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El regreso de la taberna de A Coruña que une la gastronomía de Galicia y Japón: "La conexión de nuestras cocinas es clarísima"

El restaurante apuesta por una carta mínima donde casi todos los comensales confían en la propuesta del chef para una experiencia personalizada

Carlos Pérez con la materia prima que hace brillar en su taberna japogallega

Carlos Pérez con la materia prima que hace brillar en su taberna japogallega / Gus de la Paz

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A Coruña

La historia de Hokuto comenzó en 2016 en el Campo de Artillería en un local muy distinto a lo que es hoy. Antes había sido una clásica taberna gallega de tortillas, callos y raxo. "Era un local mítico, muy galleguiño", recuerda Carlos Pérez, chef y propietario. La idea consistió precisamente en conservar ese espíritu popular y reinterpretarlo desde una mirada japonesa. "Cogimos una barra, pocas mesas de madera y una cocina vista y lo reconvertimos en algo japonés, aunque realmente es algo completamente personal", explica. Aquella mezcla entre izakaya japonesa y taberna gallega resultó casi inédita en la ciudad. "Creo que no existía nada parecido", asegura.

El éxito fue inmediato. Hokuto se convirtió rápidamente en uno de los restaurantes más comentados de A Coruña gracias a una propuesta muy alejada del japonés convencional. "Fue un boom", recuerda. Sin embargo, tras seis años decidieron abrir un segundo proyecto en el centro, Ôvera, manteniendo inicialmente ambos locales. La pandemia alteró completamente los planes. "La decisión no fue mía, fue más del banco", reconoce. Finalmente, Ôvera acabó cerrando y Pérez decidió regresar al lugar donde había sido feliz a finales de 2025. "Tuvimos la fortuna de que el local siguiera disponible". El regreso, asegura, también tuvo una dimensión emocional. "Es emocionante reconocer cómo la gente hizo la casa contigo".

Muchos clientes, explica, han vuelto después de años y le cuentan cómo ha cambiado su vida desde aquellas primeras cenas en Hokuto. "Nos conocimos en tu casa hace diez años, éramos pareja y ahora volvemos casados y con hijos", le dicen algunos. Esa relación cercana con la clientela le confirmó que Hokuto había terminado convirtiéndose en algo más que un restaurante. "Ves que la casa no solo la hice yo, sino que la hicieron ellos también", resume.

El cocinero pone mimo y técnica a cada plato que prepara

El cocinero pone mimo y técnica a cada plato que prepara / Gus de la Paz

La conexión natural entre Galicia y Japón

La pasión de Carlos Pérez por Japón comenzó hace dos décadas, cuando tuvo la oportunidad de viajar allí para trabajar en un restaurante francés y español. Aquel viaje cambió por completo su manera de entender la cocina. "Me enamoré de las técnicas japonesas", recuerda. Después pasó cinco años formándose en Kabuki, en Madrid, y más tarde trabajó en Santiago antes de regresar definitivamente a A Coruña para abrir Hokuto.

Pero más allá de las técnicas o los ingredientes, Pérez defiende que Galicia y Japón comparten una misma sensibilidad gastronómica. "Aquí bajamos a un sitio porque hacen unos callos increíbles; allí vas porque hacen una anguila perfecta", explica. Para él, ambas culturas entienden la cocina desde el producto, la especialización y el respeto absoluto por la materia prima. "La conexión de nuestras cocinas es clarísima", insiste. "En Galicia tenemos una memoria gustativa muy importante y eso se parece muchísimo a Japón".

Esa filosofía se traslada también al funcionamiento diario del restaurante. Hokuto trabaja con una carta mínima y apuesta sobre todo por dejar que el cliente se ponga en manos de cocina. Antes de empezar, solo hacen unas pocas preguntas: alergias, picante o preferencias concretas. A partir de ahí, el menú se adapta completamente a cada mesa. "El menú se alarga o se acorta en función del apetito del cliente", explica Pérez. La fórmula ha terminado convirtiéndose en una de las señas de identidad del local. "Más del 98% de la gente no pide carta", asegura orgulloso.

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