El periodista Manuel Jabois presenta en A Coruña su novela 'La víspera', sobre la familia y los silencios: "Lo peor que tienen las preguntas son sus respuestas"
El autor estará acompañado por Uxío Novoneyra en la librería Moito Conto este miércoles, a las 19.00 horas, y desgranará detalles de una historia marcada por la incertidumbre y la apariencia familiar

El periodista y escritor, Manuel Jabois. / Jairo Vargas
El periodista y escritor Manuel Jabois presenta su nueva novela, La víspera, en A Coruña, en la librería Moito Conto este miércoles a las 19.00 horas. El autor estará acompañado por Uxío Novoneyra en la presentación. Esta historia se ubica el día previo a Fin de Año, el cumpleaños de la protagonista, Amalia. Ella, madre de familia, cocina apartando los recuerdos mientras los periodistas invaden el pueblo por un suceso. Mon, uno de sus hijos, no da señales de vida y Chami, otrora futbolista de éxito, regresa hundido al hogar.
Uno de los motores de inicio en la novela es el crujido de huesos al partirse, que funcionan como una magdalena de Proust, cuando la protagonista está pelando un conejo. ¿Es un homenaje?
No, la verdad es que no. No hay nada de eso, solamente estaba pensando de qué manera brusca una mujer de 60, casi 65 años, puede estar destripando un conejo y que eso lo recuerde a dos disparos de una pistola de verdad, sucedidos muchos años antes. Me pareció un punto de partida. De hecho, otro periodista me ha dicho que compara este momento a ese escrito por García Márquez en Cien años de soledad, en el que el coronel Aureliano Buendía vio el hielo. En realidad, esta imagen me vino en relación a otra que sale en la película Escopeta Nacional 3, cuando un personaje le arranca la piel a un conejo en un taller de cocina y me hace muchísima gracia esa escena, porque otro personaje una arcada.
De esa escena, es curioso el protagonismo de Amalia cocinando, pero también esa mirada de su marido en la cocina, ¿él se construye a partir de ella o tiene entidad propia?
Creo que los dos son propios y son los dos personajes sobre los que pivota la historia. Ambos se van construyendo uno en torno al otro, desde que eran unos jóvenes, porque como se ha sabido la mujer tiene a su hijo Chami con 14 años. A partir de ahí, construyen una base delicadísima con arquitectura de silencios y de secretos, de misterios que van construyendo una familia cuya funcionalidad la otorga Chami. El hijo, al triunfar en el fútbol y ser un poco el ídolo del pueblo, los blanquea de cara a los demás.
La novela está marcada también por incertidumbres, sobre lo que una persona es y lo que calla para poder ser. ¿Cómo se narra algo que se quiere callar?
Este es uno de los grandes ejercicios que he tenido de hacer durante la novela, pero ha sido un esfuerzo que me ha resultado bastante hermoso y bastante entretenido. Espero que también es para el lector. Realmente, es interesante escribir sobre el sobreentendido, sobre las miradas, sobre los eufemismos, sobre las cosas que todavía no puedes nombrar o quitar. Esto ocurre en todas las relaciones, donde hay palabras, hechos en reacciones o cuestiones que son tabú, y sobre las que tienes que comunicar dando por hecho que el otro sabe.
¿Callan porque temen ser percibidos como sus acciones o es por no asumirse a sí mismos?
Hay una mezcla de ambas. Para empezar, porque este personaje, Amalia, lo que quiere es trasladar una imagen fuera de casa irreal y satisfactoria para ellos, es decir, no somos lo que aparentamos, pero sí pretendemos aparentar lo que queremos aparentar.
Sobre las verdades, sobre los silencios. ¿El silencio es una forma de orden?
El silencio es un estímulo para la ficción, porque tienes que llenarlo con muchas cosas cuando quieres ocultarlo o taparlo. Tienes que hablar, hablar, hablar, escribir, escribir, escribir; y puedes contar tantas cosas que al final del silencio no queda nada y de la verdad, tampoco.
En contraposición, ¿la verdad es una forma de caos?
Se puede desatar. No tengo ninguna duda de que la verdad puede desatarlo. De hecho, muchas veces se oculta porque puede desatar la angustia del momento.
En la novela se explora por qué dentro de las familias no se hacen preguntas. ¿Cuál es el motivo que tienen Amalia y sus hijos?
Lo peor que tienen las preguntas son sus respuestas. Es importante a veces generar preguntas, pero luego no formularlas. A veces tenemos preguntas que nos hacemos en la cabeza y que no queremos preguntar, porque le tenemos miedo a la respuesta que nos puede dar. Lo mejor es pensar qué nos va a costar esa respuesta y ver si nos lo podemos permitir. Es un pacto muy bien engrasado. Es una cosa de las cosas que más me ha gustado escribir, sobre esos pactos satisfactorios, porque es como que funciona todo a las mil maravillas con la suerte de no hablar. Las familias suelen mantener la perfección.
Y su hijo Chami, un futbolista que sube y baja, ¿qué tipo de fama representa?
Es una fama que no se acostumbra a extinguirse. Decía Valle Inclán sobre el Marqués de Bradomín que lloraba como un dios antiguo cuyo culto se estaba extinguiendo. Hay algo de esas lágrimas en Chami, que es un tipo que ya no va a volver a tener la celebración que tenía cuando era más joven. Está buscando endiabladamente cualquier atisbo de algo que le permita recrear la dopamina que tenía antes.
Esa normalidad del hogar que busca Chami cuando regresa, ¿existe o se sustenta en los esfuerzos de Amalia?
La pregunta que se tienen que hacer Chami y Amalia es: ¿nos da igual que sea real o no? Si hacemos esto nos mantenemos unidos, si nos mantenemos fuertes, si nos mantenemos cariñosos, si aparecemos ante los demás como una familia amorosa; ¿es importante que sea de verdad o da igual que sea solo apariencia? Es una pregunta pertinente que deja en el aire la novela.
Hay unos ratones y hay unos periodistas en el pueblo, ¿representan lo mismo dentro de la novela?
No, no. Los ratones y las ratas son más bien parte de un cuento encantado de los hermanos Grimm. Siempre que hay niños suelen aparecer ratas. No tienen que ver con las periodistas, aunque está muy bien tirada la comparación. No lo había pensado.
¿La historia parte de alguna situación real de la que haya podido tirar de un hilo?
Es una historia 100% ficticia, pero todas mis novelas están hechas de retales, de cosas reales de esos asuntos que me han tocado que me afectan. A nivel autobiográfico está un poco el asunto de la culpa y el asunto de la dopamina, como los picos esos que necesita Chami constantemente para que los días no sean grises o rutinarios. Hay una inspiración muy libre de Amalia en mi madre y en las madres que no paran de hacer cosas por casa.
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