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Entrevista | Jesus Alberdi Psiquiatra en el CHUAC y doctor en Filosofía

El psiquiatra Jesus Alberdi debate sobre IA y salud mental en A Coruña: "Hay pacientes que ya vienen a consulta tras conversar con un chat de inteligencia artificial"

Tres expertos en Medicina se unen a Alberdi para una mesa redonda sobre los efectos de la IA en pacientes con dolencias psiquiátricas este martes, a las 19.00 horas, en la sede Afundación para el ciclo Sinfiltro Hefyma

El psiquiatra del Chuac Jesús Alberdi posa en los alrededores del Palacio de la Ópera.

El psiquiatra del Chuac Jesús Alberdi posa en los alrededores del Palacio de la Ópera. / Carlos Pardellas

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A Coruña

El psiquiatra de Hospital de A Coruña (Chuac), doctor en Medicina y doctor en Filosofía, Jesús Alberdi, participa este martes a las 19.00 horas en la nueva edición de Sinfiltro Hefyma, la cita solidaria que reúne a profesionales sanitarios, especialistas en tecnología y figuras del ámbito cultural. El evento tendrá lugar en la sede Afundación y contará con la presencia de las actrices Bárbara Grandío y Lucía Veiga. Alberdi participa en una mesa redonda sobre inteligencia artificial y salud mental junto a otros tres expertos médicos.

Psiquiatra y doctor en Filosofía, ¿cómo se combina?

La primera parte es más bien profesional y la segunda es más por afición. Ambas permiten complementarse en gran medida. Empiezas a estudiar y te metes en círculos profesionales con compañeros, vas continuando. Según van pasando los años, como en mi caso cuando ya tienes cierta edad, te da tiempo a hacer algunas cosillas como estas.

¿Cuál son las posibilidades para la inteligencia artificial en la salud mental?

Las posibilidades son muy grandes, enormes. En general en medicina y en particular en salud mental, la IA es un tema que se está introduciendo de una manera muy rápida, en una brevedad de tiempo y con una gran intensidad. Está penetrando de tal manera que hoy en día hemos llegan pacientes a consulta personas que han tenido conversaciones con inteligencia artificial, e incluso se dan casos en los que la IA suplanta la figura incluso del terapeuta. Especialmente, esto sucede en las herramientas más sencillas que el terapeuta puede ofrecer. Tiene un potencial tal que no sabemos a dónde va a llegar. Es algo a lo que hay que irse adaptando, hay que ir conociendo lo mejor posible. En el último año, hemos tenido necesariamente que formarnos en esas cosas. No hay alternativa.

Pero el uso clínico de la IA respecto a otros medicamentos, terapias o herramientas, que necesitan superar ensayos y pruebas, ¿es justo?

Se está siendo más permisivo. Una de las grandes dificultades es que actuar ante la rapidez con la que se introduce. Es difícil ir regulándola también. El tema de los medicamentos y los ensayos proviene de una tradición investigadora de muchos años, de décadas. Eso da tiempo a que haya una experiencia en la formación y en los controles rigurosos que han de seguirse. Con la inteligencia artificial nos encontramos un ritmo por el que solo podemos ir restableciendo normas. Creo que una de las grandes prioridades ahora mismo en la Comunidad Económica Europea es ir regulando la inteligencia artificial, no solo en la medicina, sino en distintos ámbitos.

En consulta de salud mental, ¿se ven efectos directos de la inteligencia artificial?

Hay pacientes que ya vienen después de haber tenido conversaciones con un chat de inteligencia artificial. Estos bots pueden diagnosticar algunas cuestiones de salud mental, incluso pueden dar una orientación terapéutica. Así como antes había pacientes que venían con información que recogían en redes o en Google, ahora llegan con una interacción directa con un chat. Les han administrado información e indicaciones y te las transmiten en consulta. Manejan y ofrecen una cantidad de información que en parte va sustituyendo a lo que podemos hacer los profesionales.

Hablando de profesión, ¿la inteligencia artificial puede sustituir al terapeuta?

Este es uno de los argumentos que entra en mi exposición. La inteligencia artificial maneja tal cantidad de información que según lo que la persona va preguntando, la va situando en ciertos horizontes de información y hacia unos terrenos diagnósticos. Sin embargo, hay cuestiones de la consulta de salud mental que todavía hoy por hoy la inteligencia artificial no recoge. Por ejemplo, es necesaria en salud mental una cierta compasión hacia el paciente por parte del profesional. Es decir, se necesita una intención de comprender el malestar que puede sentir el paciente en su vida y los efectos que le genera. Tiene un componente emocional además de la propia inteligencia. En inteligencia artificial hablamos casi en exclusiva del manejo de una gran cantidad de datos. Sin embargo, no se recoge este otro aspecto más afectivo y emocional.

¿Pasamos de la inteligencia emocional a la artificial?

Hace años había tenido éxito en salud mental lo que se llamaba la inteligencia emocional, que iba más allá de de la mera inteligencia práctica. Este aspecto de la compasión, incluso lo que se llama un saber práctico en Medicina, se relaciona con el saber prudente. La prudencia la va dando la experiencia y eso no lo recoge todavía la inteligencia artificial. Además de la vertiente afectiva, quiero insistir también en el tema de la responsabilidad, que siempre está presente en los actos médicos y de salud mental. Cuando uno trata con una máquina, ¿dónde reside la responsabilidad? Al final de la consulta tienes que adoptar decisiones de las que un profesional es responsable por sus conocimientos y su relación con el paciente.

¿La IA puede agravar la situación médica de un paciente de salud mental?

Se cree que en algunas situaciones sí. La inteligencia artificial maneja bases de datos y según dónde, según qué empresas, según en qué culturas o en medios sociales se introduzcan, la IA tiene sus sesgos. Por ejemplo, la depresión si la estudias en una población masculina mayoritariamente y trabajadores de cierto nivel adquisitivo con pocos representantes de otros medios sociales, la información será parcial, como el diagnóstico. Hay una cierta serie de variables en este sentido que no están del todo bien controladas. No es un detalle menor, a mi entender, que la mayor parte de chatbots de empresas que desarrollan inteligencia artificial tienen su sede en Estados Unidos, en China, fundamentalmente. Proceden de medios culturales sociales muy concretos.

¿Qué sucede con la falta de contrariedad de la IA para un paciente?

Esa es una de las cuestiones pendientes todavía. Hay autores que defienden que, según le vas contando, la IA te va complaciendo y te va llevando por caminos en los que uno se va sintiendo bien, en la medida en que quiere ser respondido. Sin embargo, lo que es una contrariedad o una frustración, no está tan presente. En una consulta personal profesional, es más indicativo introducirlo porque hay muchas veces en las que debes optar por variables en las que el paciente puede no estar de acuerdo. Para formular diagnósticos en un sentido amplio, por ejemplo para contar cuántos criterios cumple, se puede emplear siguiendo listados de síntomas. De esa generalidad, un profesional vas más al detalle con la empatía.

Una pregunta más filosófica. Si la inteligencia artificial aprende a base de conversar con el ser humano, ¿podría adquirir su dolencia mental?

Es interesante, pero diría que no. La inteligencia artificial, si se le contradice, deja de ir por esa línea. En el caso de continuar así, llegará un momento en que la inteligencia desconecte de lo que le estás diciendo o del planteamiento que le estás dando. Tiene sus esquemas y se guía por ellos. Si uno le propone salir de esos esquemas, ahí ya se para.

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