Los dos templos de alta perfumería en A Coruña: de esencias neandertales a olores creados con IA o el aroma de la Luna
Yevhen Rubaniak Hryfliuk, de HRYF, y David Gigirey, de Amusko, representan a la perfumería de nicho en la ciudad con dos proyectos diferenciados en el enfoque, pero con fragancias únicas, incluso de coleccionista

Interior de la perfumería HRYF, con varios de sus productos. / GUS DE LA PAZ
Dos establecimientos de A Coruña custodian en su interior fragancias creadas para transportarnos a través del olfato hasta la superficie de la Luna, el obrador de una bruja en la Edad Media o el cruce pasado entre el neandertal y el ser humano actual. El propietario de HRYF, Yevhen Rubaniak Hryfliuk, y el dueño de Amusko, David Gigirey, representan de manera visible el sector de la perfumería de nicho y de autor en la ciudad. Ambos locales, con perfiles y enfoques diferentes, se han convertido en templos para los amantes y coleccionistas del lujo aromático.
Hryfliuk define su local como una perfumería multimarca de lujo y de nicho. Yevhen rechaza la etiqueta profesional de perfumista, porque no crea ni concibe un producto. Él es el encargado de seleccionar las referencias de cada casa y quien los defiende, explica y ofrece en su tienda HRYF, ubicada en la calle Sinfónica de Galicia. Su propuesta comercial propone asesorar a cada cliente para descubrir "sensaciones, historias y formas de identidad" olfativas. A su modo de ver, el perfume es "una prenda de vestir más y no es un complemento, ha de llevarse y cambiar para la ocasión".
"Este sector es muy amplio. Si hablamos de lujo, están las marcas comerciales, que representan la venta masiva. Trabajé ahí al principio en grandes firmas y en sus tiendas jamás ofrecen fragancias, de hecho, no las guardan en los locales. Primero va el nombre y, ya después, la calidad. Por otro lado, la perfumería de autor sigue la idea de un creador y pone en valor las materias primas. Depende de la casa, pero no se busca gustar de manera genérica y prefieren contar una historia a través del olfato. En otro margen quedan las fragancias de lujo, que no tienen por qué estar representadas por marcas potentes. El nicho es la calidad y lo diferente, si buscas algo especial", explica el dueño de HRYF.

El propietario de HRYF, Yevhen Rubaniak Hryfliuk. / GUS DE LA PAZ
Una de las principales diferencias es el volumen de producción. Las casas perfumistas generan series limitadas que respeten la materia prima, el proceso de investigación y de fabricación. No incluyen apenas alcohol en la receta y, por lo general, las esencias suponen más del 90% del contenido, con "algún caso del 98%". Hryfliuk propone como ejemplo Maitiere Premier, una marca francesa "de calidad muy superior" y cuyo dueño actual es la séptima generación de perfumista. Su laboratorio posee un cultivo ecológico propio de rosa centifolia, de la que exprimen hasta 500 unidades para un solo frasco.
En su local pueden encontrarse perfumes de Neandertal, que exploran la fragancia del humano en diferentes etapas de su evolución y experimentan sobre las posibilidades futuras gracias a la inteligencia artificial. Esta casa comercializa en envases de 30 mililitros, con el coste de 135 euros. En otra línea más poética, Hryfliuk recomienda la marca sueca Stora Skuggan, que trabaja sobre relatos y traslada a notas olfativas la historia del Fantasma de Maules, el ungüento Hexensalbe que permitía volar a las brujas, la extinta planta Silphium o el mito hindú del rey Yuvanaswa, que quedó embarazado de su heredero. No más de 30 mililitros, en este caso, se pagan a 150 euros por difusor. De manera similar, la casa HUNQ explora los olores de hombres según su oficio y crea esencias según el aroma de socorristas, mecánicos, jardineros o carpinteros. Esta marca vende su propuesta en formatos de 100 mililitros, por 150 euros.
Con menos narrativa, en HRYF cuentan con perfumes de BESO BEACH, marca que transporta a los usuarios a besos de momentos específicos, o Initio Parfums Privés, un productor clásico en cuanto a narrativa pero de materia prima excelsa, incluso con una referencia fuertemente marcada por el oud, la resina del agar que se extrae con un hongo y es uno los ingredientes más caros en perfumería. En este último caso, el bote de 50 mililitros se vende a 210 euros.
¿Quién compra perfumes de nicho?
Según su experiencia, Hryfliuk diferencia entre tres tipos de cliente según la clase de perfume. Por una parte, el que busca oler a sí mismo y a limpio con fragancias discretas y no invasivas a terceros. Después, aquellos compradores que "quieren llamar la atención, por ejemplo, con aromas más nocturnos". Finalmente, los clientes de nicho a los que da igual "oler bien o mal" y prefieren ser preguntados sobre "a qué huele".

Gus de la Paz
Otro aspecto crucial es la posición del cliente en el centro. Esto supone que los procesos físicos, como los cambios de temperatura, se tienen en cuenta para la duración de la fragancia y el consumo de las diferentes notas de olor. "El tipo de piel influye, si es grasa o seca, o la alimentación. Tengo clientes árabes con una dieta más especiada. Su sudor, por ejemplo, reacciona con los perfumes ácidos y genera un olor rancio, como a sitio cerrado. Por tanto, hay que tener muy presente el perfil del comprador", expone Yevhen.
Además de los perfiles, la clientela varía entre futbolistas, coleccionistas de perfumes, jóvenes "de 16 años en adelante que entran en contacto gracias a TikTok", turistas, personas que buscan un olor concreto para una fecha clave, como su boda, y visitantes internacionales, que "suponen el 40% del negocio y suelen vincularse con Inditex y las exposiciones de la Fundación MOP". HRYF atrae a varios coleccionistas de Ferrol y Vigo, también de Valencia, Lisboa y otros puntos de Europa, como Ámsterdam. "La perfumería de nicho es mucho más normal fuera de España. Aquí está entrando ahora mismo", expone Hryfliuk.
¿Cuál es el aroma de A Coruña?
Hryfliuk entró en contacto con el comercio de lujo en Valencia a través de Chapeau, una cadena multimarca con marcas como Jacquemus o Balenciaga. Aunque nació en Ucrania y se crió en la localidad de Elda, Hryfliuk decidió mudarse a Galicia en 2019 tras un viaje. Primero recaló en Foz, antes de asentarse en A Coruña y abrir su negocio. Descarta poseer una nariz o un olfato especial y, además de la formación, enfatiza su gusto como primer filtro. "No soy un laboratorio ni un perfumista", puntualiza.
"Mi primera impresión es que A Coruña olía a pescado, especialmente en algunos barrios más abiertos a la costa. Puede parecer olor a mar, pero a mi parecer es olor a pescado. Lo cual no es malo. En perfumería, las notas metálicas de las fragancias dan sensación de pescado en nariz. Cuando vienes aquí es lo primero que te da, pero luego te acostumbras. A Coruña huele también a humedad, pero el océano y la vegetación limpian el ambiente", señala Yehven.

David Gigirey, dueño de Amusko. / CARLOS PARDELLAS
El coruñés de las "fragancias imposibles"
A David Gigirey, el nariz detrás de Amusko, lo que le sobra es historia. Rechazó una oferta de Armani, vivió en un monasterio de la India y trabajó en el set de Mujeres Desesperadas. Pero hace cinco años regresó a A Coruña, su ciudad natal, para crear un rincón en el que se esconden algunos de los perfumes más buscados del mundo. "Para entrar en esta industria hay que estar un poco loco. Es un negocio más romántico que real, pero nosotros vivimos de las ventas, no nos dedicamos al narcotráfico", dice con humor el perfumista, que abrió su boutique de aromas en plena pandemia del coronavirus.
Lo hizo en la calle Betanzos, que, desde entonces, siempre huele un poco a magia. Y no es para menos, porque la perfumería de Gigirey esconde un combinado de fragancias únicas, clasificadas como "de ultranicho".
Son, como dice el perfumista, aromas "casi imposibles de conseguir", "creativos" y sin "nada que ver" con los de la industria. Utilizan ingredientes "reales y naturales" y no se fijan con alcohol, sino con ámbar gris, un producto más glamuroso por su nombre que por su esencia. "Es vómito de ballena. Y es muy caro".
Amusko, la conexión entre A Coruña y Hollywood
Con el paso del tiempo, David Gigirey ha transformado su local de A Coruña en un rincón de glamour y productos exclusivos. En sus estantes relucen como joyas perfumes de todas partes del globo, desde Aller -"una firma de Santiago que compite con las de Nueva York"- hasta el Moon Dust de Min New York, una fragancia que "huele como la Luna".
Tan solo hace falta el marketing para que el perfume se venda antes incluso de abrir el frasco. "Cuando los astronautas llegaron a la Luna, hicieron una lista de ingredientes que encontraron en el espacio y se lo pasaron a la marca. Huele muy industrial, como a sílex y ozono. Si la Luna se pudiera oler, esto sería lo más parecido", asegura el artesano, que también trabaja la cosmética nicho y produce sus propios ambientadores de hogar.
Si bien "ahora se estudia", el de nariz antes era un trabajo que había que aprender directamente entre las probetas y eso es lo que él hizo. A Gigirey la profesión le guiñó el ojo cuando se mudó a Los Ángeles y se topó de frente con Neiman Marcus, el 'Harrods' de los productos de nicho y la alta costura, en el que se enamoró de la firma Kevyn Aucoin. No tardó en asociarse con ella y en empezar a hacer productos para empresas que facturaban, de media, un millón de dólares al año. "Me tocaba hacer de todo, desde limpiar la oficina hasta ir a los puntos más glamurosos para atender a las señoras. Janet Jackson... Todo Hollywood usaba Kevyn Aucoin", recuerda el perfumista coruñés, que pensó en llevar la firma hasta España.
Pero de las ideas a la realidad siempre hay un trecho y, como suele ocurrir, los laberínticos engranajes de la burocracia lo frenaron todo. Después falleció su pareja, Angelo, y el mundo se le cayó encima. "Yo pesaba 58 kilos. Sabía que en A Coruña podía tener unos horarios y estar con la familia, que podía estar estable. Y monté la perfumería".
El perfume: entre el gusto y el mensaje
En Amusko, uno no va a comprar un perfume: va a hacer una cata. "Lo primero que pregunto es qué quieren proyectar. Si quieren juventud, nos vamos a los cítricos. Si quieren un perfume serio, maderas como el cedro y el sándalo. Y luego, necesito saber si buscan que tenga proyección o que sea íntimo", explica el coruñés, que tiene una postura muy clara sobre la tan discutida duración de los aromas. "Un buen perfume tiene que durar ocho horas. Ese es el tiempo que puede durar una actitud".
Ahora, dice, "están muy de moda los gourmand", que son perfumes con olores 'comestibles' y, muchas veces, muy dulces. Son los que van buscando los chicos más jóvenes que se acercan a Amusko, esos que suelen "seguir tendencias", mientras les dejan "a las señoras hechas y derechas" los aromas más florales.
A veces, Gigirey ha tenido que bucear más hondo y dejar los gustos coruñeses para encapsular el olor de un único momento. Es lo que le ocurrió el año pasado, cuando el Concello de Ponteareas le contactó para hacer un perfume que inmortalizase la fragancia de las alfombras florales del municipio durante el Corpus Christi.
"En verano fui a ver cómo se hacían y llevamos un año trabajando en el producto. Lo más difícil era crear algo que le fuese a gustar a todo el pueblo y con ingredientes tan específicos, pero ya está fabricado y se presenta el 5 de junio", explica el perfumista, que utilizó notas de hinojo, árnica, maderas e incienso para crear "un floral muy dulce" capaz de trasladar a la gente a las calles cubiertas de pétalos.
Cuenta que enfrentó el desafío como lo afronta todo, sin miedo al error y con mucho empeño. Porque, cuando se tiene la oportunidad, hay que lanzarse. "Hay muchas cosas que no me gustan de Estados Unidos, pero hay otras que son buenas, y una es que ellos no entienden el fracasado. Yo he hecho tantas cosas que me han salido mal que, si fracasara de nuevo, tampoco pasaría nada".
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