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Riazor, el barrio que se encarece mientras conserva la vida de siempre: "No te sientes aislado, pero tampoco estás en medio del bullicio"

Este barrio de A Coruña se ha revalorizado hasta convertirse en una zona residencial cotizada, pero el alza de precios lastra a colectivos como los jóvenes que buscan independizarse

Los vecinos de Riazor opinan del barrio

Gus de la Paz / Inés Vicente Garrido

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A Coruña

Riazor ya no es aquel barrio que muchos coruñeses veían hace décadas como una zona apartada del centro. Las calles que rodean el estadio y se extienden hacia Labañou y la tercera ronda se convirtieron con el tiempo en una de las áreas más cotizadas de A Coruña. Un lugar tranquilo, próximo a la playa y al centro, donde todavía sobrevive cierta vida vecinal que muchos residentes consideran ya difícil de encontrar en otras partes de la ciudad. Pero esa tranquilidad y esa calidad de vida también trajeron consecuencias: viviendas inaccesibles para muchos, sobre todo jóvenes, menos comercio tradicional y un barrio que envejece poco a poco.

El actual Riazor nació entre las transformaciones urbanísticas del siglo XX. El segundo ensanche modificó por completo el antiguo núcleo original y el estadio municipal terminó de definir el entorno moderno del barrio. A su alrededor crecieron zonas como la Cidade Escolar o las viviendas sociales del Carmen, mientras las calles cercanas al paseo marítimo se consolidaban como una de las áreas residenciales más valoradas de la ciudad.

"Cambió todo", resume Santi Montero, vecino de Riazor desde hace 71 años. Ha vivido toda la evolución del barrio. Desde una zona "mucho más modesta" hasta convertirse en uno de los lugares más demandados para vivir en A Coruña. "Ha cambiado muchísimo y para mejor", asegura.

Santi Montero, vecino de Riazor

Santi Montero, vecino de Riazor / Gus de la Paz

Sin embargo, detrás de esa mejora urbanística y de la comodidad que describen los vecinos aparece una preocupación común: cada vez resulta más difícil acceder al barrio. "Está desorbitado", lamenta sobre los precios Sandra Roco, que lleva casi dos décadas viviendo en la zona. "No es nada fácil ni asequible vivir aquí". Para ella, la falta de gente joven tiene una explicación evidente: "Somos sobre todo personas de 40 años para arriba y mayores. Gente muy joven no hay".

La sensación se repite entre los residentes y comerciantes. Susana García, encargada de una tienda de baños y grifería instalada en el barrio desde hace diez años, habla directamente de "precios astronómicos". Desde su negocio observa cómo muchas viviendas pasan de padres a hijos porque comprar en la zona resulta imposible para buena parte de la población joven. "O heredas un piso o necesitas unos sueldos espectaculares", afirma.

El barrio mantiene todavía una imagen residencial muy marcada. Apenas hay grandes promociones nuevas y predominan las rehabilitaciones de edificios antiguos. "La gente reforma los pisos familiares para quedarse aquí", explica Susana. La razón principal sigue siendo la misma: la ubicación. Riazor ofrece cercanía al centro, a la playa y al paseo marítimo sin sufrir el nivel de ruido o saturación de otras zonas más turísticas. "Es un equilibrio perfecto", resume la comerciante. "No te sientes aislado, pero tampoco estás en medio del bullicio", indica.

Marina Blanco, vecina de Riazor

Marina Blanco, vecina de Riazor / Gus de la Paz

Esa tranquilidad aparece constantemente en las conversaciones con los vecinos. Marina Blanco, residente desde hace 25 años, describe especialmente la parte próxima a la tercera ronda como una zona "muy agradable". "Tiene lo imprescindible para el día a día y es muy cómoda", explica. Supermercados, farmacia, paseos y servicios básicos permiten mantener una rutina completamente de barrio.

Sandra también destaca esa vida cotidiana cercana. "No necesitas salir de aquí para nada", afirma. Pero además habla de una relación vecinal poco habitual en otros puntos de la ciudad. "Nos conocemos todos. A veces demasiado", comenta entre risas. "Si llevas días sin aparecer, ya te preguntan dónde estabas".

Riazor conserva todavía cierta sensación de comunidad. Una característica que varios vecinos consideran cada vez más difícil de encontrar en barrios más céntricos o más turísticos. Aunque las generaciones fueron cambiando, muchos residentes llevan décadas viviendo en las mismas calles. "Vamos envejeciendo todos al mismo tiempo y no nos damos cuenta", comenta Marina.

El fútbol altera completamente esa calma varios días al mes. El estadio de Riazor marca el ritmo del barrio desde hace décadas y los días de partido transforman el tráfico, el aparcamiento y el movimiento de personas. "Está todo colapsado", resume Santi. Las restricciones de circulación y la dificultad para aparcar forman parte ya de la rutina para quienes viven junto al campo.

Sandra Rocco, vecina de Riazor

Sandra Rocco, vecina de Riazor / Gus de la Paz

No todos lo sufren igual. Marina apenas nota las limitaciones porque accede a su vivienda desde otra entrada de la ciudad. Aun así, reconoce que muchos vecinos sí se quejan. "Sobre todo por no poder aparcar o entrar fácilmente". Pese a ello, la convivencia con el estadio parece completamente asumida. "Si el Dépor sube a Primera y cortan más calles, no nos importa", asegura.

Las críticas más frecuentes no se centran tanto en el fútbol como en el mantenimiento urbano. Los vecinos consideran que el barrio "podría estar bastante más cuidado". Sandra lamenta la suciedad en algunas zonas verdes y parques. "Está lleno de cacas y bastante sucio", denuncia. Susana amplía las quejas al estado general de las calles. Habla de baches, aceras deterioradas y falta de mantenimiento en plantas o mobiliario urbano. "Está muy mejorable", afirma. También recuerda problemas de iluminación en algunas calles durante años. "Había zonas donde prácticamente no se veía nada".

La seguridad genera opiniones más divididas. La mayoría describe Riazor como un barrio tranquilo donde se puede caminar sin miedo. "No se ven incidentes", explica Santi. Sandra comparte esa percepción. Sin embargo, algunos vecinos sí notan cambios respecto al pasado. Marina asegura que ahora siente más inseguridad cuando camina sola de noche que hace años. "Antes no tenía ningún miedo y ahora noto una diferencia", explica.

Los comerciantes también hablan del aumento de robos en locales. Susana asegura que tanto negocios como vecinos sufrieron hurtos en alguna ocasión. Aun así, diferencia claramente esos delitos de una sensación real de inseguridad personal. "Yo salgo tranquila de trabajar", afirma.

Otro cambio evidente afecta al comercio tradicional. Los vecinos recuerdan un barrio con más mercerías, kioscos y pequeños negocios de proximidad. Hoy predominan mucho más la hostelería y algunos servicios concretos. "Cada vez queda menos pequeño comercio", lamenta Sandra.

Susana García, encargada de García, una tienda de baños y grifería

Susana García, encargada de García, una tienda de baños y grifería / Gus de la Paz

Susana cree que Riazor perdió parte de esa identidad comercial que todavía conservan barrios como Monte Alto. "Aquí sacas hostelería y poco más queda", explica. Precisamente esa falta de comercio de proximidad aparece como una de las pocas carencias importantes que señalan quienes viven en el barrio.

Las zonas verdes también forman parte de las reclamaciones vecinales. Algunos residentes consideran que el barrio necesita más espacios naturales y mejores áreas para mascotas. Pese a ello, el sentimiento general continúa siendo positivo.

Pocos vecinos hablan de marcharse. Al contrario. La mayoría insiste en que Riazor sigue siendo una de las mejores zonas de A Coruña para vivir. Un barrio que creció, se revalorizó y cambió profundamente, pero que todavía intenta conservar la sensación de seguir siendo un barrio de toda la vida.

Aceras rotas en un barrio de paseo

Pedro Méndez, presidente de la asociación de vecinos, define el barrio como una de las zonas "más tranquilas" de A Coruña, marcada por el paseo y la vida calmada. "Es una zona de andar, de paseo por la playa, no de mucho jaleo", resume. Solo los días de partido alteran la rutina de Riazor, especialmente en semanas señaladas para el deportivismo. "Llevamos días con un barullo tremendo", explica.

Barrio de Riazor

Barrio de Riazor / Gus de la Paz

Más allá del fútbol, asegura que apenas existen conflictos de convivencia y destaca que la seguridad no es una preocupación importante para los vecinos. El presidente vecinal sí reclama mejoras en el mantenimiento y en algunos servicios del barrio. Considera "insuficientes las zonas infantiles actuales" y lamenta que proyectos prometidos para ampliarlas sigan pendientes.

También critica el estado de limpieza y conservación de las calles. "Aceras rotas, sucias y demás", denuncia. Aun así, señala que Riazor vive una transformación con la llegada de familias jóvenes a una zona tradicionalmente envejecida y de nivel adquisitivo alto.

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