Entrevista | María Guerra Periodista
La periodista María Guerra presenta 'Señoras y Señoras' con Mariola Cubells en A Coruña: "El Colón es como el estadio de Riazor para nosotras"
Las comunicadoras llevan al teatro este viernes, a las 20.30 horas, su número feminista y pop sobre las mujeres nacidas en los años 60: "Tenemos las arrugas que queremos tener"

La periodista María Guerra. / Jeremías Carroza
La periodista María Guerra une fuerzas con Mariola Cubells, también periodista, para subirse a las tablas del Teatro Colón este viernes, a las 20.30 horas, para presentar su espectáculo Señoras y Señoras. Después de girar por todo el país, las dos comunicadoras comparten sus experiencias vitales y el encuentro con un público para presentar a una generación de mujeres nacidas en los 60.
Presentan su espectáculo en el Teatro Colón. Definen el número como feminista y pop, no es una obra de teatro. ¿De qué se trata?
El Teatro Colón lo he pedido personalmente; he ido a llamar a su puerta. Es, sin duda, el escenario más grande en el que hemos estado hasta ahora. El Colón es como el estadio de Riazor para nosotras. Mariola y yo somos una dupla. Este espectáculo lleva girando desde 2025, llevamos 30 funciones. Lo que buscamos hacer es justicia en carromato, llevando nuestro espectáculo de aquí para allá, de Córdoba a Pontevedra, de esquina a esquina. Nuestra voluntad es viajar y encontrarnos con mujeres de nuestra generación. Esta generación que es la primera que pudo divorciarse, abortar, asistir a la universidad, convertirse en primeras pensionistas. Sin embargo, como periodistas del audiovisual, la representación que encontramos de mujeres de nuestra edad en medios, series de televisión o películas es escasísima.
Pero no se ciñen exclusivamente a una generación, ¿o sí?
Reivindicamos una generación concreta, pero en las funciones nos hemos encontrado con público más mayor. Esas mujeres que todavía vivieron en peores condiciones que nosotras; hablamos de una generación sin titularidad de nada. ¡Ni de cuenta bancaria! Esto se eliminó a principio de los años 80, bien entrado el cambio político. Las mayores lo han pasado peor y nosotras, pese a todo, hemos vivido muchísimo mejor que nuestras madres. Madres, por cierto, a las cuales también dedicamos parte del número cuando hablamos de nuestra infancia.
¿Relatan sus vidas sin efectos especiales?
No somos un producto digital. Nosotras creamos este espectáculo como un producto analógico. Lo más digital que tenemos es un PowerPoint, hasta ese nivel somos analógicas. Somos mujeres profesionales del siglo XX que revisitamos el siglo XXI. ¿Cómo lo hacemos? Relatando nuestras vidas, pero también escuchando al público. No juzgamos lo que comentan porque en ese espacio venimos a contar y a contarnos.
¿En el patio de butacas se encuentran también con público masculino?
Por supuesto, invitamos a los hombres, que además les cae en algún momento un poco de estopa. Este espectáculo lo planteamos como diversión, como gracia; y para nada entendemos que deba tener un tono lastimero. Nos reímos, de verdad que sí, incluso de nosotras mismas. Nos ponemos a hablar de Pretty Woman y reflexionamos de la moto que nos vendieron. Querían vendernos que esa película tenía un gran príncipe, ¡y el príncipe es un putero! Así de claro. Y nosotras nos preguntamos, ¿por qué no ser la teniente Ripley de Alien? Lo peor de las películas infantiles creadas por Disney no son las princesas y todas esas narrativas, lo peor es la soledad a la que condenan a las princesas. Una soledad tremenda. Así, después tenemos historias como las de La Bella y la Bestia, que el príncipe era un maltratador de libro.
De películas infantiles a éxitos noventeros, partes de su infancia... ¿Cómo surge este espectáculo?
Mientras Mariola escribía su libro, me daba mucho la tabarra con cosas que encontraba y quería comentar. Entonces decidimos darle forma, crear el espectáculo y, sobre todo, hacerlo nosotras. No necesitamos un equipo enorme, queremos que sea pequeño. Lo hacemos en una dimensión humana. Somos corredoras de fondo, no buscamos hacer números enormes, sino llevar este lejos. El espectáculo cambia, por supuesto, porque está afectado por la actualidad. Por ejemplo, estamos añadiendo un estudio publicado estos en Inglaterra sobre el cine del año pasado. La investigación dice que ese año había más películas protagonizadas por perros parlantes y hombres llamados Chris que a una mujer de 60 años. Estamos aquí, tenemos las historias, pedimos a directores y productores que se animen.
¿Y la nueva ola de cineastas femeninas? Ellas tienen protagonismo ahora.
Las mujeres millennials tienen mucha voz, muchas cineastas que cuentan su generación. Nosotras nos quedamos sin directoras de nuestro tiempo porque no podía hacerse carrera. Es un partido que a nadie le importa ni quiere jugarlo. Nosotras abordamos una brecha generacional y nos reímos de ella, porque entre la población joven da muchas cosas por dadas. Nosotras abogamos por llegar bien a la tercera edad. Hay que verse y aceptarse, pero aceptarse con risa. Queremos tener las arrugas que tenemos. La eterna juventud es un camino hacia la infelicidad. Tengo la cara que tengo porque llevo 35 años de trayectoria, currando de periodista y haciendo las preguntas incómodas. No se puede tener experiencia y no tener arrugas, es incompatible.
¿Por qué dar el salto a los escenarios siendo periodistas?
Somos dos señoras y tenemos voz propia, además de un camino que ha sido placentero de hacer. Ambas tenemos mucho trabajo, cada una en lo suyo, y solo podemos sacar huecos para dos o tres funciones al mes. No somos actrices, pero de repente a los 60 años encontramos un nuevo espacio. Cuando tienes ya unos años, sabes lo que haces bien o mal. Nosotras venimos a reflexionar y no a contar chistes. Ponemos fotografías de nuestras madres, de nuestras hijas. Esta es nuestra experiencia personal que es, a su vez, una expresión política.
¿Ha sido su generación pionera en algo más?
"Somos la primera generación que ha buscado la soledad. Es importante esa soledad para la independencia. Esa soledad representa el divorcio, la separación y también el matrimonio homosexual, que ha pillado mayores a muchas mujeres. Estos derechos pueden perderse, no son libertades fija. Estamos viviendo un momento ultraconservador con una nueva ola y debemos recordárselo a las mujeres más jóvenes. La involución es posible. Nosotras no damos soluciones, damos reflexiones.
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