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Esta es la inversión millonaria de una empresa japonesa para revivir las «catedrales de la industria» de A Coruña, entre la refinería y Marineda

El cierre de Alu Ibérica dejó más de un cuarto de millón de metros cuadrados convertidos en un desierto industrial tras su cierre

La multinacional nipona Resonac ha empezado los trabajos para revivir la parcela y dedicarla a producir grafito

Obras en Resonac

Gus de la Paz

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A Coruña

Más de 250.000 metros de superficie. Naves de hasta 800 metros de largo. Docenas de calderas de electrolisis, cada una de 70 toneladas. El cierre en 2022 de la factoría de Alu Ibérica, la antigua Alcoa, no solo llevó a la desaparición de casi 300 puestos de trabajo, sino que dejó en el polígono de Agrela, entre la refinería y la zona de Marineda, un desierto industrial, poblado por los restos de lo que un día fue una de las mayores factorías de la comarca. Resonac, la multinacional japonesa que ya tiene una fábrica de electrodos de grafito junto a la finca, compró los terrenos, y ha puesto en marcha obras para aprovechar algunos de los edificios para expandirse y derribar otros. En palabras de José Manuel Marcote, su director de activos en A Coruña y responsable de la obra, se trata de dar una nueva vida a un espacio que alberga a una «catedral de la industria», reutilizar los materiales y aprovechar los terrenos para ampliar su planta y crear otra dedicada a crear componentes para coches eléctricos.

VISITA A RESONAC

El exterior de la serie 2, la nave más larga de la antigua Alu Ibérica. / Gus de la Paz

«Lo hemos estado planificando durante dos años», explica Marcote, y los trabajos, con un plazo de 31 meses para su ejecución, durarán aproximadamente hasta el segundo semestre de 2028. Resonac aprovechará algunos de los edificios existentes, como un inmueble que ya se emplea para oficinas, o un almacén de 4.000 metros cuadrados. Pero la mayoría de los edificios irán «a cota cero». Es decir, se demolerán por completo. Entre ellos está la serie 2, la gran planta de 800 metros de largo en la que se realizaba electrolisis, u otra, algo más antigua, de unos 700 metros.

En la serie 2 ya se ha vaciado el interior, aunque queda la estructura, y ahora se está utilizando para depositar enormes montañas de material. El plan de Resonac, señala Marcote, es reutilizar el 90% del material que se pueda recuperar, pues la sostenibilidad y la seguridad son los pilares del proyecto. La obra implica «todo tipo de maquinaria» y trabajos a 40 metros de altura. Grandes cizallas mecánicas muerden el cemento, quebrándolo y extrayendo con cuidado las hebras de acero.

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Un operario corta piezas de metal como parte del plan de Resonac para recuperar materiales. / Gus de la Paz

En un extremo de las instalaciones, el más próximo a la refinería, máquinas y operarios trabajan desmontando escombros y vigas. El material pasará después por una máquina que extraerá piezas más pequeñas de metal con un imán. Otra pala mecánica clasifica escombros, y dos trabajadores cortan con sopletes de mano grandes piezas de metal que una vez formaron parte de las plantas de electrolisis de Alu Ibérica, preparándolas para que una máquina las rompa. Las obras, cuyo coste antes del IVA y de los beneficios de las contratas se calcula en más de 5,56 millones de euros, emplearán a unas 80 personas, y el 90% del personal, indica Marcote, es de la provincia de A Coruña.

El sentido de la vida

Pero el fuego de los sopletes y los dientes de hierro de las cizallas, indica Marcote, no son para destruir el legado de Alu Ibérica, sino para permitirle revivir: una cirugía con maquinaria pesada para dar una «nueva vida industrial» a las antiguas instalaciones, que tuvieron «siete décadas de convivencia» con la planta de grafito de Resonac. La multinacional ha escogido una palabra nipona para el terreno, ikigai, que significa «sentido de la vida».

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Una pala mecánica en la zona de tratamiento y clasificación de residuos de Resonac. / Gus de la Paz

La finca dará «agilidad y flexibilidad» para el crecimiento de Resonac, que actualmente fabrica grafito para hornos eléctricos. De acuerdo con el proyecto presentado ante el Concello para obtener la licencia de obras, en la zona más próxima a la avenida de Arteixo se mantendrán algunas instalaciones que se aprovecharán para nuevos usos, mientras que la amplia franja central se usará para albergar la primera y segunda fase de una nueva planta de grafito para ánodos de batería de coches eléctricos. Se trata de un proyecto piloto, con una inversión de unos 10 millones de euros, que debe estudiar si la producción es viable.

Si es así, y se dan otros factores como la disponibilidad de energía verde, se convertiría en una planta de producción. Se manejaron cifras como una inversión de 500 millones, con 600 empleados entre directos e indirectos. En caso de que el proyecto avance, se extendería en varias fases a otros terrenos de la antigua Alu Ibérica.

En su momento, Resonac preveía ceder la parte oeste de las instalaciones a Ignis, para que esta multinacional crease una planta de hidrógeno y lo enviase, por canales subterráneos, hasta una fábrica de amoníaco en punta Langosteira. El año pasado el Estado concedió 170 millones a Repsol e Ignis para construir instalaciones en las que sintetizar hidrógeno, pero esta segunda empresa busca ahora instalaciones en otros puntos de la comarca, aunque mantiene el proyecto de Langosteira. Marcote señala que Resonac está abierta a acoger «otros proyectos que se adecuen a nuestro plan industrial y sigan nuestros valores»

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