El mercado de Elviña, en A Coruña, cumple 20 años en un momento "envidiable" con reemplazo generacional, nuevos comercios y rentas reducidas: "La calle está imposible"
La plaza de abastos coruñesa conmemora 20 años de la inauguración de su nueva sede, en la avenida de Salvador de Madariaga, este sábado con una ocupación actual "del 96% de puestos"

Foto familiar de los placeros y placeras que despachan en el Mercado de Elviña. / CASTELEIRO
El mercado de Elviña celebra 20 años de vida de la inauguración de su nueva plaza, ubicada en la avenida de Salvador de Madariaga. El próximo sábado 30 de mayo concentrará diversas actividades en sus instalaciones el día "de mayor afluencia" para llevar esta efeméride "a más gente". "Nuestro futuro va a ser distinto al de otros mercados de abastos porque tenemos un objetivo común: tener la plaza llena", asegura el presidente del Mercado de Elviña, Leonardo Tomé, también antiguo frutero.
"Me jubilé el 1 de septiembre de 2025 y tuve heredera en mi familia, con mi hija. En nuestro mercado hay un gran reemplazo generacional; mucha gente ha recibido el puesto de sus padres. La plaza de abastos de Elviña cuenta con una de las tasas más altas de ocupación de instalaciones en Galicia, además de ser la más ocupada de A Coruña. Solamente tiene dos puestos libres, dos pescaderías, y eso supone un 96% de ocupación. Esta cifra es inaudita en el gremio. En otros lugares esta situación es inversa", expone Tomé, que durante años estuvo al frente de la frutería Dori Rocha, con su esposa.
De los inicios en el Mercado, el presidente recuerda que "costó arrancarlo" y que "al principio se perdía dinero". En 1978, su memoria recuerda cerca de 130 locales tras unos años de plazoleta improvisada. "El barrio de Monelos y las Torres de los marineros, en aquel entonces, eran una cosa más emergente que una realidad", asegura. Su motivo para arrancar en el negocio fue el amor. "Empecé de placero en 1977, cuando iba a buscar a mi novia. Ella venía de una frutería familiar y cada hija trabajaba en una plaza", recuerda.
Levantar el Mercado de Elviña respondió a una petición popular de más de un siglo de antigüedad. La población pedía un recinto para comerciar y, desde la incorporación del entorno al Concello de A Coruña, las edificaciones fueron creciendo hasta conformar un espacio unitario. Sin embargo, el derrumbe del anterior edificio y el posterior traslado hasta el actual, en la avenida de Salvador de Madariaga, marcó a los placeros y placeras.
"Aprendimos una lección dura cuando derruyeron el mercado de Elviña en el año 2000. Entre Carrefour, Alcampo y El Corte Inglés nos dieron un golpe duro. El simplista cree que con el cierre de un puesto se beneficia al comercio, porque tendrá más clientela. El cierre de un negocio es empobrecimiento general. La competencia en las plazas de abastos es la clave para que haya vida", explica Tomé.
La construcción del nuevo edificio se realizó tras la visita a muchos mercados de España, "especialmente de Madrid y Barcelona", y de aquellos resultados obtuvieron conclusiones hoy ya presentes. Estos 20 años de vida, sin embargo, trajeron nuevos retos y exigencias de adaptación a los tiempos. "Siempre buscamos gente, nosotros hacemos labor comercial. En otras plazas, a su junta le importa un pito cómo vaya la plaza. Para nosotros, es crucial", expresa el presidente, que también menciona la promoción, las redes sociales y los eventos como un elemento central de su era.
"En la etapa del covid, decidimos realizar reparto solidario. Yo tenía mis clientes, los carniceros tenían los suyos y los pescaderos, lo mismo. Pero cuando una clienta llamaba para hacer su compra y que se la llevásemos a casa, a veces incluso de noche por el gran volumen de trabajo, también pedía productos de otros puestos y nosotros hacíamos esa gestión. Por eso sé que el mercado existía y existirá", detalla Tomé.
Nuevos negocios para nuevos tiempos
"Las cuatro o cinco aperturas recientes son comercios de todo tipo, como floristerías o una carnicería vegana. Los mercados deberían estar a tope. La calle está imposible con la inflación en los precios del alquiler. Estamos hablando de que un puesto en la plaza puede ser hasta ocho veces más barato, con rentas de 100 euros frente a otras de 800, por ejemplo, en ciertos barrios de A Coruña. La diferencia es brutal", adelanta Tomé.
El precio es uno de los factores que llevó a Juanma Portela, comerciante de En la tabla, a abrir su puesto en el mercado de Elviña. Además del alquiler, el horario, la gestión de su propio tiempo y la conciliación familiar sirvieron de alicientes. "Estaba trabajando en una tienda de alimentación especializada, echando muchas horas y con una vida a medias entre Santa Cruz, con mi familia. Antes también había trabajo desde dentro del sector con importación de alimentos. Además, puesto a empezar un negocio, el precio de los locales en alquiler es otro motivo de peso. Están disparados y en la plaza no", confirma.
Portela, que es especialista en producto de charcutería, queso o producto italiano, entre otros, es una de las últimas incorporaciones a la plaza de abastos. "En este mercado hay bastantes tiendas que no hay en otros. Se ve mucha gente joven, hay más ambiente. Es cierto que el tipo de comprador varía mucho con el horario y quizá el que está más orientado a ciertos negocios no trabaja en horario compatible a la tienda. Después está el fin de semana, que es otra cosa. Los lunes, por ejemplo, se reciben a más compradores de hostelería y profesionales de restauración", explica sobre su experiencia, iniciada hace casi cuatro meses.
"Los compradores de diario y de restauración buscan un producto diferenciado, de calidad. El fin de semana cambia radicalmente el ambiente y se valora el producto distinto al de supermercado, se dejan aconsejar porque tienen más tiempo", puntualiza el placero. Al respecto, Tomé también aborda el tema de la clientela y la cercanía. "El cariño y el trato tienen un doble filo. Hay que querer a la gente, pero hay que entenderla también. Por delante de ti pasa gente que es soltera, compra cerezas y ternera, y después se casa, hace un cambio vital y cambian sus intereses, o sus posibilidades. Entonces pasan a comprar sacos de dos kilos de manzana. Tienes que ser hábil, ver ese cambio y no equivocarte", expone.
"Se vende menos, las casas y las familias son más pequeñas. Antes no había lujos, el nivel de vida era inferior. Sin embargo, también percibimos que ha caído la cantidad de productos que se compran. En los supermercados están intentando hacer desaparecer las secciones poco a poco. Lo publicitan como delegar la intención al comprador y que así solo se fije en el precio, no en otros aspectos importantes. Eso supone una pérdida de empleo y un ahorro para las cadenas. Un reponedor es el trabajador menos cualificado de un supermercado, un pescadero, por ejemplo, es un profesional que cobra más y más difícil de reemplazar. Por otro lado, carecer de un profesional que te informe del producto y su calidad es una pérdida para el cliente", resuelve el presidente del Mercado de Elviña.
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