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Isabel San Sebastián presenta la nueva entrega de su saga sobre la Reconquista en A Coruña: "Hay desafíos recurrentes en la historia de España"

La escritora vuelve con una novela de aventuras en la que pasado y presente se dan la mano a través de cuestiones como la fe, la religión y el honor

La periodista y escritora Isabel San Sebastián con su nueva novela, 'La venganza del apóstol'

La periodista y escritora Isabel San Sebastián con su nueva novela, 'La venganza del apóstol' / Gus de la Paz

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A Coruña

"Mucho antes que la periodista y la escritora, Isabel es madre de dos hijos maravillosos y abuela de cinco nietos increíbles, hermana de mis hermanos y era hija de mis padres", se presenta Isabel San Sebastián. Esa escritora, periodista, madre, abuela, hermana e hija retoma su saga sobre la Reconquista con una séptima entrega, La venganza del apóstol. La autora conversará este martes con el exalcalde Francisco Vázquez en el Sporting Club Casino de A Coruña, a las 20.00 horas.

La novela, que San Sebastián define como "de aventuras", puede leerse de manera independiente, y en ella "hay amor, hay intriga, hay espionaje, hay un poco de todo". La escritora recrea, a través de una combinación de personajes reales y de ficción, uno de los episodios centrales de la historia española: la batalla de las Navas de Tolosa.

Continúa la colección con este nuevo título, ambientado en el Reino de Castilla del siglo XIII. ¿Qué paralelismos existen entre la época que retrata y la actualidad?

Paralelismo sería difícil trazar. Sería muy fácil decir: 'hay muchos musulmanes en España', y no. Digamos que hay desafíos recurrentes en la historia de España. Por ejemplo, uno es la necesidad de encontrar la unidad para avanzar más lejos y avanzar más fuertes. En la historia de España, cuando hemos estado unidos, hemos sido fuertes, independientemente de la religión. En cambio, cuando nos hemos dividido, hemos sido débiles. Esa es una constante a lo largo de toda la historia. Y ahora estamos en un momento en España de máxima división, no solo territorial, sino de polarización, de división ideológica, de división social. Eso es malísimo para un país, y desde luego lo ha sido para España siempre, es una lección que no aprendemos.

¿Qué más desafíos o similitudes entre pasado y presente se encuentran en la novela?

Otra similitud entre aquel tiempo y este, es que cuando tú intentas comprar paz a cambio de tributos, tienes guerra y pobreza. Eso no dura. O sea, la paz se conquista, la paz se gana, la paz se construye, pero no se compra. Durante mucho tiempo, los cristianos pagaron tributo a los musulmanes, luego los musulmanes pagaron parias a los cristianos y no sirvió para nada, más que para financiar su propia destrucción. La paz hay que ganarla, hay que conquistarla a base de convicción, de fuerza, de construcción.

En este contexto que menciona de la polarización actual, ¿alguna vez ha sentido la necesidad de suavizarse o autocensurarse por miedo a la reacción a los lectores?

No, yo no, nunca me he autocensurado. Jamás en mi vida, ni periodística ni literariamente, y lo he pagado. Sé que hay mucha gente que jamás se comprará un libro mío, porque soy quien soy. Y habrá otros que a lo mejor sí lo harán. Pero yo nunca me he autocensurado nunca, ni en esta saga de la Reconquista. Que, por cierto, preciso, cada libro es independiente. Yo lo que he pretendido ha sido reflejar con el máximo rigor histórico posible un momento determinado de la historia. Y hacerlo sin buenos ni malos, no, tal y como fue. Evidentemente, mi visión es la del bando cristiano, pero describo lo que ocurrió con toda la honestidad posible, y con las luces y las sombras de cada bando.

Ahora que habla del rigor histórico, ¿en este tipo de novela escribe más desde esa exactitud, o también tiene cabida la creatividad?

No, claro que tiene mucha cabida. La norma básica de la novela histórica es que donde la historia nos da hechos concretos, eso es intocable. Ahora, donde la historia deja huecos, tú puedes novelar, hay partes de ficción que son necesarias para dar aventura, para poner intriga en la novela. Lo que no contradice lo que la historia ha establecido, eso es legítimo, y hay que hacerlo para que la novela sea entretenida. Pero los hechos históricos son intocables. Y los conceptos históricos también.

¿A qué se refiere con conceptos históricos?

A mí no me gusta el presentismo, no me gusta inculcar en mis personajes ideas que son contemporáneas. Hace poco me preguntaba un periodista, por ejemplo, que cuando al apóstol le devuelven sus campanas es como la recuperación del patrimonio artístico, como se dice ahora de los frisos del Partenón. No, no, no tiene nada que ver con los frisos del Partenón ni con el patrimonio artístico. Era una cuestión simbólica, nadie pensaba en el patrimonio artístico del siglo XIII, nadie. Otra cosa es que les gustara un edificio, pero no lo de pensar en la propiedad del patrimonio artístico.

Claro, eso es muy actual.

Es muy actual, entonces tú, cuando dibujas un personaje del siglo XIII, lo tienes que dibujar tal como se vestían, tal como se comportaban, con lo que comían, cómo se movían y también cómo pensaban. No puedes imponer tus pensamientos y tus valores del siglo XXI al siglo XIII, porque es como ponerles un reloj de muñeca, es inverosímil.

¿Dónde está la línea entre reinterpretar la historia y reescribirla?

Está en la honestidad de quien lo hace. Reinterpretar la historia es contar la historia de una manera más amena, introduciendo personajes de ficción, introduciendo una forma de escribir y una forma de relatar adecuada al gusto de los tiempos. Reescribirla es otra cosa, reescribirla es inventársela. Es colocar en la historia una carga ideológica actual que no le corresponda y que no tuvo. Eso es reescribirlo, y eso es deshonesto.

El apóstol Santiago es una figura con una alta carga simbólica en España y en Galicia en concreto. ¿Le imponía respeto abordar este reto?

Máximo respeto. Yo empecé a escribir sobre el apóstol Santiago en la novela La peregrina, luego también en Las campanas de Santiago. Es que novelar la Reconquista sin hablar, y mucho, del apóstol Santiago, habría sido imposible. Porque fue y es una figura central en la historia de España, fue el patrón de España desde principios del siglo VIII, y fue el capitán de la hueste cristiana durante toda la Reconquista. O sea que me aproximé con mucho respeto, con mucha reverencia hacia una figura de tal importancia histórica, y también con mucho cariño.

Pese a ser una novela histórica, La venganza del apóstol pone sobre la mesa muchos temas de actualidad, y cuestiona si el aplauso prima sobre el honor.

En buena parte de la novela, el personaje central, Beltrán López de Cazorla, se debate precisamente en ese dilema. En el mundo cristiano gallego del siglo XIII el honor lo era todo. Sin honor no eras nadie, sin palabra no eras nadie, igualito que ahora [ríe]. Pero también había un enorme afán de gloria, de reconocimiento. Y a este personaje la vida le pone en la encrucijada de elegir entre una cosa y otra. ¿Qué pesa más, el honor o el reconocimiento? Desde mi punto de vista, desde luego el honor, mil veces. El honor es infinitamente más importante que el reconocimiento, el reconocimiento es superficial, es ajeno a ti; el honor es lo que tú llevas dentro, lo que tú demuestras, lo que tú haces. Eso te lo ganas para ti, aunque nadie te lo reconozca.

Otras de las cuestiones que aborda, y que se pueden extrapolar a nuestros días, es la de la "limpieza de sangre" y la dignidad. ¿Ha habido una evolución?

Hombre, sí, sin duda. En esta época yo hablo de la limpieza de sangre porque, por ejemplo, los caballeros de Santiago, que hasta entonces eran monjes guerreros a los que se les pedía solo que tuvieran coraje, que honraran sus votos y que lucharan bien, que se formaran para el combate y que poseyeran armas y caballo, empezaba a exigírseles limpieza de sangre. Que no tuvieran antepasados judíos ni moros, que fueran de familia noble, etcétera. Hoy, digamos que el concepto de limpieza de sangre ha cambiado, hoy es más una limpieza ideológica, una adaptación al canon ideológico dominante. Es más de lo mismo, es una forma de excluir al diferente, y a mí, desde luego, eso nunca me ha gustado.

Uno de los puntos fuertes del libro es que rescata el papel de la mujer en los conflictos bélicos, que suele quedar relegado a un segundo plano.

Llevo siete novelas de esta saga y en todas ellas, excepto en esta, las protagonistas son mujeres. No porque yo sea mujer y quiera hacer una reivindicación feminista, no, es porque las mujeres medievales españolas tuvieron una importancia fundamental. En esta novela aparecen dos figuras femeninas muy importantes, una de ficción y otra real. La real es la reina Berenguela, cuyo papel fue crucial. Y luego aparece otro personaje femenino protagonista, en este caso de ficción, que es Fátima, que es una hispana andalusí que se debate entre dos religiones. Plantea el valor de la duda, de la no certeza cerril, sino de la posibilidad de la duda, de la apertura de mente.

¿Qué tiene Galicia que la convierte en un territorio literario tan apetecible?

Tiene mucha historia, mucha leyenda. Galicia es un terreno boscoso, brumoso, donde la tradición ancestral de las meigas tiene una gigantesca carga literaria, es un motivo de inspiración enorme. Esa tradición ancestral prerromana, incluso precristiana, de ese mundo mágico. A Asturias le pasa lo mismo, todo ese mundo mitológico que, por cierto, es muy femenino, muy matriarcal.

Presenta el libro en el Sporting Club Casino de A Coruña, en Galicia, precisamente.

Voy a hacer una presentación dialogada con Paco Vázquez, que es amigo mío desde hace mil años y un personaje sustancial aquí en A Coruña. Se ha leído la novela, no me ha dicho lo que le parece, pero bueno, supongo que me lo dirá luego en la presentación [ríe]. Estoy segura de que será una charla patriótica en la que seguro que extrapolamos temas de la novela a la España actual. Tenía que venir a presentarlo aquí, porque además voy a presentarlo con el Centro Asturiano de A Coruña. En todas mis novelas aparece Asturias, siempre, le tengo mucho cariño, y creo que asturianos y coruñeses están muy cerca, se llevan muy bien, tienen mucha vinculación. Así que voy a unir esa parte gallega del apóstol, con la parte asturiana del Centro Asturiano de A Coruña. Creo que será una cosa entrañable y bonita, me apetece mucho.

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