Entrevista | Juan Gómez Bárcena Escritor
El escritor Juan Gómez Bárcena presenta su nueva novela en A Coruña: "Es muy probable que nos convirtamos en la persona tóxica de alguien"
El autor explora los viajes en el tiempo a nivel mental y la crisis de los 40, en 'Abril o nunca', que presenta en la librería Moito Conto este jueves a las 19.00 horas

El escritor Juan Gómez Bárcena. / José Luis Roca
El escritor Juan Gómez Bárcena presenta su nueva novela, Abril o nunca, en la librería Moito Conto de A Coruña, este jueves a las 19.00 horas. El autor, conocido por obras como El cielo de Lima o Mapa de soledades, presenta una historia de luto, viajes psicológicos en el tiempo y crisis de los 40 años con Benidorm como telón de fondo.
En esta novela plantea los viajes en el tiempo de una manera especial. ¿Qué significan?
Me interesaba no tanto hablar de los viajes en el tiempo a nivel físico, sino a nivel mental. Tenemos siempre dos tiempos. Por un lado, está el tiempo tal y como es en los relojes, la experiencia humana. Por otro, y lo que me interesaba, esa cosa extraña que sucede cuando uno tiene un trauma, que se queda como anclado a un tiempo pasado y que de alguna manera cuando ciertos gatillos te llevan de vuelta a la experiencia traumática. Es como si volvieras atrás en el tiempo. Y, de hecho, de una manera psicológica se puede decir que la persona en ese momento está regresando en el tiempo. Me interesaba a partir de una experiencia de duelo, en este caso de la pérdida de una hija, cómo un personaje podía obsesionarse con el modo en el que ese recuerdo traumático le hacía regresar una y otra vez al mismo pasado.
En línea con esta posición física temporal de que no hay ni pasado ni presente ni futuro, sino que todo es un continuo y todo se combina, ¿no?
Sí, sobre todo a nivel psicológico. De alguna forma, cada uno habita su propio tiempo y sobre todo en circunstancias especiales, por ejemplo, con Alzheimer. Una persona puede de repente tener 100 años y estar hablando con su padre muerto. Evidentemente, no está teniendo lugar un viaje en el tiempo a nivel físico, pero para esa persona, esa conversación está siendo real. Y en ese sentido está dejando unas huellas y un efecto en lo psicológico que solo podemos medir como real. Con esto quería jugar.
El escenario de la acción es Benidorm. Un poco fantasioso, un lugar no lugar, un lugar de sol, playa y cierto ridículo compartido. ¿Está elegido con mucho tiento?
Por supuesto, tiene mucho que ver con eso. Quería hablar de de planteamientos alternativos al tiempo. La novela tiene una estructura de tiempo circular y pensaba que los lugares más turísticos son, precisamente, los de temporalidad más circular. Benidorm tiene claramente una estructura circular en la medida en que cada mes va asociado a un cierto comportamiento estacional del turismo. Al mismo tiempo Benidorm es un lugar para buscar una euforia desatada. Resultaba muy interesante contrastar esa euforia desatada con un proceso de duelo. Benidorm es una ciudad de copias, una ciudad donde todo parece evocar otra cosa, con unos rascacielos que no deberían estar ahí, con unos pubs y un barrio inglés casi trasladado y trasplantado desde Londres. Es una novela de muchos simulacros y Benidorm era un lugar perfecto.
En la novela, Daniel es el padre de de la niña y el protagonista. Pero Teresa, la niña fallecida, se convierte también en protagonista en ausencia.
Al principio de la novela, la presencia de la niña tiene un impacto psicológico muy fuerte en Daniel, en el protagonista. Y la niña se convierte en esa promesa o en esa utopía del regreso de lo imposible. A lo largo de toda la novela lo que tenemos es un intento en bucle de regresar a ese inicio del libro. Se consigue parcialmente, aunque bueno, eso ya no puedo decir hasta qué punto. Daniel es una persona que está en los 40 y que vive una crisis más allá de del propio trauma.
¿Cómo plasma esta crisis de los 40? ¿Sigue siendo como la que se lleva comentando toda la vida?
Carl Jung planteaba que la crisis de la mediana edad era algo que atravesaba a todas las culturas. Podemos verlo como la crisis de mitad de camino en la vida. La crisis en las que uno contempla la vida como un viaje hacia alguna parte, de la vida a la muerte; la persona llega al ecuador de esa vida, llega a mirar ese lugar del que procede, el lugar en el que está y el lugar al que se dirige en ese camino. Existen las dudas y las preguntas sobre si las decisiones que tomaste, consciente o inconscientemente, fueron las correctas. Y, en ese sentido, para Jung es un momento que puede ser muy positivo. La palabra crisis no necesariamente es negativa, quiere decir que hay un replanteamiento. Muchas personas, muy especialmente varones, pueden en algún momento plantearse esa nueva ubicación, sobre todo porque a los varones se nos inculca más la idea de una autorrealización no relacional, es decir, la autorrealización que no pasa tanto por la relación con el amor, por la relación con el otro, por la relación con el hijo, con la mujer. Una autorrealización personal que puede ser vocacional, por ejemplo. Cuando uno llega a ese momento intermedio de la vida, es inevitable hacerse ciertas preguntas. Muchas personas llegan a un deseo de destruir las decisiones que tomaron o de rectificarlas de algún modo.
Viajes en el tiempo y un duelo por una hija, ¿esta novela es de madurez o de otro punto vital?
¿Quién sabe lo que es la madurez? Pero sí que hay algo que ha caracterizado mis libros y es que, aunque el tema del tiempo siempre está muy presente, cada libro ha sido un desafío respecto al anterior. Intento no repetir fórmula, por eso he trabajado senderos distintos, narradores distintos, juegos estructurales distintos. Las novedades que he encontrado en esta novela son sobre todo de construcción. Ha sido una novela que he trabajado más desde lo espontáneo y menos desde la planificación; una novela que juega mucho más con lo emocional y menos con lo intelectual. Mi objetivo era poder hacer una novela de reflexión filosófica sobre el tiempo, pero que no se notara la filosofía y simplemente estuviera encarnada en situaciones concretas, en personajes que sabe que son un poco ridículos. Una novela muy de andar por casa con ingredientes muy reconocibles para el lector, pero con una reflexión mucho más honda sobre el tiempo.
El personaje arrastra en la narración una forma de culpa. ¿Ha aprendido algo sobre la culpa durante el proceso de escritura?
Siempre escribo en la medida en que me puedo enfrentar a un texto durante dos años y en la medida en que aprendo algo de él. Creo que la culpa es muy importante en mi obra, me interesa mucho pensar esa relación que tenemos con la culpa. Es muy contemporáneo el rechazo de la culpa, entender que la culpa es algo solo malo y que en ese sentido hemos de evitarla, huir de ella. Está muy presente la culpa entendida como un residuo de lo cristiano y, por lo tanto, una sociedad sin cristianismo carecería de culpa. Creo que esto es completamente equivocado.
Si no hemos dejado de ser una sociedad católica, pero sí rechazamos la culpa. ¿En qué momento estamos?
Estamos en medio de un nuevo lenguaje terapéutico, que, en general, nos convierte en víctimas de todo y que nos lleva a plantear que son otros los que deberían sentirse culpables. Muchos terapeutas lo que expresan es: tú no eres culpable de la situación, tú estabas rodeado de una persona tóxica, de un psicópata, un narcisista. Pero, paradójicamente, lo que transmiten es la idea de que debemos siempre priorizarnos y pensar en nosotros mismos. Con lo cual, es muy probable que nosotros nos convirtamos en la persona tóxica de alguien. La culpa, bien entendida, es un mecanismo de crecimiento. Llevar una vida plena exige también plantearse los momentos de los que uno es culpable, porque todos somos culpables de algo. Lo cual no nos convierte en personas culpables a nivel global, pero sí en un determinado contexto. Entonces el protagonista intenta rehuir esa culpa. Casi no la nombra, casi no habla de ella, pero el lector no puede evitar sentirla.
La culpa también le impide volver a realizar mismos errores, volver a hacerse a sí mismo ese daño.
Esa culpa puede llevar a algo beneficioso para uno mismo, pero sobre todo beneficioso para el otro. A veces lo único que necesitamos es que alguien nos pida perdón. El problema es que si entendemos la culpa como algo que debemos evitar, evitamos la posibilidad de restaurar lazos antiguos y de reproducir ciertas conversaciones que pueden ser sanadoras. Cuando uno es culpable o responsable, vamos a decir de la muerte de otro ser humano como en la novela, esta negación nos lleva a no aceptar la parte de responsabilidad que tenemos en una pérdida. Al final no es sanador, ni siquiera para la propia persona que lo está padeciendo. Es imposible que pueda haber una autorrealización plena sin aceptar esto.
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