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Alumnos franceses escogen A Coruña para aprender idiomas en su instituto: "Quería enseñar español, pero acabamos viajando a la ciudad sin salir de Normandía"

Cartas escritas a mano, videollamadas con estudiantes coruñeses, tartas de Santiago y cuadros inspirados en los de Luis Seoane en el Museo de Bellas Artes han permitido a decenas de alumnos franceses descubrir la ciudad gallega desde su aula

Alumnas del Lycée Risle Seine de Pont-Audemer reinterpretan 'Tres soles' de Luis Seoane

Alumnas del Lycée Risle Seine de Pont-Audemer reinterpretan 'Tres soles' de Luis Seoane / LOC

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A Coruña

A Coruña era, para muchos jóvenes franceses, un lugar del que apenas habían oído hablar. Nunca habían paseado por la plaza de María Pita, no conocían la Torre de Hércules y tampoco habían probado una tarta de Santiago. Sin embargo, durante los últimos meses, decenas de estudiantes franceses han aprendido a reconocer algunos de los símbolos más representativos de la provincia, han hecho amigos en A Coruña y hasta han reinterpretado obras de Luis Seoane. Todo sin salir de su instituto en Pont-Audemer, Normandía.

"Mi objetivo era acercar Galicia a unos alumnos que nunca habían estado allí. Quería que pudieran sentirla de alguna manera. Creo que lo hemos conseguido. Quería enseñar español, pero acabamos viajando a A Coruña sin salir de Normandía", resume Esther Ledesma, profesora de español en el Lycée Risle Seine de Pont-Audemer.

La iniciativa surgió casi de forma natural. El curso pasado, Esther Ledesma participó en un intercambio con el IES Rafael Puga Ramón de A Coruña. Allí conoció a Paz Devesa, profesora de francés del centro coruñés. Cuando este año ninguno de los dos institutos pudo organizar un viaje, ambas decidieron buscar una alternativa. "Pensamos que, aunque no hubiera intercambio, podíamos acercar igualmente las dos culturas a los alumnos. Queríamos que se conocieran y que utilizaran el idioma de una forma real", explica la docente.

Primera recepción de alumnos franceses de cartas de correspondencia de A Coruña

Primera recepción de alumnos franceses de cartas de correspondencia de A Coruña / LOC

La idea llegó además en un momento oportuno. Muchos estudiantes franceses llevaban años estudiando español, pero sentían que todo quedaba reducido al aula. "Me decían que era complicado aprender una lengua sin poder ponerla en práctica. Tenían la sensación de que estudiaban español, pero que nunca lo iban a utilizar de verdad". Así nació un intercambio epistolar entre estudiantes gallegos y franceses.

Amigos de correspondencia

Lo que parecía una actividad sencilla y común terminó convirtiéndose en uno de los grandes éxitos del proyecto. "Cuando llegó el primer sobre fue emocionante. Están acostumbrados a que todo sea inmediato y, de repente, tenían que esperar varios días para recibir una respuesta. Les encantó", asegura Ledesma. Los alumnos gallegos escribían en francés y los franceses respondían en español. Hablaban de música, deporte, aficiones o de cómo era su vida cotidiana. Poco a poco, las cartas fueron despertando el interés por la ciudad y la cultura de sus corresponsales.

Videollamada desde A Coruña a Lycée Risle Seine de Pont-Audemer

Videollamada desde A Coruña a Lycée Risle Seine de Pont-Audemer / LOC

"Muchos no conocían prácticamente nada de Galicia. A través de las cartas empezaron a escuchar hablar de A Coruña, de la Torre de Hércules o de las costumbres gallegas. Eso me permitió introducir todos esos contenidos de una forma mucho más cercana", añade.

El siguiente paso llegó con una videollamada entre ambos centros educativos. Después de varios meses escribiéndose, los alumnos pudieron verse por primera vez. "Fue un éxito absoluto. Cada estudiante habló con la persona con la que intercambiaba cartas. Habían preparado algunas preguntas, pero enseguida la conversación salió sola. Hubo muchas risas y mucha curiosidad", explica. "Me pedían ellos hacer otra videollamada, pero el curso se terminaba y muchos se marchaban a prácticas. Aun así, quieren seguir hablando", detalla la maestra.

La cocina gallega

Mientras las cartas viajaban entre A Coruña y Francia, el proyecto continuaba creciendo. Esther decidió acercar también la gastronomía gallega a sus alumnos y consiguió que el instituto les cediera la cocina pedagógica del centro. Allí prepararon una de las recetas más conocidas de la comunidad gallega: la tarta de Santiago. "No la conocían. Hicimos ocho tartas entre todos los grupos y fue una experiencia fantástica. La mayoría se llevó una porción a casa para que sus familias también la probaran", asegura.

Preparan

Alumnos de Lycée Risle Seine de Pont-Audemer hacen una tarta de Santiago / LOC

Colaboración cultural

La tercera gran pata de la iniciativa llegó gracias al Museo de Belas Artes de A Coruña. Esther contactó con la institución para preguntar si existía alguna posibilidad de colaboración y encontró una respuesta que no esperaba. "Nunca habían trabajado con un instituto extranjero, pero desde el primer momento mostraron muchísimo interés", dice ilusionada.

El director del museo, Manuel Mosquera, la puso en contacto con la educadora Lucía Hidalgo, quien adaptó los materiales para alumnos con un nivel básico de español. A partir de ahí, los estudiantes descubrieron la figura de Luis Seoane y trabajaron sobre algunas de sus obras más conocidas. Después recibieron un reto: "reinterpretarlas desde su propia mirada".

Las mariscadoras se transformaron en ovejas, algunos soles dieron paso a máscaras inspiradas en Sargadelos y cada estudiante explicó en español las razones de sus cambios. "Lo importante era que comprendieran la obra y que fueran capaces de crear algo propio a partir de ella", indica la profesora.

Alumnas del Lycée Risle Seine de Pont-Audemer reinterpretan obras de Luis Seoane

Alumnas del Lycée Risle Seine de Pont-Audemer reinterpretan 'Tres soles' de Luis Seoane / LOC

Los trabajos serán enviados próximamente al museo coruñés y servirán como punto de partida para una nueva videollamada con la educadora, que preguntará a los alumnos por sus creaciones y por todo lo que han aprendido durante estos meses.

Lo que más destaca Esther, sin embargo, no son las actividades realizadas ni los resultados académicos. Lo que más le ha sorprendido ha sido la implicación de unos estudiantes que, en un principio, ni siquiera estaban obligados a participar. "Al comienzo planteé el proyecto como algo voluntario porque no sabía si iba a interesarles. Algunos dijeron que no y acabaron sumándose después. Eso fue lo que más me emocionó", asegura.

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