan un vómito, aspiren y esto dé lugar a una patología respiratoria) o que sufran una parada cardíaca, ya que muchos de esos fármacos pueden provocar arritmias. Por tanto, lo primero que tenemos que atender es mantener las constantes vitales y evitar posibles efectos secundarios de las medicaciones tomadas", apunta, antes de exponer un dato que estima "relevante": "En el Chuac estamos viendo en torno a 13.000 urgencias al mes, sobre 300, de patologías que requieren intervención psiquiátrica, lo cual también evidencia que, cada vez más, la gente sabe que donde va a tener una atención asegurada es en los servicios de Urgencias y Emergencias. Esta es la realidad".

La doctora Amparo Díaz, frente a la entrada del Servicio de Urgencias del Chuac. / Gus de la Paz
Amparo Díaz, urgencióloga del Chuac: "Los sistemas de prevención que existen, que son muy buenos, están saturados"
"Los pacientes con conductas suicidas que atendemos en los servicios de Urgencias viven en un sentimiento de desesperanza tan grande, que son incapaces de ver otra solución que no sea el suicidio. No quieren morir, sino dejar de sufrir", hace hincapié Amparo Díaz, urgencióloga del Chuac, quien advierte sobre la "importancia" de incidir en esta cuestión, ya que, resalta, "el suicidio, al final, es el síntoma de un problema de salud pública", que abarca "todas las enfermedades".
"No solo las mentales, sino también las orgánicas y médicas», refiere, acerca de una realidad que, insiste, es la punta del iceberg de «un sufrimiento muy grande" con el que conviven, a diario, "muchísimas personas".
"El impacto de la pandemia, tanto a nivel económico, como por la situación de aislamiento social que se vivió, unido al hecho de que, durante aquella etapa, y sobre todo al principio, hubiese un parón, también, en el diagnóstico de enfermedades, puede haber influido en que haya un acúmulo de dolencias y situaciones que no se han tratado por la saturación que hay en el sistema", considera.
"Estos pacientes con un malestar emocional vienen a Urgencias porque no tienen cita con su médico de cabecera; porque este solo tiene 5 minutos para atenderles; porque, muchas veces, las primeras consultas para que los vean en Salud Mental tienen un retraso de meses (en ocasiones, los propios compañeros de Salud Mental tienen que derivarlos a Urgencias porque esos pacientes necesitan una valoración psiquiátrica para determinar el riesgo)... No vemos un incremento de atenciones en Urgencias por conductas suicidas sin más, sino que es consecuencia de que los sistemas de prevención del suicidio que existen, que son muy buenos [el área sanitaria cuenta con una Unidad de Prevención del Suicidio como tal, de derivación rápida y de alta intensidad, es decir, donde se pasa consulta a los pacientes con mucha más frecuencia que en las unidades de Salud Mental convencionales. Además, recuerda la doctora Díaz, 'hay unidades para el tratamiento de las conductas de consumo de drogas y alcohol, como Aclad, la Utaca...'], están saturados, y estos pacientes tienen un malestar emocional tan grande que se sienten desbordados", sostiene.
"Habría que hacer una reestructuración y ver cómo se puede solucionar, a nivel de Atención Primaria y de las unidades de Salud Mental para que sean, realmente, el eslabón principal en la labor de gestión y prevención de la conducta suicida. Una buena gestión y una atención precoz podrían aliviar el malestar que tienen todos estos pacientes", concluye.
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